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	<title>Opinión Personal &#187; Educación</title>
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	<description>Casa Editorial Lo Blanco &#38; Lo Negro</description>
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		<title>Quiero ser &#8216;Para&#8217;</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Jan 2010 01:45:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Conflicto Armado]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Don Pedro Pablo es un hombre grande&#8212;no en altura, pero en presencia&#8212;, de voz gruesa y caminar tranquilo y pausado. Lo conocí por cuenta de su hijo Felipe a quien me lo encontré por acá lejos de Colombia, también estudiando, con una pequeñita de poco más de un año y con una esposa maravillosa. Como anécdota, cuando conocí a Felipe, no puede aguantarme la imprudencia de decirle que casi no se le notaba el acento pastuso.  Afortunadamente con don Pedro Pablo no hice lo mismo. (Pero tampoco se le nota.)</p>
<p><span id="more-290"></span></p>
<p>Juliana una amiga bogotana que tiene una personalidad que solo la supera su generosidad, le regaló a Amelia mi hija un disco compacto de canciones infantiles hecho en México en el cual las letras de las canciones tienen su nombre. Se llama el ‘CD-kit de Amelia’. Una de las canciones arranca con la voz de una mamá preguntando: Amelia, ¿qué quieres ser cuando seas grande? Y se arranca una perorata con ritmo pegajoso que incluye, entre muchas otras cosas, el querer ser policía, bombera, periodista, presidenta. Cada estrofa termina diciendo que ‘pero sobre todo, todo,’ Amelia quiere ser como papá y mamá.</p>
<p>Don Pedro Pablo estaba en Pittsburgh visitando a su hijo y haciendo arreglos para empezar a exportar café de alta calidad de manera directa a tostadoras locales y sin tener que depender de los más bajos precios a los que le compra el grano la Federación. Orgulloso me muestra el sello que las entidades sanitarias de la ciudad le pusieron en la esquina superior derecha de la puerta del balcón del apartamento que Felipe renta. El balcón va a ser la bodega. Piensan solo exportar pequeñas cantidades. El balcón no mide m&aacute;s de seis metros cuadrados pero Felipe y don Pedro Pablo me cuentan que es perfecto para los sacos de café, que serán de los pequeños de cuatro kilos (creo), y que irán sobre una cama de madera que ya acordaron colocar y cuenta con el visto bueno del dueño del apartamento.  </p>
<p>Ese día que llegamos a casa de Felipe y Andrea, como cosa rara, lo primero que nos dijeron fue: ¿quieren un cafecito? Y yo que no tomo café. Para colmo de males, la conversación arrancó con don Pedro Pablo contándonos sobre las diferentes propiedades del café y sobre que, hace unos meses, había conocido al muchacho que el año pasado se ganó el primer concurso nacional de catadores de café durante un curso de catación en el que habían estado juntos&#8212;un joven muy simpático ese Wbeimar, me dice don Pedro Pablo, quien, seguramente con la mejor de las intenciones, como buen padre, acabada la conversación del café pasó a preguntarnos qu&eacute; íbamos a hacer una vez termináramos los estudios. Yo le conté entonces que entre las varias alternativas que existen seguía viva la opción de volver a Colombia&#8212;con el aditivo de que me interesaba hacerlo por la política.</p>
<p>A diferencia de muchas personas a las que les parece una locura que después de tanto estudiar sopese la posibilidad de una vida tan aparentemente diametralmente opuesta a la ingeniería sísmica, don Pedro Pablo mostró un respetuoso interés por la idea y fue más allá para decirme que esos deseos había que perseguirlos para que uno luego, de viejo, no se arrepintiera de no haberlo intentado todo. Los años nos dirán. Yo por mi parte no perdí la oportunidad para preguntarle cómo se veían las cosas desde Pasto, y sobre todo, desde el campo. </p>
<p>Luego de contarme las dificultades que los pequeños y medianos productores de café como él tienen frente al precio de la federación y, sobretodo, frente al precio de las frutas y los granos que son la alternativa para ellos mientras transcurre el tiempo de cosecha del café, me habló un poco más abiertamente sobre lo esencial: la falta de oportunidades para la gente del campo.</p>
