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	<title>Opinión Personal &#187; Ejercicio Ciudadano</title>
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	<description>Casa Editorial Lo Blanco &#38; Lo Negro</description>
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		<title>Sí se justifica</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Apr 2010 07:26:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ejercicio Ciudadano]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Las encuestas serán de momentos, pero los momentos políticos no son como el estado del tiempo.  No podemos atesorar la idea de que cambiarán al amanecer.  Esos momentos sólo los cambian los mismos actores políticos&#8212;y el pueblo mismo, con años de lucha constante.  Y aunque el entusiasmo sigue intacto, la siguiente reflexión no deja de ser válida y en este mismo momento: imperativa.  </p>
<p><span id="more-323"></span></p>
<p>Ante la &#8220;realidad&#8221; que muestran las encuestas, un dilema: ¿puede el país subalterno y de opinión dejar ir otros cuatro (o potencialmente ocho) años más tan solo por la defensa del idealismo y la pureza de los movimientos independientes, y el repudio por el contaminado concepto de las alianzas políticas?  ¿Qué acaso en la política decente, digna y respetuosa no tiene cabida el acuerdo, la humildad, el desprendimiento por los proyectos de un subgrupo, en pro del potencial mejor futuro de todos los colombianos?  ¿Qué falsa idea dicta que perderíamos esa decencia y esa dignidad, qué pequeño cerebro nos vendió la idea de que los voluntarios saldríamos corriendo si se hacen acuerdos con aquellos que comparten ese mismo respeto fundamental por la cosa pública?  Por el contrario: nos robusteceríamos, nos haríamos más fuertes, nos encontraríamos con más personas como nosotros.</p>
<p>A estas alturas, aparte todas las buenas intenciones que en su diseño se hayan tenido, estando como están las cosas hoy, la segunda vuelta no garantiza lo inicialmente pensado.  En la primera vuelta tenemos una florida, colorida, colección de candidatos.  Pluralidad. Multipartidismo.  En la segunda, si se dan las cosas como el momento de hoy pareciera dictarlo, lo que tendríamos sería la garantía de la perpetuación de un espejismo legitimado por el descolgamiento de  una balanza tríptica en la que dos pesos volcarían los resultados mientras un tercero estaría ausente&#8212;desmembrado en la primera vuelta.  </p>
<p>Tratando de evitar la elección de un líder sin el apoyo francamente mayoritario del electorado, más parece que la segunda vuelta por la elección presidencial nos pondría a todos los colombianos a presenciar y participar, en obligación por defecto, en una segunda consulta interna&#8212;la de una corriente política a la que no todos pertenecemos.  </p>
<p>Si llegase a ser ese el caso, y nunca creí llegar a imaginarme decir esto: que sea bienvenido el abstencionismo; y con aún mayor razón: el voto en blanco.  La primera vuelta, hoy, solo garantiza el desgarramiento de las fuerzas democráticas menores, las obliga a desmembrarse a sí mismas sin saberlo&#8212;o aun sabiéndolo.  No lo harían por falta de visión.  Ellas, inocentes, creerían estar haciendo su mejor papel por conservar la identidad y pureza corporal que las caracteriza.  Mientras en verdad estarían siendo usurpadas.</p>
<p>La prueba de ello está en el fraude y la farsa de los pasados comicios por el congreso y los aciagos días que le sucedieron en la disputa por la consulta interna conservadora.  Esta primera vuelta pareciera estar empujándonos a un matadero electoral del que solo se salvarían las dos vacas ‘sagradas’: unas hipócritas veletas políticas que se han acomodado a todos y cada uno de los vientos políticos que han soplado en los últimos veintiocho años. </p>
<p>Además, hay una realidad respecto del tema de los acuerdos.  Todos aquellos hechos entre la primera y la segunda vuelta son por definición: viciados.  ¿Por qué?  Porque se hace en desventaja.  Porque en dicha instancia hay ya alguien (los dos sobrevivientes) ejerciendo un poder proto-presidencial adquirido por el resultado de la primera vuelta, luego entonces cualquier negociación allí ya se hace en desventaja y consiste únicamente en un cálculo mezquino con los votos del pueblo&#8212;que contrario a lo que piensan quienes así lo negocian, no le pertenecen a nadie.  </p>
<p>De manera que si hay que hacer un acuerdo, el momento es ahora.  La mayor prueba de coherencia, de total desprendimiento, de verdadera visión a largo plazo: es ahora.  Porque Colombia no puede postergar ni un minuto más el arrebatarle el Estado a los corruptos.  Porque el devolverle esa dignidad y ese respeto a la cosa pública es, como mejor lo dijera Martin Luther King Jr. en 1963, un asunto que carga consigo &#8220;la feroz urgencia del ahora.&#8221;  Un ahora en el que no se puede correr el riezgo de no tener un actor en la competencia final.</p>
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		<title>Una claridad, cuatro conceptos y otra opinión</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Jun 2009 04:58:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ejercicio Ciudadano]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Luego de unos días de descanso mental sobre el asunto me decidí a leer de nuevo el comentario que Sebastián Acevedo hizo sobre mi artículo del 16 de junio. Primero había pensado en responderle allí mismo dentro de los comentarios, pero luego pensé que ya que los días habían pasado y siendo que nuestros lectores [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Luego de unos días de descanso mental sobre el asunto me decidí a leer de nuevo el comentario que Sebastián Acevedo hizo sobre mi <a href="http://www.loblancolonegro.com/2009/06/correazos/">artículo</a> del 16 de junio.  Primero había pensado en responderle allí mismo dentro de los comentarios, pero luego pensé que ya que los días habían pasado y siendo que nuestros lectores son (por ahora) un grupo reducido (y selecto), no hacía yo mal alguno en dedicarle una pequeña reseña de forma independiente.</p>
