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	<title>Opinión Personal &#187; Ricardo Taborda</title>
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	<description>Casa Editorial Lo Blanco &#38; Lo Negro</description>
	<lastBuildDate>Fri, 15 Jul 2011 16:18:10 +0000</lastBuildDate>
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		<title>Argumentos por el futuro del Partido Verde</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jul 2011 16:10:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>En medio del revuelo que originó la salida de Antanas Mockus del partido verde participé de múltiples discusiones en las que se escuchaban argumentos de parte y parte sobre si partir aguas y continuar remando dentro del partido.  Luego de la pausa, llegué a la decisión de seguir apoyando al Partido Verde&#8212;o al menos, a parte de el.  Por tanto, a continuación les comparto unos apartes de una más extensa opinión que preparé en conversación con algunos amigos de reflexión política sobre esta coyuntura pasada, presente, y esperemos, no por mucho, futura.  </p>
<p>(La edición respecto al original fue mínima, y principalmente con el fin de dar anonimato a mi contraparte, por lo tanto espero sean generosos en la lectura.)</p>
<p>I. </p>
<p>Como dijera Álvaro Gómez, hay que primero ponernos de acuerdo sobre “lo fundamental”. Así que, mis premisas son:</p>
<p>1. Sigo estando de acuerdo en que el Partido Verde debía y debe buscar alianzas.  No veo porque las alianzas tengan que considerarse un debilitamiento del proceso de consolidación ideológica de un partido en formación, puesto que, por el contrario,</p>
<p>2. el proceso de las alianzas ayuda también a la construcción de las ideologías y programas tan necesarios en un partido político.</p>
<p><span id="more-436"></span></p>
<p>3. Creo sí que para esas alianzas debían haberse establecido unos procedimientos claros, metas concretas; y ambas cosas, por encima de todo, debían comunicarse apropiadamente.</p>
<p>4. Según lo entiendo, estos procedimientos existen pero no se han sabido proyectar a la audiencia. Lo que entonces, desconociendo los pormenores de todas las demás regiones, evidencia que estas premisas no se cumplieron en Bogotá. </p>
<p>5. Esto ha agravado el desarrollo de una alianza (la de Peñalosa) que yo, personalmente, considero inconveniente.  Puesto que&#8230;</p>
<p>6. creo que no era necesaria la unión oficial entre el Partido de la U y el Partido Verde para que este último pueda tener éxito en la competencia por la alcaldía de Bogota.  Las condiciones eran favorables y el respaldo más visible (si en verdad deseado) no tenía porque hacerse oficial.  Hacerlo, era sí una fórmula segura para generar problemas internos—como evidentemente sucedió.</p>
<p>7. Creo sin embargo que, secundando la opinión de <a href="http://www.lafm.com.co/audios/audios/10-06-11/sergio-fajardo-asegur-que-antanas-mockus-se-equivoc-y-cometi-un-gran-error-al">Fajardo</a>, la salida de Antanas fue un grave error que le costara mucho a el y al Partido Verde&#8212;pero este último tampoco tantísimo como los medios y el pánico instantáneo han sugerido.</p>
<p>8. Coeherente con este concepto he decidido quedarme (siendo parte del Partido Verde) aun cuando&#8230;</p>
<p>9. No soy amante de la forma como trabaja electoralmente Peñalosa&#8230;</p>
<p>10. Aunque le creo muy capaz como administrador de lo público.</p>
<p>11. Creo que con el mismo argumento que Antanas ha sustentado la necesidad de la existencia de partidos como el Polo, el Partido Verde, el Partido de Unidad Nacional, el Partido Liberal y el Partido Conservador en Colombia, puede uno argumentar que al interior del Partido Verde se necesita la existencia también de múltiples facciones. No hay necesidad de dividir el Partido Verde, o retirarse de el, pero sí hay que estar enormemente dispuestos a que no siempre la facción de la preferencia de cada quien esté a la cabeza. Hoy, la facción que parece tener fuerza en Bogotá, no es la de mis amores, pero sí lo es la de Antioquia&#8212;que espero algún día prevalezca a nivel nacional.</p>
<p>12. Por eso entonces comparto y acompaño la determinación de Fajardo de quedarse y quedarme yo, para seguir construyendo sobre el camino recorrido, pero admito de nuevo que&#8230;</p>
<p>13. creo que el asunto de Bogota ha sido muy mal manejado por todas las partes envueltas (y lo continua siendo). </p>
<p>14. Y al mismo tiempo pienso que es un asunto de menor tamaño del que se le da, que hay otras urgencias de igual importancia que atender que requieren la disciplina de quedarse a trabajar desde dentro con miras a una más grande Colombia que no se limite a los problemas capitalinos.</p>
<p>15. Esto en parte demuestra y le da la razón a nuestros críticos en el sentido de que tanto Mockus como Peñalosa no logran salirse de su pequeño universo distrital, que, importante como lo es, no lo es todo.</p>
<p>16. Nos mete a todos además en uno de los pantanos que han impedido el bienestar de la nación, el centralismo.</p>
<p>17. Por lo tanto, acompañar a Fajardo se me hace doblemente interesante pues implica respaldar la esperanza de que personas como el (desde las alcaldías y gobernaciones provinciales) también pueden enfrentar los problemas rurales&#8212;por los que, estoy convencido, pasan todos los caminos que conduzcan al futuro de una mejor Colombia.</p>
<p>18. Y por ultimo, en esta primera parte, creo que, y esto es importantísimo, estas argumentaciones para nada me ponen a mi como individuo o militante de un partido en una segunda categoría en la escala de principios y convicciones. </p>
<p>19. Y recíprocamente creo que hay gente con principios y convicciones igualmente dignas a como yo creo las mías en todos los demás partidos y facciones dentro de estos mismos en Colombia.</p>
<p>II. (&#8230;)</p>
<p>III. (&#8230;)</p>
<p>IV. (&#8230;)</p>
<p>V.</p>
<p>Dado lo anterior, en referencia a lo político, queda por decir lo siguiente.</p>
<p>1. Estoy convencido de que solo podemos trascender la problemática colombiana si enfrentamos lo rural.</p>
<p>2. Creo además que las candidaturas puramente independientes en Colombia en los próximos 20 años seguirán limitadas en gran medida a los grandes centros urbanos.</p>
<p>3. En consecuencia, creo que cualquier proyecto político de carácter regional o nacional requiere del respaldo de una colectividad o partido político establecido a través de un trabajo primario al nivel de concejos, alcaldías, etc.</p>
<p>4. Por tanto creo que Antanas y Peñalosa, cada quien por su lado, son personajes atrapados en la urbe y que&#8230;</p>
<p>5. el éxito de la ‘ola verde’, como espontánea erupción electoral, no podrá repetirse en los próximos 3 o 4 ciclos electorales.</p>
<p>6. Luego entonces, es infantil aferrarse al ideal de que ‘ola verde’ es por si sola algo que deba protegerse como institución&#8212;que no lo es, como sí lo es el Partido Verde.</p>
<p>7. Se hace necesario entonces un trabajo paciente, serio, perseverante en torno al partido. Y ese trabajo debe estar orientado hacia el fortalecimiento de un aparato político y electoral que permita llegar al poder sin perder la norte de los principios de honestidad y transparencia.</p>
<p>8. Creo que los partidos tradicionales (el Liberal y el Conservador) y el Polo y la U arrastran cada cual un pasado enorme (aun cuando los dos últimos sean partidos “jóvenes” en el papel).  Sus líderes naturales, estén dentro o fuera de ellos, seguirán siendo presa de ese pasado que es lastre inevitable en el ejercicio del poder&#8212;camino inevitable por el que continuaran circulando la corrupción y la ilegalidad.</p>
<p>10. De acuerdo con esto, dadas las recientes coyunturas, y manteniendo una mirada pragmática de todo lo anteriormente dicho, el mejor chance que tenemos hoy de una alternancia programática dentro del aparato democrático colombiano sigue siendo el Partido Verde.</p>
<p>11. Destinados otros actores independientes y no independientes a desvanecerse con el paso del tiempo, y dado que dentro de la palestra de líderes de origen independiente, la mayoría ha autolimitado su campo de acción a lo local, mi visión a futuro es que Fajardo sigue representado la mejor opción regional y nacional&#8212;y estoy hablando de los próximos 8, o incluso 12, años.</p>
<p>12.  Por tanto, lograr que el y su equipo tengan éxito en Antioquia y prevalezcan en el Partido Verde es fundamental. Fundamental.</p>
<p>(y termine esta misiva firmada el 23 de junio con)</p>
<p>Un abrazo,</p>
<p>&#8211;Ricardo</p>
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		<title>Reflexiones Tardías</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jul 2011 15:12:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace tres meses me senté y escribí algo muy similar a lo que sigue. Lo deje reposar por un rato más largo de lo que hubiera querido pero esta semana lo retomé con el objetivo de darle clausura luego de unos días, semanas en verdad, de repasar la temática una y otra vez en tardes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace tres meses me senté y escribí algo muy similar a lo que sigue.  Lo deje reposar por un rato más largo de lo que hubiera querido pero esta semana lo retomé con el objetivo de darle clausura luego de unos días, semanas en verdad, de repasar la temática una y otra vez en tardes de divagaciones contusionadas por los golpes de la actualidad política de los últimos meses. Arrancaba pues preguntándome:</p>
<p>¿Cómo conciliar los principios y conceptos ideológicos básicos con el pragmatismo necesario en la política? </p>
<p><span id="more-433"></span></p>
<p>En el 2008 y a lo largo de los dos años siguientes, durante y luego del entusiasmo y la revitalizadora campaña electoral de Obama, los éxitos del equipo de Fajardo en Medellín y la campaña del Partido Verde por la presidencia de Colombia, me encontré en medio de desilusiones por punta y punta.  Poco esperanzado en el medio. </p>
