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Con los dedos en la boca

Abril 19, 2010 Ricardo Taborda | En las categorías: Gobierno Actual, Justicia, Notas Cortas, Política | 3 Comentarios »

La historia ha demostrado una y otra vez (en Haití, Los Balcanes, Chile, Argentina, Rusia, Perú, hasta incluso en los mismísimos Estados Unidos), que las decisiones para adelantar acciones como las registradas en los documentos obtenidos por Antonio José Caballero y descritas por Juan Gossaín respecto a las famosas chuzadas del DAS [audio], siempre, siempre, siempre, se tomaron en las más altas esferas de gobierno, y no por fanáticos en mandos medios o desviados agentes en lo más bajo de las estructuras de poder. Pensar que las chuzadas, los falsos positivos, y todos los casos similares que se han dado en Colombia en los últimos años, por qué no decir décadas (desde los retenes para pedir “papeles” en la época de La Violencia, hasta las torturas en la Escuela de Caballería), han sido una excepción, es ingenuo. Ingenuo. Muy, muy ingenuo.

Ahora que quienes tenemos al alcance una alternativa para conducir el país de forma distinta somos de manera ligera tildados de ingenuos, les pregunto yo: quiénes son los ingenuos. Ingenuos ustedes los que continúan soñando en el espejismo del placebo que les suministra la libertad de viajar por las carreteras—un avance sin lugar a dudas tangible y loable; pero que lo hace a uno pasar de largo por vías que en verdad cruzan hectáreas que están en manos de un reducido porcentaje de colombianos que se nos han robado todo por años, y años, y años. Mucho más ingenuo que el idealismo de una opción en la que no pretendan meternos los dedos en la boca y esperar que traguemos entero a cuenta de los resultados por resultados, de la eficacia de la acción.

Además, para cerrar el circulo, en lo que a historia se refiere, no es tanto lo ingenuo, es lo ignorante.

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Consecuencias… ¿inocuas?

Junio 30, 2008 Ricardo Taborda | En las categorías: Congreso, Gobierno Actual, Justicia, Política | 1 Comentario »

Siempre he sido un crítico de mis amigos que piensan que todo es un complot, que en todo hay trampa o que en todo hay gato encerrado. Prefiero nunca imaginarme a una persona en ejercicio de poder, cualquiera que este sea, haciendo las maniobras que normalmente solo caben en la mente de esos amigos a quienes critico. Por eso, no creo nunca cuando me pintan a los presidentes elaborando toda clase de estrategias y malabarismos para salirse con la suya, o la de otros. Esta actitud me da cierta paz interior en mi ejercicio ciudadano. Sin embargo, mi paz interior no me hace pendejo. Lo que se ve hoy día en la política, conviene pensarlo dos veces—pero sin fantasear.

Continúa…

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