<p><span id="more-103"></span></p>
<p>Creo que la respuesta de Acevedo ataca un punto muy interesante.  Por un momento, debo confesarlo, me preocupó.  Sentí que la marea ya nos estaba atrapando.  Que quizás como ciudadanos éramos partículas en el universo a punto de alcanzar un <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Event_horizon">evento horizonte</a> del que ya no habrá retorno.  Pero luego pensé que después de todo, si aún no estábamos más allá de donde el tiempo y el espacio ya no son como los conocemos, entonces todavía era válido intentar algo diferente.  Dejé sazonar la cosa otro par de días y lo conversé y le seguí echando cabeza al asunto.  Para cuando me decidí ya tenia todo un rollo complementario al respecto.</p>
<p>Se me vinieron de nuevo frescas a la memoria las mil y una veces que he visto y escuchado la discusión que se ha dado sobre los conflictos en Irak y Afganistán, y la diferencia entre tener un plan o tener una estrategia.  También sobre los métodos para combatir el terrorismo.  Y por último, recordé una conversación que tuve alguna vez con alguien sobre lo que significaba tener ‘voluntad política’ para hacer algo.  Entonces de nuevo até cabos y pensé que sobre estas tres cosas, el comentario de Acevedo era supremamente pertinente&#8212;aunque yo lo creyera impreciso en el lenguaje.</p>
<p>Tres temas entonces: el primero, una claridad de carácter personal; el segundo, una revisión de cuatro conceptos; y el tercero, una opinión sobre el lugar de los anteriores en el escenario que se nos viene.  Más un final comentario.</p>
<h4>Una Claridad</h4>
<p>Fruto de los comentarios de Sebastián, quiero hacer claridad sobre tres puntos: (1) no creo que los adjetivos sean adornos casuales a la derecha (o izquierda) de las palabras, y creo que debemos rehuirle a la facilidad de ignorarlos en procura de los fines que los sustantivos sustantivos buscan; (2) no creo que haya espacios interpretativos tan amplios como los ‘tal vez se refiere a’, cuando un actor político del calibre de un ex asesor presidencial decide transmitir y ampliar conceptos tan fuertes como el de la ‘seguridad democrática’ a través de los medios; y (3) sí creo que en Colombia se ha puesto en discusión el marco unitario (constitucional y legal) dentro del cual se define la seguridad&#8212;por lo mismo fue que planteé el artículo y su contenido.</p>
<p>Estas son, claro está, mis posiciones personales aquí y ahora, que hoy creo sólidas y por ello las planteo, pero que no por ello las creo absolutas&#8212;por lo que, y para ello es este espacio, siempre están en continuo estudio y sujetas a revaluación.</p>
<p>Respecto al primero y al segundo, una ampliación: Es sobre el uso del lenguaje en política sobre lo que justamente he querido llamar la atención con los últimos artículos&#8212;porque no hay palabras que no vayan al pie de las letras que las componen, ni frases que sean fortuitos arreglos gramaticales.  No.  Por el contrario, las palabras y frases que estas componen son el vapor que alimenta la máquina de las ideas que estas mismas transmiten.  Las palabras, y sobretodo en política, tienen una razón de ser.  Además, si los ojos son el espejo del alma, las palabras lo serán el del pensamiento&#8212;y de su nitidez, sobreviene el espacio que dejan a la interpretación.  Entonces yo las escucho, las leo y las escribo con el mismo riesgo de quedar a dispensa de mis propios juicios sobre otros y de los que otros lean de mi y en mi, y hagan sobre mi.</p>
<h4>Cuatro conceptos</h4>
<p>Cuando estaba en el colegio y tenía una duda sobre una palabra, lo último que yo quería hacer era preguntarle el significado a mi papá.  Aborrecía el proceso que se desataba de tal ‘descuido’ y que era algo que iba más o menos así: primero, vamos a ver que dice el diccionario de Salvat (un diccionario gigante azul); luego, comparémoslo con el Larousse (que de pequeño no tenía nada); y por último, repasemos lo que establece el diccionario de la Real Academia (en las dos versiones que teníamos en la casa).  No los voy a someter a semejante ejercicio de tortura&#8212;infortunio el mío que ya no tengo al alcance.  Así que sujeto ahora a la inmediatez y reducción del Internet les copio aquí en corto cuatro conceptos que considero son clave<sup>&Dagger;</sup>.</p>
<blockquote>
<p><i>Estrategia:</i>  Arte de dirigir las operaciones militares. Arte, traza para dirigir un asunto.</p>
<p><i>Método:</i>  Modo de decir o hacer con orden. Modo de obrar o proceder, hábito o costumbre que cada uno tiene y observa.</p>
<p><i>Voluntad:</i>  Facultad de decidir y ordenar la propia conducta.  Acto con que la potencia volitiva admite o rehúye una cosa, queriéndola, o aborreciéndola y repugnándola.  Libre albedrío o libre determinación.  Elección de algo sin precepto o impulso externo que a ello obligue.  Intención, ánimo o resolución de hacer algo.  Gana o deseo de hacer algo.  Disposición, precepto o mandato de alguien.  Elección hecha por el propio dictamen o gusto, sin atención a otro respeto o reparo. Propia voluntad.</p>
<p><i>Plan:</i>  Modelo sistemático de una actuación pública o privada, que se elabora anticipadamente para dirigirla y encauzarla.  Escrito en que sumariamente se precisan los detalles para realizar una obra.</p>
<p><font size="-4">&Dagger; Tomados del diccionario en l&iacute;nea de la <a href="http://www.rae.es">Real Academia Espa&ntilde;ola</a>.</font></p>
</blockquote>
<h4>Otra opinión</h4>