<p>Obama más allá de éxitos o fracasos, parece ser presa cada día más y más de su aproximación tecnócrata a la solución de problemas y de una contraparte irracional a toda argumentación que no satisfaga la pataleta republicana. Por momentos máxima encarnación de la pausa, el sopeso, la cautela, el presidente estadounidense se aleja al acelerado ritmo del tiempo de ese constituyente que cautivó con la voz que clamaba enfrentar sin temor ni cálculo político los problemas a los que el sentido común clama no postergar más.  Por su parte, los (ex)lideres verdes caminan (y finalmente han llegado) al punto en que se hallan atrapados en su propia red, la que tan pacientemente habían tejido por años.  Irónicamente, su obra maestra de transparencia y buenos hábitos se les ha convertido en palacio y calabozo.  Los ha hecho sujetos del pasado y presas fáciles del futuro.  </p>
<p>La realidad de la política, la necesidad tácita de acceso al poder,  los principios y convicciones sobre y alrededor de los cuales se fundamenta el accionar de estos líderes innovadores se ven enfrentados cara a cara en un espejo que les exige adaptarse a un mundo que es suyo tanto como a la vez les es ajeno.  ¿Cómo hacer aceptable la ambición legítima del poder a la vez que se requiere la toma de medidas (aparentemente) contrarias a la génesis de sus liderazgos?  Esta es una pregunta necesaria; lo es más aun, encontrar la respuesta&#8212;sin perder los votos.</p>
<p>Los maestros en hacer uso de las más novedosas herramientas de comunicación han fracasado en ese talento que les hiciera especiales. Han demostrado tener inmensas discapacidades para comunicar ideas. ¡Quién hubiera pensado que tendríamos que decirlo!  </p>
<p>En un momento histórico en el que la tecnología parece estar convergiendo con algunas de las más básicas aspiraciones humanas, estos líderes, la gran esperanza, cometen errores de mensaje que no son pocos, no son menos graves, y no se ve como los vayan a mejorar en el corto o mediano plazo.  El choque constante en el que se les descubre a diario en un debate interno por conciliar planes establecidos con el entorno cambiante, principios rígidos con las necesidades pragmáticas que exige el mundo político, un liderazgo en extremo reflexivo y sesudo, pero a menudo corto de arrojo y decisión, son continuos golpes contra muros que parecen no romperse jamás.  El ruido que retumba de ese golpetear se propaga por doquier y a su paso aliena a seguidores y electores, crea un una niebla alrededor de las certezas, aleja las posibilidades, mata las esperanzas.</p>
<p>En el caso particular colombiano, es claro que las minorías no lograrán el poder sin el necesario actuar en conjunto con otras fuerzas políticas en competencia.  Pero con esas otras fuerzas no siempre se puede estar en total acuerdo e introduce ruido en la aproximación el hecho de que dentro de ellas siempre esta latente la presencia de personas de dudoso carácter o actuar. </p>
<p>Galopante viene entonces persiguiéndoles desde el pasado el discurso en contra de lo que se entiende como tradicional, como viciadas prácticas comunes.  Ello, sin embargo, no es más que el quehacer mismo de la política: negociar, ceder, pactar, dejar ir, obtener, poder. Esa que fuera la diferencia que catapultó el éxito desde la alternancia independiente, esta ahora enfrentada con el un mundo a partir del cual se habían definido como diferentes&#8212;hoy, en el fondo, pares. Unos iguales a la espera por ser reconocidos, legitimados.  Legitimados, en primer logar, por los otros actores ya establecidos con los que se hace necesario interactuar; y, en segundo lugar, por el electorado mismo.</p>
<p>De repente pareciera que está puesto en duda el espíritu de la fuerza que permitió el ascenso (inconcluso) de estos nuevos líderes al escenario político.  Hoy ese espíritu se enfrenta con problemas prácticos en la estructuración de un esquema duradero y en la ejecución de un plan certero que permita consolidar ese anhelado acceso al poder y preparar de forma acorde el terreno para el ejercicio del mismo.</p>
<p>Se requiere arrojo.  Decisión.  Liderazgo.  Pero a la vez prima la pausa, el estudio delicado de la situación, la preparación sistemática. Se requieren también método, organización, y gente comprometida a fondo. Corresponde entonces ponderar prioridades sobre la ruta y navegar las aguas día y noche sin descanso, con el mando firme de una mano lista a dar timón cuando la situación así lo demande, pero con el octante y la mirada fija el cielo infinito de la noche y las estrellas que demarcan el rumbo final sin importar la tormenta o el pirata. </p>
<p>Pero será un error interpretar esa mano como la de uno o unos pocos individuos: si algo ha fallado en el quehacer de esos nuevos líderes míticos, ese algo somos también todos nosotros&#8212;sus seguidores.  Hay falencias claras&#8212;arriba y abajo.  Y lo peor que podemos hacer es no actuar, ellos demostrando que son capaces de tener un mejor desempeño en lo que hacen, y nosotros, ejerciendo la presión que les de la fuerza para tomar las decisiones necesarias.</p>
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		<title>Comentario</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Jul 2011 14:36:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Conflicto Armado]]></category>
		<category><![CDATA[Ejercicio Ciudadano]]></category>
		<category><![CDATA[Notas Cortas]]></category>

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		<description><![CDATA[Comparto mi comentario sobre este artículo publicado en El Cubo, por Daniel Márquez. Estimado Daniel, Estoy de acuerdo en resaltar la valentía de numerosos colombianos. No estoy muy convencido, sin embargo, de que el no hablar de las personas que citas al principio de los tres párrafos intermedios nos sea directamente beneficioso, o nos depare [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Comparto mi comentario sobre este <a href="http://elcubo.com.co/2011/06/valentia/">artículo</a> publicado en El Cubo, por Daniel Márquez.</p>
<p>Estimado Daniel, </p>
<p>Estoy de acuerdo en resaltar la valentía de numerosos colombianos.  No estoy muy convencido, sin embargo, de que el no hablar de las personas que citas al principio de los tres párrafos intermedios nos sea directamente beneficioso, o nos depare mejores enseñanzas. Además, está la dificultad que tengo por entender la valentía como un valor exclusivo de los actores legales. Por supuesto, y esto no lo digo yo, la historia la escribirán quienes ostenten el poder. Por tanto, ya que dudo que en el futuro de Colombia haya un giro que altere el marco actual de manera trascendental, de una forma u otra, el ideal que plasmas en el articulo está garantizado. Luego entonces, podremos descansar tranquilos&#8212;si es que así lo queremos. Sin embargo, supongo que para mi, como para otros quienes nos rehusamos a aceptar las visiones monocromáticas de la nación colombiana y sus conflictos, hay en el artículo un implícito que se dificulta compartir: la marginación del &#8216;otro&#8217;, la negacion, casi, de esa contraparte en los múltiples dramas que se entrelazan en la historia reciente (y la no ya no tan reciente) de Colombia. Dicha negación, soy un convencido de ello, sólo nos garantiza ciclos eternos de agonía, remolinos sin salida. Mejor haríamos en remar contracorriente.  </p>
<p>En el cierre, además, hay una imprecisión sobre el fenómeno de migración en el país. Me refiero a ambas, la migración interna forzada, o desplazamientos, y la migración hacia el exterior, o diáspora. Ambas con efectos tremendos en la sociedad y la economía del país.  Curiosa y especialmente si consideramos que durante las dos décadas en que tus anti-valientes regían en la anti-legalidad colombiana fueron precisamente las que vieron crecer considerablemente la salida (incluso no directamente forzada) de ‘nuestros padres’. Aún más, yendo un poco mas allá, independientemente del asunto de quedarse a &#8216;criar retoños&#8217; en Colombia o no, hay un fenómeno social que lo que refleja es, por el contrario, una falta de valentía generalizada. Por ello hago referencia al hecho de que por muchos años ya, los colombianos en general&#8212;pero con mayor corresponsabilidad, la clase media, media-alta y alta&#8212;nos hemos hecho, en el mejor de los casos: ajenos, o de plano: ignorado, omitido, dejado a un lado, los procesos políticos y sociales en los cuales se ha engendrado y continuadamente, reciclado múltiples veces, el fenómeno de violencia e ilegalidad en la que ha estado sumergida la nación ya por mucho tiempo. Peor aún, hemos abonado y gestado esa violencia e ilegalidad de maneras que ya nos resultan casi invisibles en nuestra vida diaria. Y en ello, nuestra cobardía colectiva lo que ha hecho es crear el escenario perfecto para entregarle el país y sus (muchas o pocas) riquezas a unos pocos para que se las disputen a sangre y fuego, o, simplemente, para que se las devoren y embolsen en nuestras narices. </p>
<p>De todos modos: chévere el articulo! A fin de cuentas hace algo que tiene merito, responde a lo que la audiencia quiere leer, lo cual lo hace atractivo y, por que no: regocijante. Perfecto para mis <a href="http://www.loblancolonegro.com/2011/01/flores-que-adornan-el-jardin/">&#8216;gordos&#8217;</a> aquellos que alguna vez me confesaste nunca me lograste entender.</p>
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		<title>Flores que adornan el jardín</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Jan 2011 04:42:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ejercicio Ciudadano]]></category>

