De los presidentes se dice que rápidamente comienzan a sufrir los efectos del aislamiento del que les reviste su cargo. Un presidente es un hombre aislado en una fortaleza que más que por casa pareciera servirle por cárcel (que para algunos es un cautiverio merecidamente otorgado por adelantado por los delitos que habrán de cometer.) Rodeado por los miembros de su gabinete y los directores de los departamentos administrativos del estado. Soportando en sus oídos el continuo susurro de asesores, consejeros, secretarios y jefes de carteras varias. Un presidente es un hombre condenado a ver la patria a través de los ojos de terceros—para evitarle verla bien y verla bien.