<p>Por una parte, no creo que los candidatos a la presidencia necesariamente tengan que desglosar de manera detallada las estrategias y métodos con los que vayan a enfrentar el tema de seguridad en Colombia&#8212;que por demás, debemos de una vez por todas decirlo claramente, dentro del marco que describía Echeverri Correa, se refería a la guerrilla y no a su rebuscado ejemplo de los estadios de fútbol.  En tales escenarios, hablar de métodos y estrategias, incluso podría representar un error grave.  Primero, porque significa poner en aviso a los grupos al margen de la ley; y segundo, porque puede generar reveses a futuro a los cuales ningún candidato o presidente electo debe exponerse.</p>
<p>No que con ello no comparta la preocupación de Sebastián, sino que me la planteo en términos distintos&#8212;en los otros dos términos.  Creo entonces que los candidatos sí deben establecer claramente cuál es su voluntad (política) respecto al conflicto armado colombiano, cuál es su grado de resolución para enfrentar a sus actores, y, más importante aún, deben esbozar un verdadero plan para Colombia.</p>
<p>Álvaro Uribe ha sido sin duda el presidente con mayor voluntad política para enfrentar a los grupos armados colombianos.  Como candidato entre 1999 y 2000, fue justamente eso lo único que esbozó con claridad: voluntad política para enfrentar a los armados.  (Por el contrario los otrora famosos 100 puntos ya nadie los recuerda ni se preocupa por revisar.)  Fue con ello, con pura voluntad, que estableció lo que hoy entendemos como la ‘seguridad democrática’.  Sin embargo, durante casi todo su primer período careció de estrategias y métodos claros y por tanto no exitosos.  Fue solo más tarde, con la acumulación de una experiencia, propia y de las fuerzas armadas del estado, que tales estrategias y métodos comenzaron a cuajar y se refinaron al punto de darle los logros que merecidamente le han favorecido en su mandato.</p>
<p>No obstante, sigue ausente la existencia de un plan.  Uno integral.  Pareciera que los éxitos, en lugar de darnos el espacio para generarlo, han por el contrario facilitado un estado de hipnosis general en el que continuamos rehusándonos a hablar abierta y claramente de los problemas sociales que han sido el origen del conflicto mismo.  Más grave aún, pareciera que tal hipnosis es algo que se quisiera perpetuar, pues permite usar el concepto de la ‘seguridad democrática’ como herramienta al servicio de un bloque político particular&#8212;que era lo que discutía en el articulo anterior.</p>
<p>Creo entonces que si algo debe exigir el electorado de los candidatos a la presidencia es una exposición clara de su voluntad política frente a los problemas del país, y el que tengan un plan integral para dirigir y encauzar dicha intención y resolución hacia un escenario en el que sea claro para qué es que queremos ganar en el conflicto.  Las estrategias y los métodos son cosa (que podemos y quizás nos convenga dejar) para más adelante.</p>
<p style="text-align: center;">*    *    *</p>
<p>En una nota corta.  Sebastián menciona de paso un punto interesante sobre el que espero escribir en el futuro.  Cuando Sergio Fajardo enfrenta la pregunta sobre el tema de la guerrilla y echa su cuento sobre la “lección aprendida” no está lejos de hacer, solo que desde una esquina distinta del cuadrilátero político, lo mismo que hacen los ‘uribistas’: definir arbitrariamente un punto histórico de partida que le favorece la exposición de unas ideas.</p>
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		<title>La deuda pendiente</title>
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		<pubDate>Fri, 22 May 2009 04:40:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Conflicto Armado]]></category>
		<category><![CDATA[Ejercicio Ciudadano]]></category>
		<category><![CDATA[Gobierno Actual]]></category>

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		<description><![CDATA[Tras el paso del tiempo, y conforme continúe el aparente avance de la resolución del conflicto colombiano por la via armada, se esconde en verdad uno de los potenciales más grandes errores que pudiéramos cometer como nación: sepultar en la conciencia colectiva, y con el cambio generacional, los orígenes más profundos del problema&#8212;el olvido estatal [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tras el paso del tiempo, y conforme continúe el aparente avance de la resolución del conflicto colombiano por la via armada, se esconde en verdad uno de los potenciales más grandes errores que pudiéramos cometer como nación: sepultar en la conciencia colectiva, y con el cambio generacional, los orígenes más profundos del problema&#8212;el olvido estatal al que han sido relegados por décadas grandes sectores de la población&#8212;y por lo tanto substituir las no pocas falencias del estado por un (cosmético) problema de cobertura en seguridad y monopolio de las armas.</p>
<p><span id="more-75"></span></p>
<p>El pasado 15 de abril se publicó en la revista Cambio un artículo titulado: &#8216;Jóvenes serán decisivos en las próximas elecciones&#8217;, por José Manuel Acevedo. El cabezote del mismo leía: &#8220;Son uribistas, les interesa la política, y el desempleo es su mayor preocupación&#8221;. Sin embargo, el cuerpo del artículo daba para múltiples interpretaciones y el cabezote no era digno del contenido sino quizás un escape del &#8216;inconciente&#8217; de los medios. Las contradicciones en el artículo eran tales que, a pesar del prólogo citado arriba, la sección titulada &#8216;Cómo ven a Uribe&#8217; arrancaba así: &#8220;A juzgar por diferentes episodios que han sucedido en eventos con jóvenes, estos no son precisamente los mas fanáticos seguidores del presidente Uribe&#8221;. Pero si el articulo dejaba ver una u otra tendencia política en la juventud colombiana eso en verdad es un asunto por verse. Una cosa es el alto índice de aceptación de un gobernante (alrededor del 70% entre la población de 18 a 35 años), y otra muy distinta la intención de voto&#8212;sobretodo cuando en camino se vienen figuras como Sergio Fajardo, cuyo potencial atractivo entre la juventud esta por medirse. Lo que sí es cierto es que para el 2010 la población votante en Colombia evidenciará qué tipo de cambio generacional se este dando en el país y marcará cual sea la atención que le debamos poner a asuntos del pasado (y el presente) que son claves para resolver el futuro de todos.</p>