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		<description><![CDATA[A ratos pienso que pereza me da ver a Medellín con tanto gordo. Y no me refiero a los de Botero en el museo de Antioquia o en el centro de la ciudad a la intemperie&#8212;que igual no son gordos sino exploraciones al exceso de volumen; me refiero a todos esos conocidos con los que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A ratos pienso que pereza me da ver a Medellín con tanto gordo.  Y no me refiero a los de Botero en el museo de Antioquia o en el centro de la ciudad a la intemperie&#8212;que igual no son gordos sino exploraciones al exceso de volumen; me refiero a todos esos conocidos con los que me veo forzado a encontrarme en las calles y parques selectos y excluyentes a los que se me obliga acudir&#8212;para poder ser reconocido y aceptado por una sociedad que no reconoce, ni acepta nada que la obligue a detenerse a pensarse, o simplemente a pensar. En Medellín uno siente que la ciudad no acepta nada que la ciudad misma no engendre para repetirse cada vez más parroquial, más pueblerina, más chica en su infierno grande.  A Medellín, esos gordos conocidos míos, la maquillan cada vez más de gran urbe&#8212;para alimentar un orgullo de pujanza que solo le sirve a unos pocos&#8212;pero que pareciera cada vez la hacen mas pequeña, más tacita en vez de taza, que brilla con (su baño) de plata&#8212;por fuera, pero aun de cobre por dentro.</p>
<p><span id="more-414"></span></p>
<p>Y mientras estos conocidos míos se engordan más y más, otros, muchos más, y menos gordos, (o gordos simplemente de comer los sobrados de los primeros,) se apeñuscan en los extremos&#8212;verdaderos secuestrados en la selva urbana sin oportunidad.</p>
<p>Esos gordos a los que me refiero, todos ellos, antes eran flacos; antes, cuando&#8212;hace tiempo ya&#8212;los conocí y compartí con ellos. (Claro, ahora con un tris más de madurez empiezo a comprender por qué fue que nunca tuve amigos de esos de camada, de patota, de los que andan hablando duro y a risotadas; presuntuosos de la seguridad que se prestan unos a otros; auto halagándose, mirándose el ombligo, alimentándose entre sí, engordándose.)  Y es que en la última década&#8212;o conforme hemos envejecido, esos gordos a los que me refiero parecen haber engordado cada vez más, en exceso; particularmente se los noto yo en la papada, las mejillas, los cachetes. (La barriga, no sea que vayan a perder el atractivo, bien que la esconden.)</p>
<p>En estos últimos diez años&#8212;quizás solo los de mi vida, no necesariamente los de la historia&#8212;cada vez que visito Medellín, bien sea de manera física o virtual, los veo pues a todos más gordos, más establemente gordos.  (¿Será simplemente la edad?  No creo.  Me reuso.  Yo también acuso mi deseo de permanecer joven y bello.)  Pero de nuevo, que vaina, valga la pena otra vez aclararlo: no es que los vea obesos.  No, no es una gordura de mala nutrición, o malos hábitos alimenticios.  Sin saber yo de dietas, creo que no es una gordura de exceso de grasas, o harinas, o calorías.  No.  Estos conocidos míos no están gordos de comer solo papas, frijoles, o arroz, (o los ñervos que sobran cuando arreglan la carne en la casa del patrón.)  No.  Esta es una gordura de otro tipo.  Es una gordura sabrosa.  Atractiva.  Deseada.</p>
<p>Y que se entienda bien que no estoy hablando figurativamente.  Estos personajes en verdad&#8212;aunque sea solo un poco, y que aun así no les excuso&#8212;están subidos de peso.  Quizás entonces abuso de la palabra: gordos.  Mis paisanos en cuestión están, sea mejor dicho: rellenos.  Están, como dijeran en México: bien a gusto.  Satisfechos.  Repuestos; ah no, no necesariamente habían perdido peso, entonces mejor simplemente: bien puestos, buenos mozos.  Comen a las siete de la noche, (una cena que no prepararon ellos,) viendo las noticias&#8212;llenas de imágenes e historias de cómo nos han robado y desangrado el país.  Y con todo y eso, tienen espacio para el postre.</p>
<p>No voy a decir que están gordos como los ricos.  A muchos de estos conocidos míos acaso si les alcanza para llevar una vida decente&#8212;aunque en el propio espejismo de comodidades que se han construido no se den cuenta de ello.  Parecieran estar un poco atragantados, y con ya más que suficiente maíz en el guargüero, lo que hay de más se lo van tragando entero.  Por un lado, han desechado todos su sueños, en un proceso que casi podría catalogarse de autohipnosis colectiva, ante un espejismo de seguridad inútil. Les recuerdo mucho más ávidos y proactivos, cuando vivían con un poco más de miedo (el miedo a que no les dejaran llegar allí, violentamente o no; o el miedo a que ellos mismo no lograsen llegar allí, al sueño que construíamos todos.)  Por el otro lado, se han acomodado, se han apoltronado ahí en el banquito estrecho que les han dejado (los que nos siguen robando todo); pero se sientan en el banquito en una pose en la que quisieran dar la impresión de que el minúsculo mueble les es suficientemente cómodo&#8212;como de primera clase. Ya ni se dan cuenta que cada uno entre sí pone la línea que los justifica (económica y socialmente), justo un tris por debajo de ellos mismos. Entonces se empujan hacia abajo los unos a los otros.  Siempre salvándose <em>al pesar</em> de otros.</p>
<p>Estos conocidos míos se andan comiendo la morcilla que pareciera ser Colombia: un relleno de gente dura, ablandada a punta de fuego lento, todos revueltos con sangre&#8212;algunos mas untados que otros&#8212;y embutidos en un cuero intestinal, que luego se echa a fritar a la temperatura justa para que, una vez que cocidos se engorden, de todas formas no vaya a explotar el embutido.  Los únicos granos que se logran salvar, los que permanecen tostaditos y flacos, son los de los extremos abiertos&#8212;pero rechinados por el aceite ardiendo.  Por lo demás, estos conocidos míos se andan, literalmente, comiéndose a sí mismos en esta fritanga sabrosa que los tiene a gusto y cachetones a punta de seguridad y prosperidad&#8212;de la democrática, claro está.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>En un libro leí hace un rato ya una mala-buena definición para diferenciar entre la gente con pensamiento de izquierda o de derecha.  Aquellos que se encuentran a si mismos físicamente cautivos de los demás y sus infortunios, pertenecen a la izquierda. Son quienes no reparan en entrar en la mente y el corazón del otro. Se saben ocupando un lugar en la sociedad y la historia, en el espacio y el tiempo, que le deben a los demás, que no les es propio.  Mientras que aquellos que se distancian de tales preocupaciones y abstracciones, aquellos que no tienen la intención, bajo ninguna circunstancia, de tomar el lugar de sufrimiento del otro, los hombres de su propio tiempo, quienes labran su propio camino, pertenecen a la derecha.  Sin espacio para el mal espíritu que genera el pensar en el pesar del otro, no hay por qué preocuparse por ser el protector del hermano. Aquel espacio y tiempo, les es suyo.  No le deben nada a nadie.  No sienten necesidad alguna por ver lo que han conseguido por cuenta propia, herencia, o destino, en el contexto de la sociedad como un todo.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>Ahora que pienso en el par de amigos que me quedan en Medellín, caigo en cuenta que ambos son mas bien flacos.  Uno es pequeño y de figura langaruta.  El otro es alto, flaco y narizón; y ambos tienen sonrisas que llevo siempre conmigo.</p>
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		<title>De frutos silvestres no se da prosperidad</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Nov 2010 04:37:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[Gobierno Actual]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Durante la pasada campaña presidencial, Juan Manuel Santos hizo repetida alusión al talento de los colombianos. En pasajes en foros, debates, o discursos, decía Santos que algunos de los aspectos que abanderaba su más cercano competidor en la carrera presidencial, no le preocupaban tanto como la continuidad en materia de seguridad, puesto que sólo dándose [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Durante la pasada campaña presidencial, Juan Manuel Santos hizo repetida alusión al talento de los colombianos.  En pasajes en foros, debates, o discursos, decía Santos que algunos de los aspectos que abanderaba su más cercano competidor en la carrera presidencial, no le preocupaban tanto como la continuidad en materia de seguridad, puesto que sólo dándose esta y la estabilidad fiscal (que garantizaba el no subir impuestos), se podría continuar facilitando la inyección de capital (nacional y extranjero) que, al encontrar el terreno abonado para explotar el talento, que en Colombia, según Santos, se da “de manera espontánea, casi silvestre,” nos han de dar a todos, como por arte de magia, un país más prospero.  Prosperidad democrática.  </p>
<p><span id="more-404"></span></p>
<p>Independientemente de los matices políticos de la campaña presidencial, que en lo superficial, poco importan, en el fondo evidencian un problema social delicado: el valor que le damos a los proyectos que requieren una inversión planeada delicadamente de principio a fin, es menor que el que se le da a la explotación de los productos en bruto, lo que nos reduce unicamente a la explotación de lo silvestre, de lo que cuelgue del árbol que haya sembrado y abonado otro, quien, seguramente, sobra decirlo, si sabe sacarle todo el jugo a la fruta. </p>
<p>En Colombia no existe concentración alguna de cosas como el talento.  Tampoco la existe en ninguna otra parte del mundo.  Esto incluso se debe poder demostrar estadísticamente. En Colombia, así como en cualquier otro país, sin importar clasificación geográfica o sociopolítica alguna, las singularidades que hacen que alguien tenga una ventaja física, muscular o cerebral, que le predisponga genéticamente sobre los demás, tiene una distribución más o menos normal.  Es decir, no hay país alguno con más talento que otro. El número per capita de genios (en lo que sea) al momento de nacer debe ser, en promedio, el mismo aquí y en el extremo opuesto del planeta. Más importante aún: nos está completamente fuera de control.</p>