<p>Mientras que don Pedro Pablo no tiene reparos en aceptar que seguramente el tratado de libre comercio le traería cosas buenas al país y sus industriales (de ser algún día finalmente aceptado por el congreso estadounidense,) desde su perspectiva se manifiesta preocupado porque las políticas que en esta dirección se han venido tomando en Colombia gobierno tras gobierno, se tomen sin tener seriamente en cuenta sus consecuencias sobre ese otro pulmón ya canceroso del país que es el campo. Me cuenta entonces lo mucho que ha mejorado la seguridad. Y se le nota que le cuesta conciliar esas dos realidades. Me dice que lleva ya varios años pudiendo vivir de tiempo completo en la finca&#8212;que diez años atrás tenía que administrar a distancia. Claro está que esto es porque la vía desde Pasto hasta la finca es pavimentada, me advierte. La seguridad democrática, sigue don Pedro Pablo, es otra cosa y una muy distinta una vez estamos hablando de las carreteras destapadas monte adentro. Ahí no hay tal. Y lo peor, continua, es que los políticos siguen sin conocer verdaderamente a Colombia. Es que no conocen el país que gobiernan, se queja. Y entonces a mi se me viene a la cabeza la imagen de Jaime Garzón contando <a target="_blank" href="http://www.youtube.com/watch?v=cNyizxWCtkk">la anécdota</a> de los parqueaderos caprino, equino, vacuno, o porcino, y las casas de lenocinio autorizadas en el páramo. Y sí, la verdad es que aún con seguridad democrática y concejos comunales celebrados en cada rincón imaginable, la gran mayoría de los políticos siguen sin conocer el país&#8212;al que creen sentirlo en la piel simplemente porque se lo recorren en campaña. Peor, la gran mayoría de los colombianos no lo conocemos tampoco&#8212;y yo me incluyo. Qué exigir entonces. (Y me refiero a conocerlo no como quien se lo ha turisteado de arriba a abajo y se sabe hasta los nombres de los ríos de memoria, sino saber lo que se vive a la orilla de cada río. Qué se cultiva, para qué sirve, cómo se come, dónde se consigue, quién lo vende, cuánto cuesta, por qué no se hace distinto. Y entonces sí: ¿se puede mejorar?)</p>
<p>La cosa para don Pedro Pablo es aún peor, dado que lo poco que se logra parece ser abono para las piedras&#8212;quizás por lo anterior. Entonces me cuenta como el Ministerio de Educación creó unas escuelas de educación media en la que los muchachos de la región reciben un bachillerato tecnificado. La escuela que queda cerca gradúa bachilleres agrícolas. Una idea genial&#8212;en el papel. En la práctica: un desastre. Los jóvenes una vez que salen ya no quieren trabajar ni jornalear como sus padres. Salen con un ‘complejito de superioridad,’ me dijo don Pedro Pablo. Al pueblo vino hace un tiempo el ministrito de agricultura&#8212;al que le dicen ‘uribito.’ En el ‘coliseo’ se echó con entusiasmo de culebrero paisa y ese tono de mal genio que lleva siempre consigo como con necesidad de regañar a todo el que le habla, un discurso aburridor sobre ideas pendejas para el ‘progreso.’ Y luego el otro que lo sucedió. Un par de muchachitos que no tienen idea de qué es lo que es trabajar la tierra y vivir de ella. Los jóvenes campesinos no son tontos. Ellos saben cuando quien les está hablando no sabe sobre lo que está hablando&#8212;mucho menos sobre lo que ellos viven en el día a día. Y para colmo de males, continúa don Pedro Pablo, primero pasa lo de DMG y luego lo del Agro Ingreso Seguro. Entonces estos jóvenes de la región terminan por convencerse de que las instituciones, por un lado, y esos políticos del interior, por el otro, no están por nada que verdaderamente les vaya a arreglar sus problemas. En semejante estado se convierten en personal supremamente vulnerable.</p>
<p>¿Y qué hacen entonces? Le pregunté. Ah, pues eso depende, me contesta.  Los que viven monte adentro donde no llega la seguridad democrática&#8212;sino los falsos positivos, se dedican a proteger lo suyo y arreglárselas con lo único que les da para vivir: los cultivos ilícitos. Los campesinos que están cerca de una cabecera municipal, en cambio, no pueden darse ese lujo. Ahí cualquier bobada que siembren ahí mismo los pillan. Tienen que arreglárselas entonces con lo poco que puedan sembrar y vender decentemente. Pero los precios de los productos agrícolas son muy bajos. Colombia está importando granos y otros productos y eso ha acabado con el campo. Están condenados a la pobreza&#8212;o a delinquir.</p>
<p>¿Y los jóvenes? Pues lo que le contaba antes. La escuela esta no les sirve de nada porque industria agrícola no hay en el monte. En Colombia no se subsidia el agro como en muchos otros países. Y a estos muchachos no les da para irse a una universidad. Entonces sucede lo que le paso a un campesino que yo conozco ahí vecino mío. ¿Qué le pasó? Le interpelo de inmediato. Pues imagínese que el papá es un jornalero de sol a sol. Logró que el muchacho fuera a la escuela y terminara&#8212;que ya es mucho.  Pero una vez terminó se la pasaba en la casa haciendo nada. El papá preocupado le ofrecía distintas opciones. Mijo venga a trabajar conmigo.  No papá, es que usted se quiebra mucho la espalda y vea, para nada. Seguimos igual de pobres. Yo no quiero ser como usted. Entonces trabaje donde fulano, insistía el papá. No, eso es muy duro papá. Y así pasaron los meses hasta que el papá se cansó y lo confrontó. ¡Carajo! Entonces ¿qué se va aponer a hacer?</p>