<p>Quienes vayan a votar por primera vez en las elecciones de 2010 son los ciudadanos que nacieron alrededor de 1990. Esto quiere decir que los futuros votantes entre 18 y 24 años serán personas que no tengan experiencia cívica en una Colombia anterior a la Constitución de 1991&#8212;o lo que quede de ella para entonces. Serán personas que hayan pasado de la adolescencia a la adultez durante los (para entonces por cumplirse) ocho años del gobierno Uribe. Los que para 2010 tengan entre 25 y 34 no distan mucho del escenario anterior. Nacidos alrededor de 1980, su memoria ciudadana arranca a partir de la guerra contra los carteles. En suma, la población joven de Colombia entonces será una a la que las palabras &#8216;proceso de paz&#8217; solo le registren en su memoria como sinónimo de los diálogos del Caguán. Eventos como la toma del palacio de justicia, o los diálogos de la Uribe durante el gobierno de Betancur son cosa de un pasado cada vez más distante&#8212;imágenes borrosas a lo sumo. Su concepto de un partido de izquierda se asocia predominantemente con el Polo Democrático Alternativo&#8212;atrás habrán quedado los difuntos militantes de la Unión Patriótica que nadie extraña, y ni que decir de los fenómenos comunistas y anarquistas de los sesenta y para atrás. Esto es mucho más delicado sobretodo porque aquellos que osan hacerlo (recordar, quiero decir) son considerados parias sociales, &#8216;nostálgicos de la violencia&#8217;, como los bautizó el presidente hace un par de años estigmatizando así a todo aquel que pretenda manifestar abiertamente tener una memoria de la patria anterior a 1990 ó 1980. A esta nueva generación de Colombianos se le hace extraño que el aparato del narcotráfico haya alguna vez operado separado del conflicto armado. La década de los 90 la vieron a través de los ojos de sus padres y hoy identifican a los grupos armados fuera de la ley con el prefijo narco (narco-paramilitares o narco-guerrilleros) como cosa que se da de forma natural en el lenguaje. Y en materia global, cosa no menuda, esta generación alcanzó la madurez de conciencia de mundo bajo un solo significante fraguado en la palabra terrorismo, aquel acuñado luego de los eventos del 11 de septiembre de 2001.</p>
<p>Todo esto puede sonar a una descripción ligera del cambio natural intergeneracional, pero no es asunto banal.  Si en Colombia se le continúa dando validez a la presunción de que existe una única salida al conflicto y que ésta solo pasa por la avenida armada, estaremos ad portas de (intentar en vano) sepultar vivo el origen social de nuestros problemas; de continuar dejando en el olvido a quienes habitan en los margenes.  Esto mientras el establecimiento, como un todo, contin&uacute;a tapando el sol con un dedo, pretendiendo ocultar lo que más obvio no puede ser ¿o es que acaso no lo es? Estamos en deuda con todo un pa&iacute;s, bien haríamos en comenzar a abonarle tanto al capital como a los intereses.</p>
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		<title>Los Angeles ICompartiendo nav&#237;o</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Mar 2009 20:31:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ejercicio Ciudadano]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>

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		<description><![CDATA[En casa de Margaret y Irvin viví un año y medio &#8212; de diciembre de 2003 a mayo de 2005. Margaret me rentaba una habitación diagonal a la suya en el segundo piso de su casa, que había pasado de ser biblioteca abandonada a cuarto de estudiante improvisado. Ella, una negra buena persona, había ya [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En casa de Margaret y Irvin viví un año y medio &#8212; de diciembre de 2003 a mayo de 2005. Margaret me rentaba una habitación diagonal a la suya en el segundo piso de su casa, que había pasado de ser biblioteca abandonada a cuarto de estudiante improvisado. Ella, una negra buena persona, había ya pasado de largo por los 60 años, y llevaba en la mirada un delicado balance de tragedias y alegrías. Irvin, un viejo caucásico a quien solo los lunares de los años lograban sazonarle la piel manchada por el seco sol de California, se la pasaba en un sillón de la sala tocando un trombón en el que repetía exactamente la misma melodía durante cada corte a comerciales. Los dos compartían la vida juntos no se desde hacía cuanto. Cada uno estaba en su segundo matrimonio y se la pasaban renegando&#8212;más ella de él que al contrario, y aun así, les recuerdo como un matrimonio feliz. (A fin de cuentas, no hay dos viejos que al estar juntos no reflejen amor con su sola permanencia en pareja.)</p>
<p>En una casa donde todo era modelo 60 o anterior yo contrastaba en ese entonces con mis 26 años al galope. Como cualquier estudiante extranjero, me la pasaba la mayor parte del tiempo metido en los salones de clase, laboratorios de cómputo y, por supuesto, la biblioteca. Era imposible, sin embargo, ser ajeno a la disputa política en la que estuvo inmerso los Estados Unidos durante todo el 2004. Y fue justamente en la cocina de Margaret &#8212;al fondo: el trombón de Irvin y las mismas notas de nuevo&#8212; donde aprendí una de las primeras lecciones norteamericanas sobre ejercicio ciudadano y cultura política.</p>
<p><span id="more-13"></span><br />
 <br />
