En medio del revuelo que originó la salida de Antanas Mockus del partido verde participé de múltiples discusiones en las que se escuchaban argumentos de parte y parte sobre si partir aguas y continuar remando dentro del partido. Luego de la pausa, llegué a la decisión de seguir apoyando al Partido Verde—o al menos, a parte de el. Por tanto, a continuación les comparto unos apartes de una más extensa opinión que preparé en conversación con algunos amigos de reflexión política sobre esta coyuntura pasada, presente, y esperemos, no por mucho, futura.
(La edición respecto al original fue mínima, y principalmente con el fin de dar anonimato a mi contraparte, por lo tanto espero sean generosos en la lectura.)
I.
Como dijera Álvaro Gómez, hay que primero ponernos de acuerdo sobre “lo fundamental”. Así que, mis premisas son:
1. Sigo estando de acuerdo en que el Partido Verde debía y debe buscar alianzas. No veo porque las alianzas tengan que considerarse un debilitamiento del proceso de consolidación ideológica de un partido en formación, puesto que, por el contrario,
2. el proceso de las alianzas ayuda también a la construcción de las ideologías y programas tan necesarios en un partido político.