<p>Pues papá, es que yo lo que quiero es: ser ‘para’.</p>
<p>Me cuenta don Pedro Pablo que el muchacho se fue de la casa del papá y no ha sabido más de él. Me explica también que si se tratara de un campesino de más adentro, la respuesta bien hubiera podido ser que quería ser guerrillero. Ambas ‘profesiones’ ofrecen un mejor sueldo que trabajar la tierra. Con los episodios como lo del AIS y el contacto que tienen con el Estado cuando personas como el Ministro de Agricultura visitan la región o con los llamados falsos positivos, estos muchachos se convierten en tierra abonada para los violentos&#8212;sin importar el bando o la modalidad&#8212;todo por un poco de sentido de existencia&#8212;incluso la existencia misma.</p>
<p>Hay que tener en cuenta que los jóvenes marginales del campo o la ciudad ven en estas instituciones subalternas mucho más que el sueldo&#8212;que ya se sabe que es mejor que a lo que pueden aspirar dentro de la legalidad.  Lo crucial está en que ven también la oportunidad de ser parte de algo más grande que ellos mismos. Un deseo natural en el hombre que en Colombia no hemos sido capaces de sembrar en nuestros hijos, como en la canción del ‘CD-kit’ de Amelia, en forma de imaginarios que giren en beneficio de la sociedad y el Estado. Es decir, aquí casi nadie quiere ser policía, bombero, periodista, o presidente&#8212;y se nos mira raro a los que no nos de pena decir que queramos trabajar en pol&iacute;tica. Estas realidades como las del hijo del campesino vecino de don Pedro Pablo no son aisladas. Por muchos años han sido la norma general. A estas juventudes cualquier discurso en mejor sintonía con su tragedia diaria que el discurso del Estado es música para sus oídos, venga de donde venga. Representan una alternativa radical para la solución de sus enraizados problemas y una opción tangible para acceder a escenarios de poder en los que obtengan el reconocimiento&#8212;sin importar que sea a través del miedo&#8212;de sus pares, de otros jóvenes, de la niña linda del barrio o la vereda, y al poder mismo&#8212;al poder portar un arma, al obtener el respeto que ellos mismos ven nunca se les dio a sus padres que trabajaron de sol a sol en las fincas de los patrones, o el progreso que nunca alcanzaron los que tenían una tierrita propia.</p>
<p>Si en algo coinciden todos los secuestrados políticos que han alcanzado la libertad es en llamar la atención sobre este punto coyuntural de nuestro conflicto. Los jóvenes de la selva (o de igual forma, los de las márgenes de las ciudades) no tienen nada más que hacer. No tienen mejores aspiraciones. Se los come vivos el conflicto. Se los traga y los incorpora a su masa nefasta.</p>
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		<title>Respuesta sobre &#8216;Chocoramo mata Pirulí&#8217;</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Oct 2009 03:44:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Para evitar que tan interesante discusi&#243;n se nos quede en el fondo del foro, el siguiente texto es en atenci&#243;n al comentario de Sebasti&#225;n sobre el art&#237;culo &#8216;Chocoramo mata Pirul&#237;&#8217;. Sebastián, Mil gracias por tu sustantivo comentario. Siempre los disfruto porque así me doy cuenta que al menos vos estás leyendo mis palabras al viento. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para evitar que tan interesante discusi&oacute;n se nos quede en el fondo del foro, el siguiente texto es en atenci&oacute;n al <a href="http://www.loblancolonegro.com/2009/10/chocoramo-mata-piruli/#comment-56">comentario</a> de Sebasti&aacute;n sobre el art&iacute;culo <a href="http://www.loblancolonegro.com/2009/10/chocoramo-mata-piruli/">&#8216;Chocoramo mata Pirul&iacute;&#8217;</a>.</p>
<p>Sebastián,</p>
<p>Mil gracias por tu sustantivo <a href="http://www.loblancolonegro.com/2009/10/chocoramo-mata-piruli/#comment-56">comentario</a>.  Siempre los disfruto porque así me doy cuenta que al menos vos estás leyendo mis palabras al viento.  Hay varias cosas que se me ocurren a raíz de tu argumento, pero prefiero referirme solo a dos en particular en tanto no lea primero el documento que me sugieres.</p>
<p><span id="more-270"></span></p>