<p>Por el contrario, sobre las condiciones socioeconómicas que acompañen a dichos individuos desde el momento de nacer hasta la instancia en que entren a ser agentes productivos en la sociedad, si tenemos algún grado de control.  Y lo que en verdad hace la diferencia, es la manera como se pueden potenciar esas singularidades.  Con entrenamiento temprano, permanente, sistemático y orientado a objetivos acordes con las condiciones de su entorno.</p>
<p>La figura ficticia que nos han pintado sobre la cual nosotros simplemente tendríamos que aportar el talento, y todo el trabajo delicado y concienzudo, que requiere de mucho tiempo y dedicación, desarrollo e investigación, vendría desde afuera para potenciar esas supuestas facultades con las que, según algunos, Colombia es favorecida por encima de la media, es una falacia.  Una más entre tantas mentiras atractivas en las cuales y de las cuales hemos vivido por décadas. Un mensaje de esperanza vacío para los habitantes de una tierra en la que, sin abono, ni arado, ni riego, nunca crecerán mágicamente los anhelados frutos de alta calidad que creemos merecer&#8212;pero en verdad no merecemos porque seguimos desatendiendo las tareas necesarias para ello.</p>
<p>Es una posición ingenua pensar que quienes sí han hecho esas inversiones tempranas y sistemáticas, vayan a, de cuenta de una generosidad inimaginable, cedernos los frutos de su inversión, sólo a razón de que nosotros aportemos el talento que supuestamente tenemos en exceso, o las generosidades de la naturaleza que, a fin de cuentas, son finitas.</p>
<p>Lo que si sucede, ha sucedido, y seguirá sucediendo.  Es que quienes tienen los medios, sean nacionales o extranjeros, sea que ya estén aquí o vengan de otra parte, utilizarán el capital que ellos sí han cultivado con cuidado y en detalle, para explotar al máximo y para su propio beneficio, lo que haya en nuestro entorno&#8212;bien sea silvestre, espontáneo, o no.</p>
<p>En un país en el que se veneran las singularidades estadísticas genéticas que contradicen todo lo por contradecir: deportistas que nacidos en los peores entornos, que habiendo crecido en las peores condiciones, desafían todas las probabilidades para llegar al éxito; o en el que se veneran singularidades semi-estadísticas y semi-genéticas aumentadas con silicona (financiada quién sabe cómo); o en el que mucho depende de a quién conoces y quien pueda interceder por ti, bien caería un balde de agua fría que nos despierte de manera súbita para que salgamos del sopor en el que nos encontramos adormilados en medio de pensamientos vacíos de prosperidad gratuita y sin esfuerzos a largo plazo.</p>
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		<title>Un Hombre Serio</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Jun 2010 05:00:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Cualquier economista serio sabe que esa retahíla de cifras que recita el candidato Santos cada vez que le prestan un micrófono es una gran falacia. Un razonamiento incorrecto, aunque sicológicamente persuasivo. Prefiero un candidato que se cuide del atractivo atajo de prometer falsas expectativas y que, por el contrario, ya haya demostrado, no solo él [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cualquier economista serio sabe que esa retahíla de cifras que recita el candidato Santos cada vez que le prestan un micrófono es una gran falacia.  Un razonamiento incorrecto, aunque sicológicamente persuasivo. Prefiero un candidato que se cuide del atractivo atajo de prometer falsas expectativas y que, por el contrario, ya haya demostrado, no solo él sino todo su equipo, que aquellos políticos que exhiben mesura al hablar sobre sus programas de gobierno son los que tienen un mejor historial de cumplirlo a cabalidad y por tanto, son mucho más capaces de transformar positivamente a una sociedad.</p>
<p><span id="more-379"></span></p>
<p>Es que mírelo cómo habla.  Mire esa propiedad.  Mire esa seguridad en si mismo.  Vea que conocimiento tiene ese hombre de hasta los más complejos detalles del Estado.  Y todas las cosas de las que se acuerda.  Es que se nota que si sabe lo que hace.  No como el otro que siempre se detiene a pensarlo todo más de dos veces y se deja enredar en conflictos filosóficos para los cuales no hay tiempo porque yo necesito la respuesta es ¡ya! rapidito, sin duda, déme una solución y déjeme ir para mi casa a seguir con la vida tranquila donde nadie me moleste y yo no tenga que hacerme cargo de nada porque para eso es que lo voy a elegir a usted&#8212;para desentenderme de mi responsabilidad ciudadana.  A mi que me importa lo que le este sucediendo a los menos afortunados que yo.  Quién los manda a no trabajar más duro como me lo enseñó a mí mi papá que si era un tipo emprendedor y nos sacó a todos adelante.  Quién los manda a nacer ya no siendo dueños de la tierra&#8212;si se la quitaron es porque no la estaban usando.  Quién los manda a nacer sin oportunidades.  Respóndame: ¿Quién los manda? Ahora resulta que yo con mis impuestos voy a tener que equilibrar una desigualdad que yo no provoqué&#8212;porque nunca me he untado las manos de país.  ¡No faltaba más!  Pero ¿si lo vio?  ¿Vio cómo habla?  Con esa propiedad.  Con esa seguridad.  Este sí es capaz de gobernarnos y así yo puedo desentenderme de esta vaina por otros cuatro años.  Es que&#8230; ¡qué tipo tan conocedor, carajo!  ¡Viva Colombia!</p>
<p>A principio de año a mi hija de dieciocho meses le dio una infección en el oído.  En la clínica pediátrica le recetaron siete días de antibiótico.  Unos pocos días después de haber terminado el tratamiento, los síntomas regresaron.  Nuevamente visitamos al pediatra y &eacute;l recomendó tratarla ahora no con amoxicilina sino con otro antibiótico un poco más fuerte.  El segundo tratamiento que duró diez días resultó igualmente inefectivo y a la vuelta de unos tres o cuatro días más estábamos de vuelta una tercera vez en la oficina del pediatra.  Vino entonces un tercer tipo de antibiótico y al cabo de otros quince días más, terminamos en la sala de urgencias del hospital como a eso de las cuatro de la mañana.  Luego de la tortuosa espera fuimos atendidos por el pediatra que se encontraba en rotación.  Un doctor muy amable quien antes de exponer las opciones comenzó por tomarse un momento para explicarnos por qué él no tenía una solución final: porque la verdad es que para la infección de oídos en algunos menores no hay una explicación única y efectiva y en el fondo nosotros los médicos no hemos encontrado la solución.</p>
<p>Tengo un par de sobrinos que hoy tienen ocho y nueve años y que viven más felices que mi mamá con tener un tío ingeniero civil con una maestría y a punto de terminar un doctorado.  Alguna vez un par de años atrás su mamá, con la buena intención de inculcarles mi aprecio por el estudio, les insinuó que ellos deberían seguir mi ejemplo para algún día poder construir puentes y carreteras así como el tío.  Samuel y Jacobo me miraron con pares de ojos vivaces e iluminados como de caricatura japonesa y preguntando: ¿en verdad tío? ¿tu sabes construir puentes?  Yo que soy terrible para meter mentiras pero que más allá de eso, sé cual es el complejo proceso que requiere la planeación, el diseño y la ejecución de una obra civil, pensé un rato como responderles mejor pero me vi obligado, en parte por un impulso de honestidad y rechazo al camino fácil, a admitir que no.  Yo no se construir puentes.</p>
<p>No quiero con esto decir que la ignorancia es facultativa. Quiero en cambio hacer ver que sólo quien en verdad tiene conocimiento profundo sobre algo, se atreve a reconocer los límites de su conocimiento.  Cualquier persona seria en su oficio, sabe los bemoles de su arte.  Sabe que aunque resulta muy fácil hacer cálculos manipulando cifras en abstracto (como ir bajando el porcentaje del déficit del 3,5% del PIB&#8212;cifra que de por si es ya un punto de partida por muchos discutida&#8212;hasta el 1% de manera casi mágica), el hacerlo es un acto de malabarismo irresponsable y mentiroso.  Es decir, sabe el significado vacío que tienen las sentencias absolutas sobre soluciones a problemas complejos.  Suenan, claro está, muy atractivas al oído.  Cautivan audiencias.  Hipnotizan multitudes.  Incluso, consiguen presidencias.  Pero no, léase bien, no resuelven problemas.  En particular, no resuelven problemas complejos y enraizados.</p>
<p>* * *</p>
<p>¿Tiene el equipo de Santos buenos economistas?  Por supuesto.  También los tiene el equipo del Partido Verde.  Y no solo economistas, tienen excelentes expertos en todas las áreas.  ¿Es alguno de los programas de gobierno sustancialmente superior sobre el otro?  No.  Ambas campañas tienen personas preparadas e idóneas para enfrentar las tareas del Estado.  ¿En dónde está entonces el factor determinante?  En una gran medida está en la real promesa a un futuro de largo plazo basado en un franco delineamiento de prioridades, a saber: de un lado la seguridad adquirida a toda costa sujeto a la promesa de que ello nos traerá prosperidad como un efecto secundario; y del otro lado esta el sostenimiento y fortalecimiento del hoy precario estado de balance de esa seguridad con cimientos que alteren la sociedad de abajo hacia arriba con conceptos básicos como el respeto por la ley y la vida, complementados con un a apuesta fuerte en temas como la educación y la inversión social para así dejar de nutrir las raíces de un conflicto provocado por la ausencia de un Estado que ya por mucho tiempo ha estado secuestrado en las manos de unos pocos.</p>
<p>Pero más allá de esto, la gran diferencia está, evidentemente, en la forma.</p>
