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Sí se justifica

Las encuestas serán de momentos, pero los momentos políticos no son como el estado del tiempo. No podemos atesorar la idea de que cambiarán al amanecer. Esos momentos sólo los cambian los mismos actores políticos—y el pueblo mismo, con años de lucha constante. Y aunque el entusiasmo sigue intacto, la siguiente reflexión no deja de ser válida y en este mismo momento: imperativa.

Ante la “realidad” que muestran las encuestas, un dilema: ¿puede el país subalterno y de opinión dejar ir otros cuatro (o potencialmente ocho) años más tan solo por la defensa del idealismo y la pureza de los movimientos independientes, y el repudio por el contaminado concepto de las alianzas políticas? ¿Qué acaso en la política decente, digna y respetuosa no tiene cabida el acuerdo, la humildad, el desprendimiento por los proyectos de un subgrupo, en pro del potencial mejor futuro de todos los colombianos? ¿Qué falsa idea dicta que perderíamos esa decencia y esa dignidad, qué pequeño cerebro nos vendió la idea de que los voluntarios saldríamos corriendo si se hacen acuerdos con aquellos que comparten ese mismo respeto fundamental por la cosa pública? Por el contrario: nos robusteceríamos, nos haríamos más fuertes, nos encontraríamos con más personas como nosotros.

A estas alturas, aparte todas las buenas intenciones que en su diseño se hayan tenido, estando como están las cosas hoy, la segunda vuelta no garantiza lo inicialmente pensado. En la primera vuelta tenemos una florida, colorida, colección de candidatos. Pluralidad. Multipartidismo. En la segunda, si se dan las cosas como el momento de hoy pareciera dictarlo, lo que tendríamos sería la garantía de la perpetuación de un espejismo legitimado por el descolgamiento de una balanza tríptica en la que dos pesos volcarían los resultados mientras un tercero estaría ausente—desmembrado en la primera vuelta.

Tratando de evitar la elección de un líder sin el apoyo francamente mayoritario del electorado, más parece que la segunda vuelta por la elección presidencial nos pondría a todos los colombianos a presenciar y participar, en obligación por defecto, en una segunda consulta interna—la de una corriente política a la que no todos pertenecemos.

Si llegase a ser ese el caso, y nunca creí llegar a imaginarme decir esto: que sea bienvenido el abstencionismo; y con aún mayor razón: el voto en blanco. La primera vuelta, hoy, solo garantiza el desgarramiento de las fuerzas democráticas menores, las obliga a desmembrarse a sí mismas sin saberlo—o aun sabiéndolo. No lo harían por falta de visión. Ellas, inocentes, creerían estar haciendo su mejor papel por conservar la identidad y pureza corporal que las caracteriza. Mientras en verdad estarían siendo usurpadas.

La prueba de ello está en el fraude y la farsa de los pasados comicios por el congreso y los aciagos días que le sucedieron en la disputa por la consulta interna conservadora. Esta primera vuelta pareciera estar empujándonos a un matadero electoral del que solo se salvarían las dos vacas ‘sagradas’: unas hipócritas veletas políticas que se han acomodado a todos y cada uno de los vientos políticos que han soplado en los últimos veintiocho años.

Además, hay una realidad respecto del tema de los acuerdos. Todos aquellos hechos entre la primera y la segunda vuelta son por definición: viciados. ¿Por qué? Porque se hace en desventaja. Porque en dicha instancia hay ya alguien (los dos sobrevivientes) ejerciendo un poder proto-presidencial adquirido por el resultado de la primera vuelta, luego entonces cualquier negociación allí ya se hace en desventaja y consiste únicamente en un cálculo mezquino con los votos del pueblo—que contrario a lo que piensan quienes así lo negocian, no le pertenecen a nadie.

De manera que si hay que hacer un acuerdo, el momento es ahora. La mayor prueba de coherencia, de total desprendimiento, de verdadera visión a largo plazo: es ahora. Porque Colombia no puede postergar ni un minuto más el arrebatarle el Estado a los corruptos. Porque el devolverle esa dignidad y ese respeto a la cosa pública es, como mejor lo dijera Martin Luther King Jr. en 1963, un asunto que carga consigo “la feroz urgencia del ahora.” Un ahora en el que no se puede correr el riezgo de no tener un actor en la competencia final.

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Un comentario sobre “Sí se justifica”

  1. Ligia Beatriz Rios comenta:

    ESTA MUY BUENO

    Y BIEN CUESTA ARRIBA PARA QUE EL COMUN LO VISUALICE AL MAS ALLA

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