<p>Primero, yo no estaba culpando o recriminando al Gobierno como único responsable de la situación del contraste entre el gasto en educación y el gasto en seguridad y defensa.  Mi principal intención con este artículo era hilar una serie de noticias que, creo yo, deberían ser vistas como un todo y no solo como las noticias que nos llegan y se van con cada ciclo noticioso.  También quería contrastar las diferentes formas como fueron presentados los acontecimientos con el paso de los días (por ejemplo, si se enfrenta la reacción del rector en caliente con la columna que luego publicó en El Espectador, o las bipolares posiciones de la Ministra, o las miradas desde orillas opuestas a la partida adicional de los 150 mil millones.)  </p>
<p>Más que una recriminación o asignación de culpa, yo quisiera que la lectura fuera un llamado a reflexionar sobre algo que creo clave para romper el estado de conflicto en el que vive el país: la educación.  Yo bien pudiera contrapuntearte argumentando que en el otro origen del conflicto, los miembros marginales de la sociedad, si estuviesen bien &#8220;educados&#8221;, no le servirían de materia prima bruta a la guerrilla.  </p>
<p>Esto último a cuenta de que lo segundo que quisiera decirte ahora es que tu lectura de mi artículo (quizás porque yo haya fallado en llevar a buen término mis ideas sobre el papel&#8212;aunque sujetar ideológicamente al receptor es cosa imposible) parece estar justamente suscrita al perímetro de ese círculo vicioso en el que se culpa a la guerrilla de que destruya o al Estado de que no construya, a la guerrilla de que se presente como institución alterna al margen de la ley o al Estado de que no se haga presente con todo su cuerpo institucional en los rincones más apartados del país.</p>
<p>Esos dos puntos de vista son cuerpos celestes que orbitan el mismo astro a igual distancia pero uno diametralmente opuesto al otro.  Jamás ninguno podrá alcanzar al otro.  Yo creo que hay que romper ese campo gravitacional y forzar el colapso de alguno de los dos.  Como yo no veo en la guerrilla (ninguna de las dos) a un interlocutor válido, entonces no me molesto en lo más mínimo en alterar su orbita que creo ridículamente anquilosada en ideas putrefactas y vencidas&#8212;que no además contaminada por el cáncer del narcotráfico y sus derivados.  Mi único interlocutor válido es entonces su contraparte legítimamente establecida, es decir, el Estado en cabeza del gobierno de turno y la gente&#8212;ustedes, quienes me lean.  A estos interlocutores válidos si los puedo &#8212;además, debo&#8212; intervenirlos de todas las maneras posibles hasta que haya el espacio para reflexionar sobre temas como el gasto del gobierno central en la educación sin que tenga yo que acallar mis ideas de cuenta de que otros tengan culpa mostrada sobre lo que se pudiera hacer si no nos estorbaran tanto.</p>
<p>En palabras simples, reflexiono sobre el papel del Gobierno porque es de quien espero más.  Pero por encima de todo, reflexiono sobre nuestra visión misma acerca de qué es lo importante.  Y cuando digo nuestra visión me refiero a todos como sociedad.  Yo personalmente tengo hoy la convicción de que lo importante no está en la carrera militar&#8212;pues aun si ello llevara a la solución del particular de las guerrillas, no hay garantía de que nuestra sociedad pudiera asimilar ese éxito sin resquebrajarse moral y éticamente al caminar ese curso por la misma vía de las armas.  Por eso creo necesario hacer una constante revisión de ello hasta más allá del punto del cansancio.</p>
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		<title>Chocoramo mata Pirulí</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Oct 2009 05:37:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Gobierno Actual]]></category>

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		<description><![CDATA[El pasado 21 de octubre se conocieron las cifras finales del presupuesto general de la nación para el año 2010. El diario El Espectador tituló su nota al respecto [1] de la siguiente manera: “Recursos para seguridad y defensa superarán por primera vez los de educación.” Otros hechos venían acompañando la aprobación del presupuesto. Vale [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El pasado 21 de octubre se conocieron las cifras finales del presupuesto general de la nación para el año 2010.  El diario El Espectador tituló su nota al respecto [<a href="#1">1</a>] de la siguiente manera: “Recursos para seguridad y defensa superarán por primera vez los de educación.”  Otros hechos venían acompañando la aprobación del presupuesto.  Vale la pena repasarlos.</p>