Margaret enviudo de su primer matrimonio muy joven. No recuerdo la causa pero si las circunstancias en las que quedó: tres hijos: dos mujeres y un hombre &#8212;todos escasamente coqueteándole a la adolescencia&#8212; y un escenario que debió ser más o menos algo así: mujer viuda, negra, sin preparación alguna, con tres menores que mantener, al rededor de 1960, en medio del centro de Los Ángeles (entre Jefferson y Exposition Blvd., lado oeste), y al despertar del &#8220;fin&#8221; de la segregación racial estadounidense. En contra de cualquier expectativa de la época, Maragert sacó adelante su familia en el transcurso de la misma década durante la cual perderían la vida: Martin Luther King, Jr., John y Robert F. Kennedy&#8212;este último asesinado la noche de las primarias demócratas de California de 1968, en el <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/The_Ambassador_Hotel">Hotel Ambassador</a>, a tan solo unas cuantas cuadras de la casa de Margaret. Esta misma casa que tres décadas más tarde sería testigo de las <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/1992_Los_Angeles_riots">revueltas negras de 1992</a>. Allí mismo, cerca de la intersección entre las autopistas 10 y 110, y a tan solo una cuadra de la casa de Margaret queda la Universidad del Sur de California, que es la que a todas estas cruza nuestros caminos, once años después. Yo sería uno de los últimos estudiantes a quien Margaret alojara en su casa luego de casi cuatro décadas de simbiosis con la universidad. Mutualismo que le permitió a ella sacar su familia adelante, y a mi conocerla.</p>
<p>Y ahí estábamos pues, durante todo el 2004 compartiendo en la cocina unos ratos al desayuno, al almuerzo y la comida. La habitación no incluía ningún servicio, y para sorpresa de Margaret, con 40 años en el negocio, yo me convertí en el primer habitante de su casa que religiosamente se hacía de comer y lavaba los platos tres veces al día.  Mientras yo desayunaba ella me enseñó a escuchar la radio p&uacute;blica nacional (<a href="http://www.npr.org/" target="_blank">NPR</a>); y mientras almorzaba, yo le hacía repetirnos los capítulos de &#8216;The Cosby Show&#8217; y ella lavaba platos y renegaba de Irvin quien al fondo tocando su trombón, y si, sonaba de nuevo la misma melodía. Al medio día, en algunas ocasiones, me cruzaba con Irvin en el almuerzo &iexcl;Caos! Y en medio de ello, al pasar los canales, Irvin de repente se detenía por unos minutos en <a href="http://www.c-span.org/" target="_blank">C-Span</a>. Y por las noches, si lograba llegar para las seis, veíamos juntos, antes de yo subirme a mi resguardo, &#8216;The News Hour&#8217; con Jim Lehrer en <a href="http://www.pbs.org" target="_blank">PBS</a> (que es la red de televisión pública nacional.) (NPR, PBS y C-Span son cosas que dar%aacute;n para otra entrega m&aacute;s adelante.) Aunque lo anterior no era de todos los días &#8212;sin contar la ausencia temporal de Irvin por la operación de un tumor en el cerebro&#8212; fueron los suficientes como para que conversáramos esporádica y cautelosamente sobre el proceso electoral. (Cautelosamente porque de <em>eso</em>&#8212;incluso en EU&#8212;es &#8216;mejor&#8217; no hablar.) Al final, ya sin prejuicios ni temores, nos alertábamos sobre cuándo iba a ser el próximo debate presidencial (las primarias no nos dieron mucho de que hablar, al contrario de las m&aacute;s recientes) y sobre algun discurso importante. Llegado el momento, cada quien corría a su televisor.</p>
<p>Así se dio la rutina hasta que se llegó el martes 2 de noviembre de 2004. Yo había deducido que Margaret era demócrata a cuenta de algunos comentarios que me hizo al paso acerca del Senador Edward M. &#8220;Ted&#8221; Kennedy&#8212;y porque era obvio. Entonces, en la mañana del 3, cuando bajé a hacerme el desayuno sabiendo ya el resultado, que significaba la reelección de George W. Bush&#8212;confirmación de que prevalecieron los ataques al historial y la integridad de un candidato casi Forrest-Gumpesque sobre los planes e ideas de las agendas electorales&#8212; vi a Margaret en la cocina y le dije: Maggie &iquest;viste pues? No le alcanzó a tu candidato (nuestro.) Y le rematé con algún comentario apocalíptico de tipo: &iquest;Y ahora qué nos queda?</p>
<p>Ella me miro tranquila. Se sonrió&#8212;por dentro, como quien esta a punto de revelar un gran secreto que en verdad es obvio, y me dijo: Ricardo, ya <em>escogimos</em> Presidente. Ahora nos corresponde a todos hacer cuanto esté a nuestro alcance para que su gobierno tenga éxito. Su éxito es el éxito de todos (nosotros.) Su éxito es mío. (Y el <em>escogimos</em> denotaba que ella, aunque hubiese votado por el otro candidato, había participado de los comicios y por tanto era igualmente responsable del triunfo de su opositor, luego entonces, su derrota era su triunfo.) <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/E_pluribus_unum"><em>E pluribus unum</em></a> en una de sus tantas expresiones de ejercicio ciudadano.</p>
<p>Franco. Llano. De la boca de quien bien habría podido tener mucho de que quejarse, renegar, y por lo que sentir una nueva desilusión. En medio de un barrio en el que si uno se para solo en una esquina no pasan más de treinta minutos para que una patrulla de la policía circule alumbrándole a uno a la cara con un reflector. En medio de una comunidad de clase media baja a quienes la política fiscal ha venido desmoronando poco a poco y cuyos hijos son casi metódicamente enviados a una guerra (que para la época ya comenzaba a ser duramente cuestionada desde el interior mismo de EU) bajo la promesa de un mejor futuro profesional&#8212;si regresan.</p>
<p>Me guardé entonces mi primera lección de Los Ángeles. Hoy la pienso cada vez que me cae su peso. No es una simple cuestión de subyugación de la opinión. No se trata tampoco de pintar aquí un escenario de ciego amor propio colectivo. El debate se da. Y se da a diario de manera vibrante y apasionada. Sin cuartel. Se da en todas partes y con un amplio espectro de opiniones. Pero prevalece la unión nacional, el mayor bien común, consagrado en el compromiso individual y colectivo con y por la democracia y las leyes. En el ejercicio del voto. En el ejercicio del servicio. Y en el respeto a las instituciones (en este caso la presidencial.) Pero también en un deseo por el bienestar, propio y ajeno: común. Porque si al otro le va bien, a mi me irá bien tambi&eacute;n.</p>
