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	<title>Opinión Personal &#187; Estados Unidos</title>
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	<description>Casa Editorial Lo Blanco &#38; Lo Negro</description>
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		<title>Visionario Cineasta</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Dec 2009 03:54:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[Gobierno Actual]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>En aras de estar a tono con las nuevas generaciones y con motivo del próximo estreno de la película del director estadounidense James Cameron, el presidente Alvaro Uribe ha decidido que de ahora en adelante, respecto a la decisión que tiene en vilo todo el orden jurídico y constitucional del país, no se referirá al conflicto interno que tiene con su alma, sino a la disputa por el poder que lo enfrenta con su Avatar.</p>
<p><span id="more-283"></span></p>
<p>En un comunicado discreto leído por el secretario de prensa, la Casa de Nariño explicó que con este cambio el Presidente demuestra una vez más su visionaria actuación por el mejor futuro del país y su carácter de estadista no solo en la arena local, sino también en la global.  El cambio, explicó el portavoz oficial, le permitirá al presidente establecer nuevos vínculos comerciales, culturales y tecnológicos en distintos escenarios.</p>
<p>Primero, le permitirá al primer mandatario abrir un espacio comercial con la industria del cine norteamericano para darle continuidad a los primeros logros en este campo se hicieron a raíz de la producción en la pantalla grande de la Operación Jaque.  Analistas han dicho que este es un golpe de astucia pol&iacute;tica de parte del presidente pues era ya sabido que este no estaba para nada a gusto con la idea de que en esta primera aventura cinematogr&aacute;fica, fuera el ex ministro Juan Manuel Santos y no él, quien tuviera el papel protagónico de la historia.  Ahora, con la sintonía natural que el presidente tiene de su alma con la figura de un <a target="_blank" href="http://www.avatarmovie.com/">Avatar</a>, el mandatario recobrará su merecido lugar estelar.  La idea no es para nada descabellada pues va en consonancia con la reciente <a target="_blank"  href="http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/oscarcollazos/tipos-y-arquetipos_6723348-1">columna</a> de Óscar Collazos en El Tiempo, quien ya le dio al presidente el carácter de personaje literario digno de las mejores historias contemporáneas.</p>
<p>Segundo, continuó el portavoz oficial, con esta magistral movida, el primer líder colombiano busca acercarse a las nuevas potencias del Asia&#8212;en particular, a la India.  Ya que Colombia es una nación caracterizada por su arraigo a las tradiciones judaico-cristianas, con el uso del simbolismo hindu de un <a target="_blank"  href="http://en.wikipedia.org/wiki/Avatar">Avatar</a>, el presidente podrá establecer un vínculo espiritual con el hinduismo mismo, donde la figura de un Avatar tiene connotaciones que le servirán al presidente como herramientas para establecer un lazo de unión cultural que le facilitar&aacute; invocar a la santísima Virgen en busca de la iluminación personal cuando se encuentre de un lado del Pacífico, mientras que estando en el otro lado del océano, invocará la emulación de la encarnación de Vishnú y Krishná para que en él se haga material el bien superior de la patria.  </p>
<p>En un parte de tranquilidad, el secretario de prensa record&oacute; que para los menos religiosos, naturistas, o alternativos, el presidente reanudará el uso de las gotitas homeopáticas que le dieran la fama de hombre de paz interior.</p>
<p>Por último, la Casa de Nariño explicó que ya que en los nuevos ambientes virtuales del mundo de la computación un <a  target="_blank" href="http://en.wikipedia.org/wiki/Avatar_(computing)">Avatar</a> constituye un alter ego, una representación alterna del yo, el presidente accederá así de manera más fácil y directa a las nuevas generaciones que hacen uso de avatares al encarnar personalidades paralelas en los foros de cibernautas.  La figura del Avatar le permitirá as&iacute; al presidente expresarse con la gente de manera paralela y desabrigada pero sin poner en riesgo su envestidura o la altura y dignidad que su cargo representa.  Para citar un ejemplo de la versatilidad que esta alternativa le brindar&aacute; al primer mandatario el portavoz de la casa de Nari&ntilde;o dijo que el uso de su Avatar le facilitará al presidente decir: &#8220;le rompo la cara, marica&#8221; sin rebajarse, ni mucho menos.  </p>
<p>Cuando se le preguntó al secretario de prensa en qué medios utilizaría el presidente su Avatar, este respondió que, inspirado en la vida y obra de Nicolás Castro, el medio no podía ser otro sino Facebook.</p>
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		<title>Los Angeles ICompartiendo nav&#237;o</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Mar 2009 20:31:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ejercicio Ciudadano]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>