<p><span id="more-221"></span></p>
<p>Aun cuando los presupuestos estatales nunca se cumplen&#8212;un defecto del que sufren incluso los países más prósperos del mundo&#8212;, estos son generalmente entendidos como una ventana al interior del gobierno que permite observar en qué está fijada la voluntad política.  Esto fue lo que le expliqué a mi hermano doctorado en economía cuando le pedí el favor que me ayudara a recolectar la información sobre el gasto público del gobierno.  Su ayuda no vino sin hacerme dos comentarios al respecto: uno, que los presupuestos estatales son puros espejismos; y dos, que, según él, la única voluntad política en Colombia es la de robar.</p>
<p>La semana anterior a la aprobación del presupuesto, concretamente el 16 de octubre, ocurrió la &#8220;retención&#8221; del rector de la Universidad Nacional por parte de un grupo de aproximadamente 300 estudiantes que bloquearon y violentaron el vehículo en el que se trasladaba el rector Moisés Wasserman.  Lo que de allí se desató da para mucha tela que cortar (por las posteriores implicaciones y decisiones tomadas), pero por ahora basta resumir que el aprieto terminó con la (ahora tradicional) intervención policiva al mando del Presidente, que se impuso por encima del curso (mesurado) que había tomado el gobierno distrital [<a href="#2">2</a>].  ¿Qué era lo que pedían los manifestantes?  Más dinero para el presupuesto de la universidad.  ¿Cuál fue la respuesta del primer mandatario? Estamos tratando.  Y en verdad lo harían&#8212;o por lo menos, nos lo harían ver.</p>
<p>No casualmente, ese mismo 16 de octubre El Tiempo publicó un artículo [<a href="#3">3</a>] sobre la situación financiera de las universidades públicas y los prospectos de la educación superior citando un informe de la Contraloría en contraste con las cifras del Gobierno.  El artículo, irónicamente, cita entre otros rectores al mismo Wasserman (que no sabía que más tarde, unas &#8220;personas extrañas, que no parecían estudiantes,&#8221; lo iban a &#8220;secuestrar&#8221; por estar de acuerdo con él).  En el artículo los rectores argumentaban sobre el llamado colectivo de las universidades públicas por una mejor partida presupuestal en contraste con las exigencias mismas por las que estas tienen que responder ante la ley por cobertura y calidad.</p>
<p>Cinco días más tarde, durante la aprobación del presupuesto y mientras otros manifestantes más mesurados y acertados se agolpaban en la plaza de Bolívar, el Gobierno en cabeza del Ministro de Hacienda optó por adicionarle al presupuesto una cifra cercana a los 150.000 millones de pesos dirigida a la educación superior.  No tardaría mucho en saberse que en verdad eran solo 120.000 millones de pesos, y otros argumentaron que era aún menos que eso.  Rafael Pardo fue un paso más allá y dijo que el &#8220;Gobierno engañó a las universidades públicas y al Congreso&#8221; [<a href="#4">4</a>].  Los hechos se desarrollaron acompañados de más protestas, no sólo en Bogotá sino también en otras universidades del país [<a href="#5">5</a>,<a href="#6">6</a>,<a href="#7">7</a>].  Dos días más tarde la Ministra de Educación, entre la espada y la pared, puso la pelota de vuelta en el campo de las universidades a quienes les pidió más claridad en sus cuentas [<a href="#8">8</a>,<a href="#9">9</a>]. </p>
<p>Todo esto vino y se fue, porque en esta semana está todo el país hablando de nuevo sobre la reelección y la &#8220;intemporalidad&#8221; de la &#8220;norma superior&#8221; del Ministro Valencia Cossio [<a href="#10">10</a>].  Permanece sin embargo el problema de fondo, lo que nos trae de vuelta a la nota de El Espectador que cité al principio, y que el rector de la Universidad de Cundinamarca pone en palabras diáfanas: &#8220;no puede haber más plata para guerra que para educación&#8221; [<a href="#11">11</a>].  Más aun cuando el &#8220;Gobierno está gastando más rápido de lo que gana,&#8221; como lo reportó Semana [<a href="#12">12</a>].</p>
<p>Me acuerdo entonces de la campaña publicitaria de Davivienda que decía: &#8220;su dinero puede estar en el lugar equivocado.&#8221;  El problema es que no solo de hecho está en el lugar equivocado, sino que todo indica que está en las manos equivocadas&#8212;y pareciera no haber cómo quitárselos.</p>