<p>Por esto colisiono con quienes se expresan sin esperanza y casi con desdén de la administración de la alcaldía de Bogotá (y yo no vivo en Bogot&aacute;), o luego cosa similar con la de Medellín, y de paso cada vez que veo que se reniega del uno y del otro&#8212;y que yo mismo lo hago. Y pienso de nuevo en Margaret y su noble sanción: ojal&aacute; le vaya bien. Porque su éxito será mío. Ojal&aacute; enotnces les vaya bien a Moreno, a Salazar, a Uribe, e incluso a Petro y a Piedad; y aunque confieso que me cuesta m&aacute;s trabajo escribirlo, ojala tambi&eacute;n le vaya bien a Valencia Cossio. Sus éxitos, vayan a favor o en contra de mis ideales o deseos, serán también míos. Serán nuestros. De todos. Porque en este barco de patria estamos todos juntos.</p>
<p>Lo anterior no sin una salvedad: los &eacute;xitos de cualquier servidor p&uacute;blico o entidad del estado deben haberse derivado de acciones o proyectos que siempre se hayan dado dentro del marco de la legalidad y considerando la inclusi&oacute;n de la totalidad de los miembros de la sociedad, atendiendo el deseo de las mayor&iacute;as pero con las garant&iacute;as necesarias para las minor&iacute;as.  No dado esto &uacute;ltimo, todo lo anterior se nos va al traste.  All&iacute; entonces, el debate sangriento cobra vida y entonces tarde que temprano, cuando la pirinola se detenga, solo se leer&aacute;: todos pierden.</p>
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		<title>Y que se haga en mi tu voluntad</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Apr 2008 21:45:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ejercicio Ciudadano]]></category>
		<category><![CDATA[Gobierno Actual]]></category>

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		<description><![CDATA[Algo que a menudo me pregunto y que normalmente regreso a mi estado de distracción civil sin resolver es: Qué es aquello tan especial que tiene el gobierno actual que a todos, o al menos a la abrumante mayoría, parece enloquecer?  No porque crea yo que el gobierno sea una sola persona, el presidente, sino [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>Algo que a menudo me pregunto y que normalmente regreso a mi estado de distracción civil sin resolver es: Qué es aquello tan especial que tiene el gobierno actual que a todos, o al menos a la abrumante mayoría, parece enloquecer? </p>
<p>No porque crea yo que el gobierno sea una sola persona, el presidente, sino porque él personifica en su ser lo que es el gobierno, me referiré en adelante al presidente Uribe y al gobierno actual indistintamente.</p>
<p>Qué es entonces aquello que tiene el presidente? Pareciera que a los colombianos nos gusta que nos hablen golpeadito. Que nos recuerden el hacha que nuestros mayores nos dejaron por herencia. Aquella que cuando da sus golpes lindos acentos resuenan. Eso es quizás lo que nos resuena, allá adentro, en el corazón, el alma y la razón. El presidente de pronto nos recuerda uno de esos míticos patriarcas que abrieron trocha. O el hijo prodigo de los Herreros. Sí, Álvaro Uribe pareciera ser para Colombia lo que Efrén Herreros es fuese para su familia en la imaginación de Mejía Vallejo. Ese que es capaz de querernos a todos y comprendernos, pero que al mismo tiempo, cuando le ‘corresponde’, esta dispuesto hasta a castrar a ese pariente extraño que se nos metió en la casa.</p>
<p><span id="more-4"></span></p>
<p>Pero somos ingenuos todos. Ni Don Efrén ni el presidente son dioses olímpicos. No han venido para rescatarnos. Y aunque muchos casi religiosamente parezcan creerlo, no se quedarán entre nosotros, mucho menos volverán para rescatar a vivos y muertos. Y no porque el presidente no sea todas esas cosas buenas. Yo en verdad creo que es un hombre, un líder, y por encima de todo, un ciudadano de gran valía. Pero digo que todos somos ingenuos porque al apreciar tanto esas cosas buenas que el gobierno tiene, nos estamos dejando de apreciar a nosotros mismos como pueblo. Luego entonces caemos en nuestra propia trampa de la espera mesiánica. La que nos engendraron nuestros otros padres españoles hace ya quinientos años. La espera que dice que Dios proveerá. Sea Dios el de las alturas, o sea Dios el encarnado en el gobierno. El que ha venido para salvarnos de la guerrilla, los paras, los corruptos, los narcos, los diablos y diablitos que hemos engendrado nosotros mismos, y que en día de feria, en medio de la muchedumbre y sin que nadie nos vea, Dios incluido, porque estamos en tumulto, y entre el tumulto Dios&#8212;ingenuos nosotros&#8212;creemos que desde la tarima no nos distingue, aplaudimos. Sí. Aplaudimos. El pueblo aplaude la creación de los becerros de oro que nos llevaron a la perdición y ahora clama y llora porque a nuestro terrenal Moisés se le ablande el corazón y nos deje leer las leyes de nuevo. Entonces nos señalamos entre todos y ahora hay que echarnos a la hoguera. Ahora sí corresponde que saquemos nuestros males, que acabemos con la guerrilla, los paras, los corruptos, los narcos y los diablos y diablitos.</p>
<p>Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos. Y ya que los hemos soportado por cincuenta años, muéstranos el camino para desterrar estos males que hemos engendrado.</p>