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		<description><![CDATA[En casa de Margaret y Irvin viví un año y medio &#8212; de diciembre de 2003 a mayo de 2005. Margaret me rentaba una habitación diagonal a la suya en el segundo piso de su casa, que había pasado de ser biblioteca abandonada a cuarto de estudiante improvisado. Ella, una negra buena persona, había ya [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En casa de Margaret y Irvin viví un año y medio &#8212; de diciembre de 2003 a mayo de 2005. Margaret me rentaba una habitación diagonal a la suya en el segundo piso de su casa, que había pasado de ser biblioteca abandonada a cuarto de estudiante improvisado. Ella, una negra buena persona, había ya pasado de largo por los 60 años, y llevaba en la mirada un delicado balance de tragedias y alegrías. Irvin, un viejo caucásico a quien solo los lunares de los años lograban sazonarle la piel manchada por el seco sol de California, se la pasaba en un sillón de la sala tocando un trombón en el que repetía exactamente la misma melodía durante cada corte a comerciales. Los dos compartían la vida juntos no se desde hacía cuanto. Cada uno estaba en su segundo matrimonio y se la pasaban renegando&#8212;más ella de él que al contrario, y aun así, les recuerdo como un matrimonio feliz. (A fin de cuentas, no hay dos viejos que al estar juntos no reflejen amor con su sola permanencia en pareja.)</p>
<p>En una casa donde todo era modelo 60 o anterior yo contrastaba en ese entonces con mis 26 años al galope. Como cualquier estudiante extranjero, me la pasaba la mayor parte del tiempo metido en los salones de clase, laboratorios de cómputo y, por supuesto, la biblioteca. Era imposible, sin embargo, ser ajeno a la disputa política en la que estuvo inmerso los Estados Unidos durante todo el 2004. Y fue justamente en la cocina de Margaret &#8212;al fondo: el trombón de Irvin y las mismas notas de nuevo&#8212; donde aprendí una de las primeras lecciones norteamericanas sobre ejercicio ciudadano y cultura política.</p>
<p><span id="more-13"></span><br />
 <br />
Margaret enviudo de su primer matrimonio muy joven. No recuerdo la causa pero si las circunstancias en las que quedó: tres hijos: dos mujeres y un hombre &#8212;todos escasamente coqueteándole a la adolescencia&#8212; y un escenario que debió ser más o menos algo así: mujer viuda, negra, sin preparación alguna, con tres menores que mantener, al rededor de 1960, en medio del centro de Los Ángeles (entre Jefferson y Exposition Blvd., lado oeste), y al despertar del &#8220;fin&#8221; de la segregación racial estadounidense. En contra de cualquier expectativa de la época, Maragert sacó adelante su familia en el transcurso de la misma década durante la cual perderían la vida: Martin Luther King, Jr., John y Robert F. Kennedy&#8212;este último asesinado la noche de las primarias demócratas de California de 1968, en el <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/The_Ambassador_Hotel">Hotel Ambassador</a>, a tan solo unas cuantas cuadras de la casa de Margaret. Esta misma casa que tres décadas más tarde sería testigo de las <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/1992_Los_Angeles_riots">revueltas negras de 1992</a>. Allí mismo, cerca de la intersección entre las autopistas 10 y 110, y a tan solo una cuadra de la casa de Margaret queda la Universidad del Sur de California, que es la que a todas estas cruza nuestros caminos, once años después. Yo sería uno de los últimos estudiantes a quien Margaret alojara en su casa luego de casi cuatro décadas de simbiosis con la universidad. Mutualismo que le permitió a ella sacar su familia adelante, y a mi conocerla.</p>
<p>Y ahí estábamos pues, durante todo el 2004 compartiendo en la cocina unos ratos al desayuno, al almuerzo y la comida. La habitación no incluía ningún servicio, y para sorpresa de Margaret, con 40 años en el negocio, yo me convertí en el primer habitante de su casa que religiosamente se hacía de comer y lavaba los platos tres veces al día.  Mientras yo desayunaba ella me enseñó a escuchar la radio p&uacute;blica nacional (<a href="http://www.npr.org/" target="_blank">NPR</a>); y mientras almorzaba, yo le hacía repetirnos los capítulos de &#8216;The Cosby Show&#8217; y ella lavaba platos y renegaba de Irvin quien al fondo tocando su trombón, y si, sonaba de nuevo la misma melodía. Al medio día, en algunas ocasiones, me cruzaba con Irvin en el almuerzo &iexcl;Caos! Y en medio de ello, al pasar los canales, Irvin de repente se detenía por unos minutos en <a href="http://www.c-span.org/" target="_blank">C-Span</a>. Y por las noches, si lograba llegar para las seis, veíamos juntos, antes de yo subirme a mi resguardo, &#8216;The News Hour&#8217; con Jim Lehrer en <a href="http://www.pbs.org" target="_blank">PBS</a> (que es la red de televisión pública nacional.) (NPR, PBS y C-Span son cosas que dar%aacute;n para otra entrega m&aacute;s adelante.) Aunque lo anterior no era de todos los días &#8212;sin contar la ausencia temporal de Irvin por la operación de un tumor en el cerebro&#8212; fueron los suficientes como para que conversáramos esporádica y cautelosamente sobre el proceso electoral. (Cautelosamente porque de <em>eso</em>&#8212;incluso en EU&#8212;es &#8216;mejor&#8217; no hablar.) Al final, ya sin prejuicios ni temores, nos alertábamos sobre cuándo iba a ser el próximo debate presidencial (las primarias no nos dieron mucho de que hablar, al contrario de las m&aacute;s recientes) y sobre algun discurso importante. Llegado el momento, cada quien corría a su televisor.</p>