<p>Otra memoria que se me cuela me hace recordar que de adolescente uno tenía esta expresión (que es una de esas tantas marcas que la violencia ha dejado en nuestro lenguaje) que decía, por ejemplo, &#8220;novio con carro mata novio con bicicleta.&#8221;  Puede uno entonces, al ver la siguiente gráfica, imaginarse que si la intención del presupuesto se cristaliza, el gasto en seguridad y defensa de nuevo superará al gasto en educaci&oacute;n, y entonces podremos decir que, casi literalmente, “plata para la guerra <em>mata</em> plata para la educación.”  (¡Qué no hablar de la tendencia histórica de la infraestructura, que me produce vértigo!) </p>
<p><a href="http://www.loblancolonegro.com/my_images/gasto_historico.png"></p>
<p style="text-align: center;">
<img style="padding:10px" src="http://www.loblancolonegro.com/my_images/gasto_historico.png" alt="Gasto histórico del Gobierno Central por rubros como porcentual del PIB" width="433" height="401" />
</p>
<p></a></p>
<p></ br><br />
</ br></p>
<h4>Vínculos citados:</h4>
<p><a name="1"></a>[1] <a href="http://www.elespectador.com/economia/articulo167967-recursos-seguridad-y-defensa-superaran-primera-vez-los-de-educacion">Recursos para seguridad y defensa superarán por primera vez los de educación</a>. </p>
<p><a name="2"></a>[2] <a href="http://www.elespectador.com/noticias/bogota/articulo167029-presidente-uribe-llega-universidad-nacional">Presidente Uribe llega a la Universidad Nacional</a>. </p>
<p><a name="3"></a>[3] <a href="http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-3671485">Presupuesto para la educación superior pública se queda corto</a>.</p>
<p><a name="4"></a>[4] <a href="http://www.eltiempo.com/elecciones2010/ARTICULO-WEB-PLANTILLA_NOTA_INTERIOR-6421248.html">&#8216;Gobierno engañó a las universidades públicas y al Congreso&#8217;: Rafael Pardo</a>.</p>
<p><a name="5"></a>[5] <a href="http://www.eltiempo.com/colombia/bogota/ARTICULO-WEB-PLANTILLA_NOTA_INTERIOR-6403047.html">Estudiantes marcharon por el presupuesto de las universidades públicas</a>.</p>
<p><a name="6"></a>[6] <a href="http://www.eltiempo.com/colombia/antioquia/ARTICULO-WEB-PLANTILLA_NOTA_INTERIOR-6415228.html">Se agudiza protesta en universidades públicas de Medellín</a>.</p>
<p><a name="7"></a>[7] <a href="http://www.eltiempo.com/colombia/antioquia/ARTICULO-WEB-PLANTILLA_NOTA_INTERIOR-6404749.html">Falta de presupuesto para universidades públicas ya causa desórdenes en Medellín</a>.</p>
<p><a name="8"></a>[8] <a href="http://www.eltiempo.com/vidadehoy/educacion/ARTICULO-WEB-PLANTILLA_NOTA_INTERIOR-6422688.html">Más claridad en sus cuentas pidió Ministra de Educación a universidades públicas</a>.</p>
<p><a name="9"></a>[9] <a href="http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-3682968">Ministra pide claridad a universidades</a>.</p>
<p><a name="10"></a>[10] <a href="http://www.elespectador.com/impreso/articuloimpreso168638-campanas-incertidumbre">Campañas en incertidumbre</a>.</p>
<p><a name="11"></a>[11] <a href="http://www.eltiempo.com/vidadehoy/educacion/no-puede-haber-mas-plata-para-guerra-que-para-educacion-adolfo-polo-solano_6402949-1">&#8216;No puede haber más plata para guerra que para educación&#8217;: Adolfo Polo Solano</a>.</p>
<p><a name="12"></a>[12] <a href="http://www.semana.com/noticias-economia/gobierno-esta-gastando-rapido-gana/130553.aspx">Gobierno está gastando más rápido de lo que gana</a>.</p>
<p></ br><br />
</ br></p>
<h4>Otros artículos de opinión al respecto:</h4>
<p>&#8211; <a href="http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/franciscocajiao/financiamiento-y-politica-en-la-u_6447288-1">Financiamiento y política en la U.</a>, por: Francisco Cajiao.</p>
<p>&#8211; <a href="http://www.elespectador.com/impreso/articuloimpreso169208-discusiones-deberian-ser">Las discusiones que deberían ser</a>, por: Moisés Wasserman.</p>
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		<title>Educación… ¿Superior?</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Jan 2008 21:47:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>

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		<description><![CDATA[Más pronto que tarde se expandirá a todas las universidades del país el nuevo modelo de programas de estudio a cuatro años para las carreras profesionales. Mi entender es que con esta nueva modalidad, las universidades buscan igualarse a nivel internacional y dar una nueva orientación a la educación superior en Colombia. Una que le [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Más pronto que tarde se expandirá a todas las universidades del país el nuevo modelo de programas de estudio a cuatro años para las carreras profesionales. Mi entender es que con esta nueva modalidad, las universidades buscan igualarse a nivel internacional y dar una nueva orientación a la educación superior en Colombia. Una que le permita a los nuevos profesionales empezar a ser productivos para el país, más rápido y a una edad más temprana. Pero este modelo no llega acompañado de cambios en otros campos de la educación superior ni de los gremios o la sociedad en general. No sabremos entonces si el objetivo se cumplirá, y los efectos colaterales en la estructura productiva y de empleo no están claros.</p>