<p>La sátira no es de gratis. Pero me corresponde volver entonces al asunto y, no se si a ustedes les pase también, a mi me ocurre que las respuestas me llegan de vez en cuando en lo que estoy en la ducha. Mi mamá solía decirme que yo me metía solo a sobarme la barriga, y mi esposa se burla de mi creyéndome una auto reencarnación de Buda. Pero lo que sucede es que en lo que yo me sobo la barriga y miro el chorro&#8212;como si hubiera algo más allá de sus huequitos, yo voy, sí señor, pensando cosas. Y en los duchazos de la semana pasada caí en cuenta que Uribe y su gobierno no tienen nada de especial distinto a saber que es lo que ansiamos los colombianos. Ansiamos que nos resuelvan el problemita aquel. Que vengan y nos limpien la casa. Y él se ha limitado a eso. A sacudir el polvo y trapearnos el piso.</p>
<p>Los colombianos, los de arriba y los de abajo, crecimos con la cultura del servicio. No con la cultura de prestar servicio. No, esa no. Crecimos con la cultura de que hay servicio. De que hay muchacha del servicio. De que es otro, el que va a venir a limpiar lo que nosotros hemos ensuciado en la semana. Crecimos también entre la cultura del milagro. Algo superior vendrá a rescatarnos. A ayudarnos. Mientras vayamos a misa y recemos, con piadosa devoción, El vendrá a nosotros. Mientras paguemos impuestos y nos quedemos en la casa, el presidente debe resolvernos el asunto aquel. Pero confundimos la búsqueda espiritual con la búsqueda de tesoros. Nadie va a venir a salvarnos. Y no digo esto porque sea yo un ateo. Lo digo porque en mi fe sé que al Padre le ocupan más altos menesteres. Uribe entonces, esa muy buena muchacha del servicio que nos conseguimos, resulta que la habíamos contratado no más por días. Cuando caímos en cuenta que no iba a venir la próxima semana, entonces le contratamos otros cuatro días. Y hay ahora quien quiera que más bien la dejemos permanente y le hagamos cuarto del servicio, le compremos delantal, y todo, para que así la casa se mantenga limpiecita.</p>
<p>Ingenuos pues, somos todos. Porque nuestra casa esta en un barrial. Polvo habrá para sacudir, barrer y trapear, hasta que no decidamos, todos los que habitamos aquí y en el barrio. En especial, que los de esta casa aprendamos a entendernos con esos vecinos malucos que tenemos y con los del otro lado de la calle también. Que entendamos que para que se acabe el polvo y el tierral que entra a la casa, hay que pavimentar la calle. Hay que hacer una acerita de cementito. Convendría también poner un tapetito en la entrada para que los que entran se limpien los zapatos. Y otro buen numero de cosas. Mejor dicho, hay que invertir en las bases para dejar de esperar. Para dejar de sufrir el escenario en que la muchacha del servicio se nos vaya.</p>
<p>En resumen, somos nosotros, el pueblo, los que tenemos que tomar riendas del asunto y dejar de esperar, esperar y esperar, a que nos resuelvan el asuntito aquel. Llámesele guerrilla, paras, narcos, corruptos, ladrones o demás. Efrén, no era un muy buen padre, ni muy buen patriarca de Balandú. Uribe tampoco es tan buen presidente. Simplemente sabe entender bien y capitalizar lo que nos afana. Nos afana acabar con la guerrilla. Nos afana hablarle clarito a Chávez. Nos afana tener quien tome las riendas. Pero a la larga eso no nos saca del hoyo. Una sola persona no es, ni puede ser, sustituto de la nación. Es sólo la voluntad de un pueblo, la que dirige el verdadero rumbo. Mientras todos como pueblo sigamos mas preocupados por prescribirnos, que por alterar el origen de nuestras enfermedades, la espera entonces será larga.</p>
<p>Somos pues nosotros como pueblo, como nación, como agentes constituyentes del Estado, quienes debemos tomar las riendas. No se hará acá entonces la voluntad de Dios, ni se hará acá la voluntad de Uribe. Acá se hará la voluntad de todos. ¿Cuál será esa voluntad? lucha armada o acuerdo nacional, secuestrados o libertad, brecha o igualdad, pobreza o riqueza? No lo se. Abogo por todas las segundas. El cómo llevarlo a cabo, se los dejo para después.</p>
</div>
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		<title>Que nos lo revoquen a todos</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Apr 2008 21:40:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Congreso]]></category>
		<category><![CDATA[Ejercicio Ciudadano]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Se estuvo hablando, y en Cali se dieron a la tarea, de recoger firmas para revocar el Congreso de la República. El argumento está en que una vez más, de cuenta de la para-política otros cuantos legisladores han ido a parar, aunque quizás no literalmente, tras las rejas. O porque a otros se les ha [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Se estuvo hablando, y en Cali se dieron a la tarea, de recoger firmas para revocar el Congreso de la República. El argumento está en que una vez más, de cuenta de la para-política otros cuantos legisladores han ido a parar, aunque quizás no literalmente, tras las rejas. O porque a otros se les ha abierto investigación&#8212;que aunque aquí normalmente camina lenta, que camine ya es mucho (de pronto tanto, que ahí mismo damos a todo investigado por condenado.)</p>
<p>Publica El Tiempo dos editoriales (del 2 y 3 de abril) que llegan a tiempo con esta situación. En la primera se llamó la atención sobre los retos que tiene por delante el presente cuerpo legislativo y, en la segunda, lo inconveniente que resultaría, dados dichos retos, emprender acción alguna que devolviera a sus casas a los restantes no-probados-corruptos o no-investigados-por-ello congresistas. ¿Qué tan diezmada puede estar la capacidad legislativa del congreso dadas las obligadas deserciones de aquellos enredados en asuntos con paramilitares? Argumentaba la editorial que no tanto, ya que tan solo un veinte por ciento de los investigados han sido llevados a caución de sus libertades. Comparto yo con el editorial que no de cuenta de unos pocos, otros muchos deban pagar.</p>
<p><span id="more-3"></span></p>