<p>De un lado tenemos a un ajedrecista que cuidadosamente ha venido orquestando la culminación de su ambición por llegar al poder ejecutivo&#8212;al punto de adherir y crear un partido al servicio de un líder político de quien diez años atrás se distanciaba mucho más de lo que lo hace hoy cuando selectivamente escoge lo que positivamente le cobija y le merece y lo que negativamente no le atañe&#8212;experto en manipular verdades absolutas como de su propiedad, con las cuales embeleza multitudes incautas que creen en él tener la solución a problemas, o la evasión pasando de agachados ante la solución de los mismos porque prefieren no asumirlos como propios, pues a fin de cuentas, son los problemas de todos los colombianos.</p>
<p>Mientras que en el lado opuesto tenemos a un conocedor de su oficio—por tanto un profesional en extremo cuidadoso de no esgrimir cifras y puntos programáticos como las baratijas que un culebrero saca del baúl que le acompaña mientras recita su retahíla con el oficio de los años ya bien memorizada y afinada para el encantamiento, no de las culebras que aun andan vivas, sino de la multitud que a su alrededor se congrega y no ve que la culebra, tan venenosa como lo es, la trajo el mismísimo culebrero en un canasto que él mismo tejió unos sesenta y cinco años atrás.  Sí señoras y señores, la culebra la trajeron ellos, esos, los políticos tradicionales.  Ellos sembraron y cultivaron guerrillas y paramilitarismos por igual.  Hoy, a esos muchos que quieren recordarnos lo que era Colombia hace ocho años, yo les quiero recordar lo que era Colombia hace 12, 16, 20, 24,… y así vayámonos de cuatrienio en cuatrienio hasta la guerra de los mil días y de allí en adelante volvamos a repasar bien la historia esa que nos construyeron unos pocos para que creyéramos como idiotas útiles que despojar y abandonar y robar a los “quién-los-manda” era un mal menor en la búsqueda de un bienestar mayor&#8212;siempre que solo para unos poquitos.</p>
<p>En fin, en ese lado opuesto tenemos a alguien, mejor todavía, tenemos a un grupo de cuatro líderes con sendos equipos que les respaldan, que si algo han demostrado es el ser capaces de conducir los gobiernos a su cargo de manera transparente, responsable, transformadora y eficaz.</p>
<p>* * *</p>
<p>La alternativa que le presenta al país el Partido Verde, la de esos cuatro ex alcaldes que transformaron a Bogotá y a Medellín sin robarse un peso.  Cuatro líderes que ya han sido elegidos por votación popular en lugar de llegar a estas elecciones de manera calculada.  Esto último es particularmente importante.  No dudando de la capacidad ejecutoria&#8212;en tanto que sí de los métodos&#8212;de Juan Manuel Santos, su candidatura ha sido adquirida a carencia de algo que marca una gran diferencia y que habla del verdadero talante de un gobernante.  Algo que por más carteras ministeriales que el señor Santos lleve encima&#8212;con sus aciertos y desaciertos&#8212;no pude enlistar en sus treinta y punta años de experiencia que nos saca en cara cada vez que nos quiere recitar la lista de mercado que le hicieron aprender sus asesores políticos para sonar conocedor y con propiedad.  Ese algo es un valor agregado que Antanas Mockus, Sergio Fajardo, Enrique Peñalosa y Luís Eduardo Garzón sí pueden esgrimir porque así es como han llegado antes a la opción de poder: haber sido elegidos.  El valor de la responsabilidad que se lleva consigo cuando se llega a las puertas de asumir un cargo por el mandato del voto a cambio de nada, es un valor que uno no orquesta a comodidad.</p>
<p>* * *</p>
<p>Entonces cuando oigo decir que Santos sí habla con propiedad, yo me pregunto: como&#8230; ¿con propiedad de qu&eacute;?  A mi señores denme mi voto, dejen de meterme miedos pendejos, dejen de ahuyentarme la esperanza a punta de rumores falsos, háganse para un lado, no sean incómodos, echen para allá carambas que yo voy a votar solo y voy a votar por el que más me gusta, por el que creo mejor, por el que no me promete cosas que yo se no me podrá cumplir.  Voy a votar por quienes no me sacan en cara una historia nefasta que gente como usted señor Santos ayudó a construir y han facilitado en perpetuar porque les beneficia de manera indirecta sin tenerse que untar las manos.  Voy a votar por uno de los pocos equipos políticos que en Colombia han demostrado con obras tangibles en Bogotá y Medellín que con la plata que no se roban y que con los recursos que no se comprometen “legalmente” en rimbombantes acuerdos de “unidad” alcanza para mucho más que programas de seguridad (democrática de la de verdad y no tan democrática como la de los falsos positivos.)  Voy a votar por aquellos que conozco por su pulcritud respecto a lo público.</p>
<p>Sobretodo, voy a votar por quienes no tienen respuestas preparadas y soluciones absolutas a problemas complejos simplemente para tomar el atajo de sonar conocedores y  seguros de si mismos.  Porque si algo me ha dado la formación rigurosa en la academia para compartir con la sociedad por este medio, es la convicción de que quien clama tener la solución a todo y nunca se atreve a reconocerse en perspectiva ante el problema, está más lejos de encontrar el resultado.</p>
<p>Por eso y por muchas otras razones que otros han expuesto mejor que yo, votaré verde este 20 de junio.  Votaré por Antanas Mockus y Sergio Fajardo.</p>
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		<title>Con los dedos en la boca</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Apr 2010 18:22:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Gobierno Actual]]></category>
		<category><![CDATA[Justicia]]></category>
		<category><![CDATA[Notas Cortas]]></category>
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		<description><![CDATA[La historia ha demostrado una y otra vez (en Hait&#237;, Los Balcanes, Chile, Argentina, Rusia, Per&#250;, hasta incluso en los mism&#237;simos Estados Unidos), que las decisiones para adelantar acciones como las registradas en los documentos obtenidos por Antonio Jos&#233; Caballero y descritas por Juan Gossa&#237;n respecto a las famosas chuzadas del DAS [audio], siempre, siempre, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La historia ha demostrado una y otra vez (en Hait&iacute;, Los Balcanes, Chile, Argentina, Rusia, Per&uacute;, hasta incluso en los mism&iacute;simos Estados Unidos), que las decisiones para adelantar acciones como las registradas en los documentos obtenidos por Antonio Jos&eacute; Caballero y descritas por Juan Gossa&iacute;n respecto a las famosas chuzadas del DAS [<a style="font-variant: small-caps;" href="http://media.rcn.com.co/audios/rcnradio/Editorial-abril13.mp3" target="_blank">audio</a>], siempre, siempre, siempre, se tomaron en las m&aacute;s altas esferas de gobierno, y no por fan&aacute;ticos en mandos medios o desviados agentes en lo m&aacute;s bajo de las estructuras de poder.  Pensar que las chuzadas, los falsos positivos, y todos los casos similares que se han dado en Colombia en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, por qu&eacute; no decir d&eacute;cadas (desde los retenes para pedir &#8220;papeles&#8221; en la &eacute;poca de La Violencia, hasta las torturas en la Escuela de Caballer&iacute;a), han sido una excepci&oacute;n, es ingenuo.  Ingenuo.  Muy, muy ingenuo.</p>
<p>Ahora que quienes tenemos al alcance una alternativa para conducir el pa&iacute;s de forma distinta somos de manera ligera tildados de ingenuos, les pregunto yo: qui&eacute;nes son los ingenuos.  Ingenuos ustedes los que contin&uacute;an so&ntilde;ando en el espejismo del placebo que les suministra la libertad de viajar por las carreteras&#8212;un avance sin lugar a dudas tangible y loable; pero que lo hace a uno pasar de largo por v&iacute;as que en verdad cruzan hect&aacute;reas que est&aacute;n en manos de un reducido porcentaje de colombianos que se nos han robado todo por a&ntilde;os, y a&ntilde;os, y a&ntilde;os.  Mucho m&aacute;s ingenuo que el idealismo de una opci&oacute;n en la que no pretendan meternos los dedos en la boca y esperar que traguemos entero a cuenta de los resultados por resultados, de la eficacia de la acci&oacute;n.</p>
<p>Adem&aacute;s, para cerrar el circulo, en lo que a historia se refiere, no es tanto lo ingenuo, es lo ignorante.</p>
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		<title>Sí se justifica</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Apr 2010 07:26:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ejercicio Ciudadano]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Las encuestas serán de momentos, pero los momentos políticos no son como el estado del tiempo. No podemos atesorar la idea de que cambiarán al amanecer. Esos momentos sólo los cambian los mismos actores políticos&#8212;y el pueblo mismo, con años de lucha constante. Y aunque el entusiasmo sigue intacto, la siguiente reflexión no deja de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las encuestas serán de momentos, pero los momentos políticos no son como el estado del tiempo.  No podemos atesorar la idea de que cambiarán al amanecer.  Esos momentos sólo los cambian los mismos actores políticos&#8212;y el pueblo mismo, con años de lucha constante.  Y aunque el entusiasmo sigue intacto, la siguiente reflexión no deja de ser válida y en este mismo momento: imperativa.  </p>
<p><span id="more-323"></span></p>
<p>Ante la &#8220;realidad&#8221; que muestran las encuestas, un dilema: ¿puede el país subalterno y de opinión dejar ir otros cuatro (o potencialmente ocho) años más tan solo por la defensa del idealismo y la pureza de los movimientos independientes, y el repudio por el contaminado concepto de las alianzas políticas?  ¿Qué acaso en la política decente, digna y respetuosa no tiene cabida el acuerdo, la humildad, el desprendimiento por los proyectos de un subgrupo, en pro del potencial mejor futuro de todos los colombianos?  ¿Qué falsa idea dicta que perderíamos esa decencia y esa dignidad, qué pequeño cerebro nos vendió la idea de que los voluntarios saldríamos corriendo si se hacen acuerdos con aquellos que comparten ese mismo respeto fundamental por la cosa pública?  Por el contrario: nos robusteceríamos, nos haríamos más fuertes, nos encontraríamos con más personas como nosotros.</p>