<p><span id="more-6"></span></p>
<p>Aunque no conozco todos los detalles respecto a como este cambio se ha ido llevando a cabo, en los últimos dos años, varias universidades del país, quizás lideradas, como no lo es extraño, por la Universidad de los Andes, han comenzado a migrar los tradicionales programas de estudio de carreras profesionales de 5 años, a programas de 4 años. Esto pone a la universidades colombianas en sintonía con sus pares internacionales, especialmente con las instituciones estadounidenses, quienes son nuestro punto de comparación más inmediato y cercano. (Hago esta distinción puesto que este cambio no necesariamente nos pone en sintonía con Europa, dado que en el viejo continente el sistema de educación superior no es homogéneo. Concretamente, los modelos de España, Francia, Alemania e Inglaterra, difieren entre si, siendo este último el más cercano al modelo norteamericano y el español al nuestro.) Viene este cambio entonces en buena hora toda vez que la globalización es una realidad (ya casi del pasado) y nuestra estructura social requiere acomodarse no solo económicamente sino también como un todo, lo que por supuesto no deja por fuera la formación de profesionales.</p>
<p>Sin embargo, y aquí solo me referiré al caso estadounidense pues es el que conozco de manera más cercana, tres cosas hay que poner por delante: primero, el acompañamiento de la industria en el proceso educativo; segundo, la madurez de las instituciones (privadas y publicas; educativas y productivas) en la investigación; y tercero, el complemento y las alternativas educativas a diferentes escalas de formación (de oficios, técnica, de pregrado y posgrado—profesional o de investigación).</p>
<p>En el sistema estadounidense no existen los semestres de practica o industria. Por el contrario, y dado que el numero de semanas del calendario académico así lo permite, lo que ocurre es que la iniciativa por involucrar a los estudiantes de pregrado viene de la industria misma y no de las instituciones educativas. La dinámica es más o menos la siguiente: en los veranos (o vacaciones de mitad de año) los estudiantes se vinculan temporalmente a las empresas en un modelo de pasantías profesionales. Un estudiante de pregrado suficientemente inquieto, fácilmente tiene acceso en la industria local o nacional para vincularse laboralmente durante este descanso en el calendario académico, y de aplicar los conceptos aprendidos. Son entonces las empresas quienes corren con la responsabilidad de complementar la educación de los estudiantes de pregrado en aspectos técnico-prácticos que no son cubiertos en los programas cortos de 4 años. A la vez que la industria cumple con este papel, aprovecha esta oportunidad como parte del proceso natural de reclutamiento de personal calificado. Las prácticas como se entienden en Colombia nacieron como una respuesta por parte de las instituciones académicas y no al contrario, como debería serlo. Los programas cortos universitarios, pueden así descargarse de una serie de cursos de carácter aplicado y se concentran más en su verdadera misión, darle a los estudiantes los conceptos teóricos que constituyen el corazón de su formación profesional. Este sistema por supuesto, favorece a los estudiantes que están en los últimos dos años de carrera, las alternativas para los estudiantes en los dos primeros son el tomar cursos de verano o vincularse durante el verano, dentro de la universidad misma, a proyectos de investigación con sus profesores.</p>
<p>Siempre, claro esta, queda la oportunidad de descansar durante las vacaciones de mitad de año. Pero esto último de los cursos intersemestrales y los proyectos de investigación me lleva al segundo de los factores numerados anteriormente, la madurez de nuestras instituciones educativas. De entrada digamos que esta, en Colombia, solo unas pocas la tienen. Puedo enumerar de las que sé con riesgo de dejar algunas otras por fuera, pero en mis dedos caben la Universidad Nacional (sedes Bogotá y quizás Medellín), La Universidad de Antioquia, y la Universidad de Los Andes. Por fuera de este selecto grupo, los niveles de investigación en Colombia son mínimos y además limitados, dada la falta de visión que ha tenido el estado respecto a la asignación y distribución de recursos, y dada la indiferencia