Uno de vez en cuando llega al mercado y le han cambiado las cosas de lugar. Cuando yo era niño, en la mayoría de los supermercados, los enlatados estaban todos juntos, sin importar si eran frutas en almibar, verduras, sopas; todo lo que viniera en hojalata estaba clasificado en el mismo corredor. Ahora, en cambio, las sopas todas van en un mismo lugar, las de sobre y las de lata unas junto a las otras están en un solo corredor; y las frutas enlatadas van con las mermeladas embasadas en vidrio en otro corredor aparte. Hoy también se acostumbra que el orden de los corredores vaya con el orden de las comidas. Así que todo lo que esté relacionado con el desayuno va más o menos junto y al principio, y lo que sea de fiesta y parranda, va por el final y aparte. Todo esto sucedió casi sin que yo me diera cuenta, pero siempre con una constante: todos los cambios, mejoras y reacomodos los hicieron de noche y me cambiaron el orden de hacer las cosas para el siguiente mercado. Pero lo sabe quien haya tenido tienda, y quien no también, que los supermercados hacen estos cambios de noche en procura de minimizar el impacto que puedan tener en sus clientes durante el día.
En política, y mejor, en el ejercicio legislativo, sin embargo, los cambios hechos de noche, aun cuando estén dentro de la legalidad, y aun si fuesen por el bienestar común, me incomodan mucho más que los de la distribución de los enlatados en las tiendas de mercado. A pesar de que no es la primera vez, no me acostumbro aun a la idea de que uno se acueste con el país en un estado de orden y se levante con él en otro. Así pues, el miércoles 17 de diciembre, los colombianos amanecimos de nuevo con la posibilidad del referendo por la reelección. Un referendo que hasta la noche del 16 andaba embolatado.
Continúa…
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