<p>A estas alturas, aparte todas las buenas intenciones que en su diseño se hayan tenido, estando como están las cosas hoy, la segunda vuelta no garantiza lo inicialmente pensado.  En la primera vuelta tenemos una florida, colorida, colección de candidatos.  Pluralidad. Multipartidismo.  En la segunda, si se dan las cosas como el momento de hoy pareciera dictarlo, lo que tendríamos sería la garantía de la perpetuación de un espejismo legitimado por el descolgamiento de  una balanza tríptica en la que dos pesos volcarían los resultados mientras un tercero estaría ausente&#8212;desmembrado en la primera vuelta.  </p>
<p>Tratando de evitar la elección de un líder sin el apoyo francamente mayoritario del electorado, más parece que la segunda vuelta por la elección presidencial nos pondría a todos los colombianos a presenciar y participar, en obligación por defecto, en una segunda consulta interna&#8212;la de una corriente política a la que no todos pertenecemos.  </p>
<p>Si llegase a ser ese el caso, y nunca creí llegar a imaginarme decir esto: que sea bienvenido el abstencionismo; y con aún mayor razón: el voto en blanco.  La primera vuelta, hoy, solo garantiza el desgarramiento de las fuerzas democráticas menores, las obliga a desmembrarse a sí mismas sin saberlo&#8212;o aun sabiéndolo.  No lo harían por falta de visión.  Ellas, inocentes, creerían estar haciendo su mejor papel por conservar la identidad y pureza corporal que las caracteriza.  Mientras en verdad estarían siendo usurpadas.</p>
<p>La prueba de ello está en el fraude y la farsa de los pasados comicios por el congreso y los aciagos días que le sucedieron en la disputa por la consulta interna conservadora.  Esta primera vuelta pareciera estar empujándonos a un matadero electoral del que solo se salvarían las dos vacas ‘sagradas’: unas hipócritas veletas políticas que se han acomodado a todos y cada uno de los vientos políticos que han soplado en los últimos veintiocho años. </p>
<p>Además, hay una realidad respecto del tema de los acuerdos.  Todos aquellos hechos entre la primera y la segunda vuelta son por definición: viciados.  ¿Por qué?  Porque se hace en desventaja.  Porque en dicha instancia hay ya alguien (los dos sobrevivientes) ejerciendo un poder proto-presidencial adquirido por el resultado de la primera vuelta, luego entonces cualquier negociación allí ya se hace en desventaja y consiste únicamente en un cálculo mezquino con los votos del pueblo&#8212;que contrario a lo que piensan quienes así lo negocian, no le pertenecen a nadie.  </p>
<p>De manera que si hay que hacer un acuerdo, el momento es ahora.  La mayor prueba de coherencia, de total desprendimiento, de verdadera visión a largo plazo: es ahora.  Porque Colombia no puede postergar ni un minuto más el arrebatarle el Estado a los corruptos.  Porque el devolverle esa dignidad y ese respeto a la cosa pública es, como mejor lo dijera Martin Luther King Jr. en 1963, un asunto que carga consigo &#8220;la feroz urgencia del ahora.&#8221;  Un ahora en el que no se puede correr el riezgo de no tener un actor en la competencia final.</p>
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		<title>El Putas de Aguadas</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Mar 2010 18:03:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Congreso]]></category>
		<category><![CDATA[Gobierno Actual]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Ayer por enésima vez se me acercó alguien a ‘felicitarme’ por la declaración de la Corte Constitucional ante la ley que convocaba a un referendo para decidir sobre una segunda reelección. Los más prudentes, o los que hipócritamente esconden su piel de lobo con un manto ovejero, no han ido tanto allá como felicitarme y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer por enésima vez se me acercó alguien a ‘felicitarme’ por la declaración de la Corte Constitucional ante la ley que convocaba a un referendo para decidir sobre una segunda reelección.  Los más prudentes, o los que hipócritamente esconden su piel de lobo con un manto ovejero, no han ido tanto allá como felicitarme y primero se han dignado en preguntarme si no estaba yo muy contento&#8212;con inocencia o ironía.  ¿Por qué?  Contra preguntaba yo para forzar una revelación, aun cuando ya sabía de que me hablaban.  Pues porque negaron la reelección&#8212;responden los muy audaces.  Entonces yo trato de enderezar los presupuestos y los implícitos que acarrea la pregunta y aclaro que, primero, lo que se negó fue la ejecución de un procedimiento democrático que había sido, desde un principio, un retorcido ejercicio en el que, antecediéndolo a todo, nunca nos debimos haber embarcado.  Y segundo, que, aunque no puedo negar yo cierto grado de alivio por lo que a mis preferencias electorales se refiere a futuro, ultimadamente mi opinión sobre lo ya juzgado es que el solo proceso en sí fue lo suficientemente costoso como para que dicho alivio a futuro sane las heridas y nos haga recuperar el tiempo perdido&#8212;mucho menos sentir felicidad.</p>
<p><span id="more-312"></span></p>
<p>Por lo tanto, sobre lo primero y a quienes se atreven a felicitarme presuponiendo&#8212;que no prácticamente insultando mi estancia política, que yo creo mucho más seria y profunda que la de las emociones primarias ante el resplandor de un líder cuasi mesiánico y el espejismo de una política hueca que se hace llamar democrática&#8212;, y a quienes al menos tienen la decencia de preguntar&#8212;aunque parecieran por igual ocultar hipócritamente lo que por lo menos los primeros tienen el ignorante, inocente, o descarado atrevimiento de decirme de frente&#8212;, les digo de una vez por todas que no.  No me alegra.  No me siento feliz.  Y no voy a ser tan simplista, como muchos lo han sido en las últimas dos semanas, de decir que siento un gran alivio porque las instituciones prevalecieron.  ¡Prevalecieron!  ¿Prevalecieron?  Habrá quizás prevalecido un último grano de sensatez y la Corte se habrá salvado &#8212;y por ahí derecho al país entero&#8212; de haber cometido un error garrafal, no solo en lo jurídico (que se lo dejo a los que saben de ello y a quienes lo quieran debatir), sino simplemente en lo histórico y lo poco que quede o que hayamos sido capaz de crear en doscientos años, de esta ahora si finalmente retorcida, democracia nuestra.  </p>
<p>Nos salvamos todos de haber entrado por la derecha al mismo cuarto al que muchos otros, tantos por la izquierda como por la derecha, han entrado antes que nosotros, y no solo en este continente sino en casi todos los demás por igual.  El giro hacia la cordura que nos dio la Corte nos salva del abismo de desfigurar el sistema por completo.  Pero al contrario de lo que en estas dos semanas se ha dicho, y de lo que los amantes ciegos de la nación y la democracia pregonan, creyéndolo ahora todo bajo control, yo aún me siento como bajando desde Sonsón hacia el río Arma en un carro de escalera.  Un escalofriante pero emocionante recuerdo de niñez.  Es decir, me siento aun viajando al vilo del precipicio de un cañón sin fondo; y rogándole a todos los santos para que el conductor&#8212;un campesino con escasa educación que ni licencia ha de tener porque aprendió a manejar por instinto sirviéndole de fogonero al chofer anterior, y que ahora entrena a su futuro remplazo (un niñito mejor criado pero igual de ciego y altanero, que viaja de gratis en el techo encima de los sacos de café, y agachándose para que no se lo lleven las ramas bajitas de los palos de mandarina, o colgando caricaturescamente de la escalera de atrás)&#8212;logre acordarse con su memoria de montañero, de todos los huecos que tiene esa carretera destapada que el Estado abandonó, según se argumenta, debido a las dificultades geográficas que separan a Antioquia de Caldas&#8212;y porque la carretera vía La Pintada era más buena&#8212;-, para que, una vez que lleguemos abajo, al puente que separa a Sonsón de Aguadas&#8212;donde se hacen muy buenos sombreros de esos que se pone el chofer, igual nos toque bajarnos del camión porque: ahí adelante hay un derrumbe y les toca bajarse y pasar el puente a pie.  Agradezcan que llegamos hasta aquí.</p>
<p>(El puente que cruza el río es de buen tamaño.  La losa llena de piedritas chiquitas y filosas a lo largo y ancho. Por allí no pasa un carro desde que el comercio no dio para más, cuando los derrumbes taparon las vías de cada lado de Antioquia y Caldas, y la miseria del campo se esparció como enredadera de uña.)</p>
<p>Entonces por lejos que hayamos llegado y aunque nos hayamos salvado del abismo, dado que del otro lado del derrumbe y pasando el puente aun no ha llegado la chiva de la flota de Aguadas, toca pensar en el camino recorrido y reflexionar.  Y ahí es donde a quienes nos atrevemos a abstraernos de la fábula en la que nos metieron cual Alicia, nos corresponde hablar de otras cosas.  </p>
<p>Y esas otras cosas son las que han estado ahí por mucho tiempo y que continúan ahí, latentes, pero que compiten en desventaja ante la urgencia apocalíptica por la continuidad de una política cuya única garantía &#8212;una que, con el beneficio de la duda, entendamos como no deseada&#8212; es la de perpetuar el estado actual de desigualdades que a su vez perpetúan y estimulan la regeneración de anteriores o nuevos conflictos.  Antes en la ciudad, luego en el campo, luego a la ciudad, luego al campo, y ahora de nuevo a la ciudad (Colombia, 1930&#8211;2010.)  </p>