del sector privado respecto al acompañamiento a la educación, puesto que ignora el potencial en beneficios que esto le permitiría recaudar. El estado quizás pueda esgrimir la excusa de que otros sectores apremian más (cosa que no comparto), pero la industria en su mayoría se ha dedicado equívocamente a la importación de conocimiento. Los efectos de esto último, ocasionando un completo desligamiento de nuestros recursos y capacidades de la actividad productiva del país. El resultado, solo para citar un caso, es la casi totalmente desindustrializada forma que tenemos de explotar los recursos agrícolas del país. La inmadurez del modelo de educación superior se ve entonces reflejada en la creación de una base profesional que no va en sintonía con las necesidades del país y por lo tanto termina contribuyendo al desazón de sus graduandos y consecuente desempleo, o en el mejor de los casos, si es que a esto se le puede decir mejor, termina generando la devaluación de la actividad profesional. Esto, en cristiano, se traduce en un ingeniero ganando el salario de un tecnólogo, el tecnólogo con el salario de un trabajador de oficios, y el de oficios sumergido en la pobreza. El que tenga una maestría ganará como profesional, y el que tenga un doctorado, emigrará, o con suerte, conseguirá una plaza de profesor en una universidad, se verá reducido a la cátedra y olvidará la investigación para la cual no contó con recursos. Lo que me lleva al último de mis enumerados, el complemento y las alternativas educativas a diferentes escalas de formación.</p>
<p>Recuerdo que cuando me encontraba estudiando ingeniería civil en Medellín, alrededor de 2001 ó 2002, el Politécnico anuncio que iba a eliminar sus programas técnicos y que había solicitado, con éxito, el necesario permiso del Ministerio de Educación para elevar sus programas al nivel de carreras profesionales. Como resultado, los estudiantes de tecnología en construcción pasarían a ser estudiantes de ingeniería civil. La consecuencia a largo plazo? Desconocida. No dudo en ningún momento que la calidad de la educación ofrecida en el Politécnico no fuera digna de elevar su estatus. Pero dudo sí, que el ministerio haya evaluado seriamente el como sustituir el vacío creado en el sistema. La consecuencia de el no haberlo hecho fue entonces que las opciones se redujeron a: estudiar albañilería en el SENA, o ingeniería en la Universidad Nacional, la Medellín, EAFIT o la Escuela de Ingeniería de Antioquia. Se imaginarán entonces el efecto a la vuelta de cinco años que esto tuvo en los salarios profesionales de los ingenieros. Profesionales se volvieron técnicos, y los técnicos? No se. El efecto hacia abajo, ya explicado, el efecto hacia arriba: “Mijo, estudie una especialización, porque hoy ser profesional ya no paga”. ¿Y cómo se combinan en nuestras universidad las especializaciones con las maestrías? ¿Tenemos que hacer una tesis? Ofrezcamos entonces las maestrías profesionales que son sólo de materias, y las maestrías de investigación que si requieren tesis. ¿Y en dónde se hace investigación en Colombia? Solo en unas cuantas universidades. ¿Pero para que hacer una maestría de investigación si la de solo materias me da el mismo título? Y si quiero un mejor salario, lo que le va a importar a la empresa es mi título, ya que como la industria no invierte en investigación en la universidades, desconoce por completo el valor de una maestría con una tesis resultado de investigación. El círculo sin fin ya les queda claro.</p>
<p>Se equivocan las universidades al proponerlo, y se equivoca el Ministerio de Educación al aprobarlo. Los programas a cuatro años no son buenos ni malos, ni mejores ni peores que los de cinco. El punto final siendo que no sólo basta con poner a la par con el mundo la duración de los programas de formación profesional. Hay que poner a la par el sistema completo. Hay que recuperar la formación de tecnólogos en el país para que la brecha entre oficios y profesiones no se agrande. Hay que ofrecer modelos completos que favorezcan a quienes comienzan tanto como a quienes terminan. Hay que darle el valor apropiado a los estudios de posgrado y las herramientas para que, especialmente las maestrías, no se conviertan en una alternativa de remembranza a los programas antiguos de cinco años. Hay que involucrar al sector productivo con la educación e impulsar la financiación de investigación con recursos privados y públicos, y con ello de paso, y más importante aun, crear los instrumentos necesarios para evitar la continuada diáspora de cerebros en Colombia.</p>
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