<p>Así se dio la rutina hasta que se llegó el martes 2 de noviembre de 2004. Yo había deducido que Margaret era demócrata a cuenta de algunos comentarios que me hizo al paso acerca del Senador Edward M. &#8220;Ted&#8221; Kennedy&#8212;y porque era obvio. Entonces, en la mañana del 3, cuando bajé a hacerme el desayuno sabiendo ya el resultado, que significaba la reelección de George W. Bush&#8212;confirmación de que prevalecieron los ataques al historial y la integridad de un candidato casi Forrest-Gumpesque sobre los planes e ideas de las agendas electorales&#8212; vi a Margaret en la cocina y le dije: Maggie &iquest;viste pues? No le alcanzó a tu candidato (nuestro.) Y le rematé con algún comentario apocalíptico de tipo: &iquest;Y ahora qué nos queda?</p>
<p>Ella me miro tranquila. Se sonrió&#8212;por dentro, como quien esta a punto de revelar un gran secreto que en verdad es obvio, y me dijo: Ricardo, ya <em>escogimos</em> Presidente. Ahora nos corresponde a todos hacer cuanto esté a nuestro alcance para que su gobierno tenga éxito. Su éxito es el éxito de todos (nosotros.) Su éxito es mío. (Y el <em>escogimos</em> denotaba que ella, aunque hubiese votado por el otro candidato, había participado de los comicios y por tanto era igualmente responsable del triunfo de su opositor, luego entonces, su derrota era su triunfo.) <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/E_pluribus_unum"><em>E pluribus unum</em></a> en una de sus tantas expresiones de ejercicio ciudadano.</p>
<p>Franco. Llano. De la boca de quien bien habría podido tener mucho de que quejarse, renegar, y por lo que sentir una nueva desilusión. En medio de un barrio en el que si uno se para solo en una esquina no pasan más de treinta minutos para que una patrulla de la policía circule alumbrándole a uno a la cara con un reflector. En medio de una comunidad de clase media baja a quienes la política fiscal ha venido desmoronando poco a poco y cuyos hijos son casi metódicamente enviados a una guerra (que para la época ya comenzaba a ser duramente cuestionada desde el interior mismo de EU) bajo la promesa de un mejor futuro profesional&#8212;si regresan.</p>
<p>Me guardé entonces mi primera lección de Los Ángeles. Hoy la pienso cada vez que me cae su peso. No es una simple cuestión de subyugación de la opinión. No se trata tampoco de pintar aquí un escenario de ciego amor propio colectivo. El debate se da. Y se da a diario de manera vibrante y apasionada. Sin cuartel. Se da en todas partes y con un amplio espectro de opiniones. Pero prevalece la unión nacional, el mayor bien común, consagrado en el compromiso individual y colectivo con y por la democracia y las leyes. En el ejercicio del voto. En el ejercicio del servicio. Y en el respeto a las instituciones (en este caso la presidencial.) Pero también en un deseo por el bienestar, propio y ajeno: común. Porque si al otro le va bien, a mi me irá bien tambi&eacute;n.</p>
<p>Por esto colisiono con quienes se expresan sin esperanza y casi con desdén de la administración de la alcaldía de Bogotá (y yo no vivo en Bogot&aacute;), o luego cosa similar con la de Medellín, y de paso cada vez que veo que se reniega del uno y del otro&#8212;y que yo mismo lo hago. Y pienso de nuevo en Margaret y su noble sanción: ojal&aacute; le vaya bien. Porque su éxito será mío. Ojal&aacute; enotnces les vaya bien a Moreno, a Salazar, a Uribe, e incluso a Petro y a Piedad; y aunque confieso que me cuesta m&aacute;s trabajo escribirlo, ojala tambi&eacute;n le vaya bien a Valencia Cossio. Sus éxitos, vayan a favor o en contra de mis ideales o deseos, serán también míos. Serán nuestros. De todos. Porque en este barco de patria estamos todos juntos.</p>
<p>Lo anterior no sin una salvedad: los &eacute;xitos de cualquier servidor p&uacute;blico o entidad del estado deben haberse derivado de acciones o proyectos que siempre se hayan dado dentro del marco de la legalidad y considerando la inclusi&oacute;n de la totalidad de los miembros de la sociedad, atendiendo el deseo de las mayor&iacute;as pero con las garant&iacute;as necesarias para las minor&iacute;as.  No dado esto &uacute;ltimo, todo lo anterior se nos va al traste.  All&iacute; entonces, el debate sangriento cobra vida y entonces tarde que temprano, cuando la pirinola se detenga, solo se leer&aacute;: todos pierden.</p>
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