<p>Unos ejemplos recientes para aterrizar ideas.  Entre agosto y septiembre de 2009, en el período de las dos semanas en las que se aprobó finalmente el proyecto de ley que le daba vía libre al referendo en su etapa legislativa, se publicaron dos noticias que por sí solas deberían haber consternado al país y reclamado la atención de los congresistas y el ejecutivo.  La primera de ellas publicada en Portafolio se titulaba así: “Cerca de 20 millones de pobres en Colombia a diciembre de 2008, reportaron el Dane y el DNP” [<a href="#1">1</a>].  La segunda, en El Espectador, decía: “En Colombia hay ocho millones de indigentes” [<a href="#2">2</a>].  Muchas de estas cifras obedecen a la escogencia de la métrica (y al economista de turno) pero siendo la fuente, el mismo Gobierno, poco espacio hay para querer ‘maquillar’ esta realidad.  El segundo de los artículos explicaba que “con la nueva medición del Gobierno, se estimó que la pobreza en el país [llegó] al 46% de la población”, y añadía que, “según la última medición [de 2002], que era de 53.7%,” la cifra había bajado “alrededor de ocho puntos.”  ¿Debemos contar la labor del gobierno a una taza de 1% por año en reducción a la pobreza como un logro?  Buena parte de la respuesta está en la reciente columna de Alberto Carrasquilla en El Espectador, titulada: “La clase media” [<a href="#3">3</a>].  En la que en un aparte del final sentencia cristalinamente que “las cifras muestran a las claras que a la política pública colombiana de la última generación le ha importado un pito la pobreza.”</p>
<p>La búsqueda de ambas reelecciones consumió en suma casi 4 años, 2 cada una de ellas, absorbiendo en turnos a las tres ramas del poder democrático en Colombia.  El último proceso se inició el 12 de marzo de 2008 con la entrega de las firmas en la Registraduría y se culminó el pasado 26 de febrero.  Eso sin contar lo que costo la consecución de las mismas y lo que se viene ahora en materia electoral.  La primera se cumplió entre enero 20 de 2004, con la astucia de Noemí Sanín a la salida de Palacio, y vio la luz de la victoria el 19 de octubre de 2005 con la sentencia aprobatoria de la Corte.  También descontando el período electoral de 2006.  Hoy, cuando la segunda intentona ha sido frustrada gracias al sobrepeso y freno de la Corte, sabemos a ciencia cierta que el fin del mundo no le llegó a Colombia &#8212;al menos, no aún&#8212; y que lo que corresponde es sentarnos a pensar objetivamente en quien va a ser el chofer que nos termine de llevar a Aguadas.</p>
<p>(A todas estas, no les he contado que el cañón del río Arma era &#8212;o es, hoy, no lo sé con certeza&#8212; un estratégico lugar de las guerrillas de la zona.)</p>
<p>(Entretanto, otros proyectos de ley también trataron de avanzar en el legislativo.  Entre las joyas del neo conservatismo que ha florecido en estos años recuerdo dos curiosos proyectos recientes: la que buscaba exigir la identificación de quienes opinaban en los foros y páginas de Internet [<a href="#4">4</a>] y la que buscaba ocultar las portadas de revistas con imágenes de desnudos [<a href="#5">5</a>].)</p>
<p>Retomando.  Repasemos.  Un gobierno que estima que el futuro del país se basa en tres pilares: (1) la seguridad democrática; (2) la promoción de la inversión, en especial la generación de confianza para la inversión extranjera; y (3) la política social, algunas veces referida también como cohesión social; simplemente no puede darse el lujo de reducir la pobreza a una taza de alrededor de 1% por año en promedio, y en el transcurrir de los mismos desgastar al país y gastarse el capital político, merecidamente bien ganado, en reelegirse.  Muchísimo menos cuando al mismo tiempo, esos pilares descansan sobre agua.  Si al gobierno tanto le interesara la confianza inversionista, debería atacar cifras como las reveladas por el ‘zar’ anticorrupción, quien el pasado 9 de enero le comunicó al país que en 2009 se pagaron sobornos por casi $4 billones. Cifra que supera la muy amada inversión extranjera [<a href="#6">6</a>].</p>
<p>Pero la mejor evidencia sobre el valor del tiempo perdido bajo el manto de la seguridad democrática y en busca de las reelecciones está precisamente en todo lo que tiene que ver con la reforma al sistema de salud.  El simple hecho de que un ministerio que ha estado en cabeza de una misma persona durante 7 años, y con las mayorías en el Congreso, haya tenido que recurrir al uso de la declaratoria de un Estado de Emergencia para poder generar las reformas que el país requiere, es muestra de que aquellos que hoy celebran interpretando la sentencia de la Corte como el gran salvamento de las instituciones y la separación de poderes en Colombia, siguen viendo el país con un lente muy distinto, por lo menos, al mío.</p>
<p>Entonces para todos los que me han preguntado una y otra vez sobre mi felicidad o mi descanso, la respuesta ha sido la misma.  No siento particularmente más lo uno o lo otro.  Todo el proceso en sí.  Todo lo que conllevó.  Todo lo que implicó para el futuro de la política en Colombia y para el bienestar del país y sus habitantes es un bochornoso proceso.  No se podía salir triunfante ni de una manera ni de la otra porque ya se había perdido la virginidad misma.  Y si bien haya que reconocer lo bueno que nos dejará Uribe, solo los años nos mostrarán lo mucho más dañino que nos ha dejado.  Y eso se resume, en parte, en sus propias declaratorias del pasado viernes 5 de Marzo, cuando le dijo a Maria Isabel Rueda en W Radio así [<a href="#7">7</a>]:</p>
<p>“Vivo en campaña, los únicos gobiernos que sirven son los que viven en campaña”</p>
<p>Y con esto: pague y vámonos que ahí viene la escalera y la viene manejando el mismísimo putas de aguadas!</p>
<h2></h2>
<h4>Vínculos citados:</h4>
<p><a name="1"></a>[1] <a target="_blank" href="http://www.portafolio.com.co/economia/pais/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_PORTA-5930949.html">Portafolio: Cerca de 20 millones de pobres en Colombia</a></p>
<p><a name="2"></a>[2] <a target="_blank" href="http://www.elespectador.com/economia/articulo157682-colombia-hay-ocho-millones-de-indigentes">El Espectador: 8 millones de indigentes</a></p>
<p><a name="3"></a>[3] <a target="_blank" href="http://www.elespectador.com/columna190362-clase-media">El Espectador: La clase media</a></p>
<p><a name="4"></a>[4] <a target="_blank" href="http://www.eltiempo.com/colombia/politica/ARTICULO-WEB-PLANTILLA_NOTA_INTERIOR-5860207.html">El Tiempo: Ley para regular participaci&oacute;n en foros</a></p>
<p><a name="5"></a>[5] <a target="_blank" href="http://www.eltiempo.com/colombia/politica/ARTICULO-WEB-PLANTILLA_NOTA_INTERIOR-6431547.html">El Tiempo: Ley para regular portadas con desnudos</a></p>
<p><a name="6"></a>[6] <a target="_blank" href="http://www.eltiempo.com/colombia/justicia/sobornos-por-casi-4-billones-en-2009_6921189-1">El Tiempo: Corrupci&oacute;n en el 2009</a></p>
<p><a name="7"></a>[7] <a target="_blank" href="http://www.eltiempo.com/multimedia/audio/multimedia.php?id_recurso=7351728">W Radio: Audio del Presidente</a></p>
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		<title>Quiero ser &#8216;Para&#8217;</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Jan 2010 01:45:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardo Taborda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Conflicto Armado]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>

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		<description><![CDATA[Don Pedro Pablo es un hombre grande&#8212;no en altura, pero en presencia&#8212;, de voz gruesa y caminar tranquilo y pausado. Lo conocí por cuenta de su hijo Felipe a quien me lo encontré por acá lejos de Colombia, también estudiando, con una pequeñita de poco más de un año y con una esposa maravillosa. Como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Don Pedro Pablo es un hombre grande&#8212;no en altura, pero en presencia&#8212;, de voz gruesa y caminar tranquilo y pausado. Lo conocí por cuenta de su hijo Felipe a quien me lo encontré por acá lejos de Colombia, también estudiando, con una pequeñita de poco más de un año y con una esposa maravillosa. Como anécdota, cuando conocí a Felipe, no puede aguantarme la imprudencia de decirle que casi no se le notaba el acento pastuso.  Afortunadamente con don Pedro Pablo no hice lo mismo. (Pero tampoco se le nota.)</p>
<p><span id="more-290"></span></p>
<p>Juliana una amiga bogotana que tiene una personalidad que solo la supera su generosidad, le regaló a Amelia mi hija un disco compacto de canciones infantiles hecho en México en el cual las letras de las canciones tienen su nombre. Se llama el ‘CD-kit de Amelia’. Una de las canciones arranca con la voz de una mamá preguntando: Amelia, ¿qué quieres ser cuando seas grande? Y se arranca una perorata con ritmo pegajoso que incluye, entre muchas otras cosas, el querer ser policía, bombera, periodista, presidenta. Cada estrofa termina diciendo que ‘pero sobre todo, todo,’ Amelia quiere ser como papá y mamá.</p>
<p>Don Pedro Pablo estaba en Pittsburgh visitando a su hijo y haciendo arreglos para empezar a exportar café de alta calidad de manera directa a tostadoras locales y sin tener que depender de los más bajos precios a los que le compra el grano la Federación. Orgulloso me muestra el sello que las entidades sanitarias de la ciudad le pusieron en la esquina superior derecha de la puerta del balcón del apartamento que Felipe renta. El balcón va a ser la bodega. Piensan solo exportar pequeñas cantidades. El balcón no mide m&aacute;s de seis metros cuadrados pero Felipe y don Pedro Pablo me cuentan que es perfecto para los sacos de café, que serán de los pequeños de cuatro kilos (creo), y que irán sobre una cama de madera que ya acordaron colocar y cuenta con el visto bueno del dueño del apartamento.  </p>
