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Comentario

julio 15, 2011 Ricardo Taborda | En las categorías: Conflicto Armado, Ejercicio Ciudadano, Notas Cortas | Sin Comentarios »

Comparto mi comentario sobre este artículo publicado en El Cubo, por Daniel Márquez.

Estimado Daniel,

Estoy de acuerdo en resaltar la valentía de numerosos colombianos. No estoy muy convencido, sin embargo, de que el no hablar de las personas que citas al principio de los tres párrafos intermedios nos sea directamente beneficioso, o nos depare mejores enseñanzas. Además, está la dificultad que tengo por entender la valentía como un valor exclusivo de los actores legales. Por supuesto, y esto no lo digo yo, la historia la escribirán quienes ostenten el poder. Por tanto, ya que dudo que en el futuro de Colombia haya un giro que altere el marco actual de manera trascendental, de una forma u otra, el ideal que plasmas en el articulo está garantizado. Luego entonces, podremos descansar tranquilos—si es que así lo queremos. Sin embargo, supongo que para mi, como para otros quienes nos rehusamos a aceptar las visiones monocromáticas de la nación colombiana y sus conflictos, hay en el artículo un implícito que se dificulta compartir: la marginación del ‘otro’, la negacion, casi, de esa contraparte en los múltiples dramas que se entrelazan en la historia reciente (y la no ya no tan reciente) de Colombia. Dicha negación, soy un convencido de ello, sólo nos garantiza ciclos eternos de agonía, remolinos sin salida. Mejor haríamos en remar contracorriente.

En el cierre, además, hay una imprecisión sobre el fenómeno de migración en el país. Me refiero a ambas, la migración interna forzada, o desplazamientos, y la migración hacia el exterior, o diáspora. Ambas con efectos tremendos en la sociedad y la economía del país. Curiosa y especialmente si consideramos que durante las dos décadas en que tus anti-valientes regían en la anti-legalidad colombiana fueron precisamente las que vieron crecer considerablemente la salida (incluso no directamente forzada) de ‘nuestros padres’. Aún más, yendo un poco mas allá, independientemente del asunto de quedarse a ‘criar retoños’ en Colombia o no, hay un fenómeno social que lo que refleja es, por el contrario, una falta de valentía generalizada. Por ello hago referencia al hecho de que por muchos años ya, los colombianos en general—pero con mayor corresponsabilidad, la clase media, media-alta y alta—nos hemos hecho, en el mejor de los casos: ajenos, o de plano: ignorado, omitido, dejado a un lado, los procesos políticos y sociales en los cuales se ha engendrado y continuadamente, reciclado múltiples veces, el fenómeno de violencia e ilegalidad en la que ha estado sumergida la nación ya por mucho tiempo. Peor aún, hemos abonado y gestado esa violencia e ilegalidad de maneras que ya nos resultan casi invisibles en nuestra vida diaria. Y en ello, nuestra cobardía colectiva lo que ha hecho es crear el escenario perfecto para entregarle el país y sus (muchas o pocas) riquezas a unos pocos para que se las disputen a sangre y fuego, o, simplemente, para que se las devoren y embolsen en nuestras narices.

De todos modos: chévere el articulo! A fin de cuentas hace algo que tiene merito, responde a lo que la audiencia quiere leer, lo cual lo hace atractivo y, por que no: regocijante. Perfecto para mis ‘gordos’ aquellos que alguna vez me confesaste nunca me lograste entender.

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Con los dedos en la boca

abril 19, 2010 Ricardo Taborda | En las categorías: Gobierno Actual, Justicia, Notas Cortas, Política | 3 Comentarios »

La historia ha demostrado una y otra vez (en Haití, Los Balcanes, Chile, Argentina, Rusia, Perú, hasta incluso en los mismísimos Estados Unidos), que las decisiones para adelantar acciones como las registradas en los documentos obtenidos por Antonio José Caballero y descritas por Juan Gossaín respecto a las famosas chuzadas del DAS [audio], siempre, siempre, siempre, se tomaron en las más altas esferas de gobierno, y no por fanáticos en mandos medios o desviados agentes en lo más bajo de las estructuras de poder. Pensar que las chuzadas, los falsos positivos, y todos los casos similares que se han dado en Colombia en los últimos años, por qué no decir décadas (desde los retenes para pedir “papeles” en la época de La Violencia, hasta las torturas en la Escuela de Caballería), han sido una excepción, es ingenuo. Ingenuo. Muy, muy ingenuo.

Ahora que quienes tenemos al alcance una alternativa para conducir el país de forma distinta somos de manera ligera tildados de ingenuos, les pregunto yo: quiénes son los ingenuos. Ingenuos ustedes los que continúan soñando en el espejismo del placebo que les suministra la libertad de viajar por las carreteras—un avance sin lugar a dudas tangible y loable; pero que lo hace a uno pasar de largo por vías que en verdad cruzan hectáreas que están en manos de un reducido porcentaje de colombianos que se nos han robado todo por años, y años, y años. Mucho más ingenuo que el idealismo de una opción en la que no pretendan meternos los dedos en la boca y esperar que traguemos entero a cuenta de los resultados por resultados, de la eficacia de la acción.

Además, para cerrar el circulo, en lo que a historia se refiere, no es tanto lo ingenuo, es lo ignorante.

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La política es un juego de niños

octubre 1, 2009 José Betancur | En las categorías: Notas Cortas, Política | Sin Comentarios »

Cada día me encuentro más de acuerdo con esa definición. De los gallardos candidatos que vociferan en la vía pública que harán todo lo que tengan en sus manos para hacer la vida del pueblo algo mejor, poco queda.

Continúa…

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