<p>Aunque en Colombia se nos ha enseñado que, por lo general, justos deban pagar por pecadores, no creo yo que semejante doctrina escolar-religiosa, se les deba aplicar a los congresistas. Y no porque no se lo merezcan, a lo mejor si lo merecen y les sirviría de escarmiento a todos (me río yo mismo&#8212;aquí no sabemos de escarmiento). No creo yo tampoco, como pareciera ingenuamente hacerlo, o así yo lo leo, el editorial, al creer que el congreso actual sea capaz de aplicarse y aprobar las reformas política y electoral que cursan en el legislativo. Primero porque el pueblo no entiende de umbrales, y segundo, porque, a mi pesar, parece que aquí nos gustaran los partiditos de garaje, y la falta de disciplina política de los partidotes tradicionales. Confundimos tontamente disciplina política con Frente Nacional. Confundimos partidos de garaje con pluralismo. Y, convencido ando, de que si la voluntad no es de todos los colombianos, los del congreso bien nos pueden amañar en distracciones, como que incluso, les revoquemos el mandato. O que formemos comisiones que investiguen a quienes comisionan. Aunque haya quien incluso diga que esas cosas no son legalmente viables (de lo cual yo no se).</p>
<p>Pero la razón por la que yo creo que ello no deba resolverse así&#8212;revocando mandatos o comisionando investigaciones&#8212;es porque ahí se ocultan dos asuntos a los que les temo más que a la existencia de la infiltración a alto nivel de los grupos paramilitares en el legislativo. Le temo mucho más a los congresistas que aprovechan cuanto fósforo se prenda para salir gritando fuego. A esos que pasan más tiempo en la radio criticando a sus colegas que en sus oficinas impulsando leyes. Le temo mucho más a la creencia generalizada de que apagando fuegos, se salva un barco sin mástil. Si se trata de revocar mandatos, revoquémonos el mandato todos. Empecemos por revocarnos el mandato de ciudadanos nosotros mismos. O por lo menos a aquellos que votaron por esos congresistas aliados de paramilitares en La Costa, Antioquia, y demás. Revoquémonos el mandato de ciudadanos a los que votaron por Luís Pérez para que le pusiera el platillo volador a La Macarena. Revoquémonos el mandato a quienes eligieron a Samper con dineros calientes y a todo el equipo del ocho mil.</p>
<p>Se enloqueció Ricardo Taborda! me van a decir. La verdad es que lo que propongo es absolutamente ridículo, inviable, improcedente. Mi punto, sin embargo, está en que dejemos de buscar blancos para nuestros tiros de escopeta con pólvora mojada. Y comencemos a trabajar todos, como sociedad, por una mejor cultura política. Una cultura de responsabilidad y participación. Por ello entonces que cada vez que tengo oportunidad me escuchen machacar en el cuento de la necesidad de educación. Porque en la ignorancia que nos trae la pobreza y la falta de presencia estatal, en las orillas urbanas o en el campo, está la tierra de abono en la que crece la oportunidad perfecta para la compra del voto y la intimidación del votante. Y esto de la mano, ultimadamente, hace que sea un reflejo del pueblo, el carácter y el talante (nulo) de quienes nos dirigen. Siendo todos culpables, todos debemos pagar y sacrificarnos.</p>
<p>Pero no le descarguemos el bulto a la masa, arrastrémoslo todos. Los mas pudientes también. Empecemos, por ejemplo, a hablar de política y a no endemoniar el tema y los ponentes. Me explico. Estando en más de una reunión social y cuando la conversación a esas arenas nos lleva, nunca falta quien diga: no, no, no, mejor no hablemos de política. Y me pregunto yo, ¿por qué carajos no? Por no hablar de política es que estamos como estamos. Porque la política se nos convirtió en tema tabú. Hoy en día en una reunión social se habla más fácil de sexo que de política. ¡Nuestros abuelos se deben estar revolviendo en sus tumbas!</p>
<p>Y les pongo otro ejemplo. El otro día, en una reunión familiar, una señora ya mayor me pregunto que cuando yo terminara mi doctorado en ingeniería sísmica, ¿qué carajos haría en Colombia? Y yo respondí, de la manera que a mi me resulta más natural, que además de la vida académica y universitaria y de investigación, a mi me interesaba la política y el servicio público. ¡Qué he sabido decir! “Pero Ricardo, usted tan querido, tan buen mozo y tan buen muchacho, para que se va a poner en esas. Luego de todo lo que ha estudiado papito, como se le ocurre irse a meter entre esa gente. Le van a terminar dañando el corazón. Le va a tocar ‘hacer cosas’ que usted ni sabe.” (Y ella ¿tampoco?, pensé yo).</p>
<p>Esto es tan solo otro ejemplo de lo que demuestra que la cosa política tiene hoy día en Colombia un estigma, que si bien es merecido por lo que hemos hecho de nuestro propio ejercicio ciudadano, no nos está llevando por buen camino. Tenemos pues entre todos que elevar el sentido de lo público. De lo que nos concierne a todos. Y no simplemente verlo como lo distante. El asunto de ‘esos’, ‘esos políticos’, ‘esos ladrones’, esos lo uno y esos lo otro. Revoquémosles el mandato. Saquémoslos y traigamos ‘otros’. Y luego los ‘otros’ se nos convertirán en otros ‘esos’ como estos de hoy. Y la cosa se seguirá porque los que necesitamos ir al confesionario ciudadano somos todos como Nación. Nos tenemos que apersonar del asunto y dejar de pensar que para eso les pagamos. “Para eso le pago mijo, para que me atienda.” De nuevo, una cultura en la que hemos relegado la responsabilidad de patria a unos pocos y luego todos muchos nos asombramos de que aquellos no la hayan sabido administrar. Nosotros no hemos sabido elegir. Nosotros todos hemos tomado caminos fáciles. Tenemos que entender que en el ejercicio ciudadano lo que se delega la administración, pero la responsabilidad sigue siendo de todos. Que nos revoquen el mandato a todos entonces!</p>
<p>(Así lograremos debilitar un poco más nuestras instituciones, les daremos la disculpa perfecta para no pasar la ley de reforma política y electoral, nos entretendrán con resultados de comisiones maniatadas, y nos gastaremos el erario público en la logística de otras nuevas elecciones.)</p>
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