<p>Ese día que llegamos a casa de Felipe y Andrea, como cosa rara, lo primero que nos dijeron fue: ¿quieren un cafecito? Y yo que no tomo café. Para colmo de males, la conversación arrancó con don Pedro Pablo contándonos sobre las diferentes propiedades del café y sobre que, hace unos meses, había conocido al muchacho que el año pasado se ganó el primer concurso nacional de catadores de café durante un curso de catación en el que habían estado juntos&#8212;un joven muy simpático ese Wbeimar, me dice don Pedro Pablo, quien, seguramente con la mejor de las intenciones, como buen padre, acabada la conversación del café pasó a preguntarnos qu&eacute; íbamos a hacer una vez termináramos los estudios. Yo le conté entonces que entre las varias alternativas que existen seguía viva la opción de volver a Colombia&#8212;con el aditivo de que me interesaba hacerlo por la política.</p>
<p>A diferencia de muchas personas a las que les parece una locura que después de tanto estudiar sopese la posibilidad de una vida tan aparentemente diametralmente opuesta a la ingeniería sísmica, don Pedro Pablo mostró un respetuoso interés por la idea y fue más allá para decirme que esos deseos había que perseguirlos para que uno luego, de viejo, no se arrepintiera de no haberlo intentado todo. Los años nos dirán. Yo por mi parte no perdí la oportunidad para preguntarle cómo se veían las cosas desde Pasto, y sobre todo, desde el campo. </p>
<p>Luego de contarme las dificultades que los pequeños y medianos productores de café como él tienen frente al precio de la federación y, sobretodo, frente al precio de las frutas y los granos que son la alternativa para ellos mientras transcurre el tiempo de cosecha del café, me habló un poco más abiertamente sobre lo esencial: la falta de oportunidades para la gente del campo.</p>
<p>Mientras que don Pedro Pablo no tiene reparos en aceptar que seguramente el tratado de libre comercio le traería cosas buenas al país y sus industriales (de ser algún día finalmente aceptado por el congreso estadounidense,) desde su perspectiva se manifiesta preocupado porque las políticas que en esta dirección se han venido tomando en Colombia gobierno tras gobierno, se tomen sin tener seriamente en cuenta sus consecuencias sobre ese otro pulmón ya canceroso del país que es el campo. Me cuenta entonces lo mucho que ha mejorado la seguridad. Y se le nota que le cuesta conciliar esas dos realidades. Me dice que lleva ya varios años pudiendo vivir de tiempo completo en la finca&#8212;que diez años atrás tenía que administrar a distancia. Claro está que esto es porque la vía desde Pasto hasta la finca es pavimentada, me advierte. La seguridad democrática, sigue don Pedro Pablo, es otra cosa y una muy distinta una vez estamos hablando de las carreteras destapadas monte adentro. Ahí no hay tal. Y lo peor, continua, es que los políticos siguen sin conocer verdaderamente a Colombia. Es que no conocen el país que gobiernan, se queja. Y entonces a mi se me viene a la cabeza la imagen de Jaime Garzón contando <a target="_blank" href="http://www.youtube.com/watch?v=cNyizxWCtkk">la anécdota</a> de los parqueaderos caprino, equino, vacuno, o porcino, y las casas de lenocinio autorizadas en el páramo. Y sí, la verdad es que aún con seguridad democrática y concejos comunales celebrados en cada rincón imaginable, la gran mayoría de los políticos siguen sin conocer el país&#8212;al que creen sentirlo en la piel simplemente porque se lo recorren en campaña. Peor, la gran mayoría de los colombianos no lo conocemos tampoco&#8212;y yo me incluyo. Qué exigir entonces. (Y me refiero a conocerlo no como quien se lo ha turisteado de arriba a abajo y se sabe hasta los nombres de los ríos de memoria, sino saber lo que se vive a la orilla de cada río. Qué se cultiva, para qué sirve, cómo se come, dónde se consigue, quién lo vende, cuánto cuesta, por qué no se hace distinto. Y entonces sí: ¿se puede mejorar?)</p>
<p>La cosa para don Pedro Pablo es aún peor, dado que lo poco que se logra parece ser abono para las piedras&#8212;quizás por lo anterior. Entonces me cuenta como el Ministerio de Educación creó unas escuelas de educación media en la que los muchachos de la región reciben un bachillerato tecnificado. La escuela que queda cerca gradúa bachilleres agrícolas. Una idea genial&#8212;en el papel. En la práctica: un desastre. Los jóvenes una vez que salen ya no quieren trabajar ni jornalear como sus padres. Salen con un ‘complejito de superioridad,’ me dijo don Pedro Pablo. Al pueblo vino hace un tiempo el ministrito de agricultura&#8212;al que le dicen ‘uribito.’ En el ‘coliseo’ se echó con entusiasmo de culebrero paisa y ese tono de mal genio que lleva siempre consigo como con necesidad de regañar a todo el que le habla, un discurso aburridor sobre ideas pendejas para el ‘progreso.’ Y luego el otro que lo sucedió. Un par de muchachitos que no tienen idea de qué es lo que es trabajar la tierra y vivir de ella. Los jóvenes campesinos no son tontos. Ellos saben cuando quien les está hablando no sabe sobre lo que está hablando&#8212;mucho menos sobre lo que ellos viven en el día a día. Y para colmo de males, continúa don Pedro Pablo, primero pasa lo de DMG y luego lo del Agro Ingreso Seguro. Entonces estos jóvenes de la región terminan por convencerse de que las instituciones, por un lado, y esos políticos del interior, por el otro, no están por nada que verdaderamente les vaya a arreglar sus problemas. En semejante estado se convierten en personal supremamente vulnerable.</p>
<p>¿Y qué hacen entonces? Le pregunté. Ah, pues eso depende, me contesta.  Los que viven monte adentro donde no llega la seguridad democrática&#8212;sino los falsos positivos, se dedican a proteger lo suyo y arreglárselas con lo único que les da para vivir: los cultivos ilícitos. Los campesinos que están cerca de una cabecera municipal, en cambio, no pueden darse ese lujo. Ahí cualquier bobada que siembren ahí mismo los pillan. Tienen que arreglárselas entonces con lo poco que puedan sembrar y vender decentemente. Pero los precios de los productos agrícolas son muy bajos. Colombia está importando granos y otros productos y eso ha acabado con el campo. Están condenados a la pobreza&#8212;o a delinquir.</p>
<p>¿Y los jóvenes? Pues lo que le contaba antes. La escuela esta no les sirve de nada porque industria agrícola no hay en el monte. En Colombia no se subsidia el agro como en muchos otros países. Y a estos muchachos no les da para irse a una universidad. Entonces sucede lo que le paso a un campesino que yo conozco ahí vecino mío. ¿Qué le pasó? Le interpelo de inmediato. Pues imagínese que el papá es un jornalero de sol a sol. Logró que el muchacho fuera a la escuela y terminara&#8212;que ya es mucho.  Pero una vez terminó se la pasaba en la casa haciendo nada. El papá preocupado le ofrecía distintas opciones. Mijo venga a trabajar conmigo.  No papá, es que usted se quiebra mucho la espalda y vea, para nada. Seguimos igual de pobres. Yo no quiero ser como usted. Entonces trabaje donde fulano, insistía el papá. No, eso es muy duro papá. Y así pasaron los meses hasta que el papá se cansó y lo confrontó. ¡Carajo! Entonces ¿qué se va aponer a hacer?</p>
<p>Pues papá, es que yo lo que quiero es: ser ‘para’.</p>
<p>Me cuenta don Pedro Pablo que el muchacho se fue de la casa del papá y no ha sabido más de él. Me explica también que si se tratara de un campesino de más adentro, la respuesta bien hubiera podido ser que quería ser guerrillero. Ambas ‘profesiones’ ofrecen un mejor sueldo que trabajar la tierra. Con los episodios como lo del AIS y el contacto que tienen con el Estado cuando personas como el Ministro de Agricultura visitan la región o con los llamados falsos positivos, estos muchachos se convierten en tierra abonada para los violentos&#8212;sin importar el bando o la modalidad&#8212;todo por un poco de sentido de existencia&#8212;incluso la existencia misma.</p>
<p>Hay que tener en cuenta que los jóvenes marginales del campo o la ciudad ven en estas instituciones subalternas mucho más que el sueldo&#8212;que ya se sabe que es mejor que a lo que pueden aspirar dentro de la legalidad.  Lo crucial está en que ven también la oportunidad de ser parte de algo más grande que ellos mismos. Un deseo natural en el hombre que en Colombia no hemos sido capaces de sembrar en nuestros hijos, como en la canción del ‘CD-kit’ de Amelia, en forma de imaginarios que giren en beneficio de la sociedad y el Estado. Es decir, aquí casi nadie quiere ser policía, bombero, periodista, o presidente&#8212;y se nos mira raro a los que no nos de pena decir que queramos trabajar en pol&iacute;tica. Estas realidades como las del hijo del campesino vecino de don Pedro Pablo no son aisladas. Por muchos años han sido la norma general. A estas juventudes cualquier discurso en mejor sintonía con su tragedia diaria que el discurso del Estado es música para sus oídos, venga de donde venga. Representan una alternativa radical para la solución de sus enraizados problemas y una opción tangible para acceder a escenarios de poder en los que obtengan el reconocimiento&#8212;sin importar que sea a través del miedo&#8212;de sus pares, de otros jóvenes, de la niña linda del barrio o la vereda, y al poder mismo&#8212;al poder portar un arma, al obtener el respeto que ellos mismos ven nunca se les dio a sus padres que trabajaron de sol a sol en las fincas de los patrones, o el progreso que nunca alcanzaron los que tenían una tierrita propia.</p>
<p>Si en algo coinciden todos los secuestrados políticos que han alcanzado la libertad es en llamar la atención sobre este punto coyuntural de nuestro conflicto. Los jóvenes de la selva (o de igual forma, los de las márgenes de las ciudades) no tienen nada más que hacer. No tienen mejores aspiraciones. Se los come vivos el conflicto. Se los traga y los incorpora a su masa nefasta.</p>
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