Siguenos en...




Respuesta sobre ‘Chocoramo mata Pirulí’

Para evitar que tan interesante discusión se nos quede en el fondo del foro, el siguiente texto es en atención al comentario de Sebastián sobre el artículo ‘Chocoramo mata Pirulí’.

Sebastián,

Mil gracias por tu sustantivo comentario. Siempre los disfruto porque así me doy cuenta que al menos vos estás leyendo mis palabras al viento. Hay varias cosas que se me ocurren a raíz de tu argumento, pero prefiero referirme solo a dos en particular en tanto no lea primero el documento que me sugieres.

Primero, yo no estaba culpando o recriminando al Gobierno como único responsable de la situación del contraste entre el gasto en educación y el gasto en seguridad y defensa. Mi principal intención con este artículo era hilar una serie de noticias que, creo yo, deberían ser vistas como un todo y no solo como las noticias que nos llegan y se van con cada ciclo noticioso. También quería contrastar las diferentes formas como fueron presentados los acontecimientos con el paso de los días (por ejemplo, si se enfrenta la reacción del rector en caliente con la columna que luego publicó en El Espectador, o las bipolares posiciones de la Ministra, o las miradas desde orillas opuestas a la partida adicional de los 150 mil millones.)

Más que una recriminación o asignación de culpa, yo quisiera que la lectura fuera un llamado a reflexionar sobre algo que creo clave para romper el estado de conflicto en el que vive el país: la educación. Yo bien pudiera contrapuntearte argumentando que en el otro origen del conflicto, los miembros marginales de la sociedad, si estuviesen bien “educados”, no le servirían de materia prima bruta a la guerrilla.

Esto último a cuenta de que lo segundo que quisiera decirte ahora es que tu lectura de mi artículo (quizás porque yo haya fallado en llevar a buen término mis ideas sobre el papel—aunque sujetar ideológicamente al receptor es cosa imposible) parece estar justamente suscrita al perímetro de ese círculo vicioso en el que se culpa a la guerrilla de que destruya o al Estado de que no construya, a la guerrilla de que se presente como institución alterna al margen de la ley o al Estado de que no se haga presente con todo su cuerpo institucional en los rincones más apartados del país.

Esos dos puntos de vista son cuerpos celestes que orbitan el mismo astro a igual distancia pero uno diametralmente opuesto al otro. Jamás ninguno podrá alcanzar al otro. Yo creo que hay que romper ese campo gravitacional y forzar el colapso de alguno de los dos. Como yo no veo en la guerrilla (ninguna de las dos) a un interlocutor válido, entonces no me molesto en lo más mínimo en alterar su orbita que creo ridículamente anquilosada en ideas putrefactas y vencidas—que no además contaminada por el cáncer del narcotráfico y sus derivados. Mi único interlocutor válido es entonces su contraparte legítimamente establecida, es decir, el Estado en cabeza del gobierno de turno y la gente—ustedes, quienes me lean. A estos interlocutores válidos si los puedo —además, debo— intervenirlos de todas las maneras posibles hasta que haya el espacio para reflexionar sobre temas como el gasto del gobierno central en la educación sin que tenga yo que acallar mis ideas de cuenta de que otros tengan culpa mostrada sobre lo que se pudiera hacer si no nos estorbaran tanto.

En palabras simples, reflexiono sobre el papel del Gobierno porque es de quien espero más. Pero por encima de todo, reflexiono sobre nuestra visión misma acerca de qué es lo importante. Y cuando digo nuestra visión me refiero a todos como sociedad. Yo personalmente tengo hoy la convicción de que lo importante no está en la carrera militar—pues aun si ello llevara a la solución del particular de las guerrillas, no hay garantía de que nuestra sociedad pudiera asimilar ese éxito sin resquebrajarse moral y éticamente al caminar ese curso por la misma vía de las armas. Por eso creo necesario hacer una constante revisión de ello hasta más allá del punto del cansancio.

VN:F [1.8.1_1037]
Rating: 0.0/5 (0 votes cast)
VN:F [1.8.1_1037]
Rating: 0 (from 0 votes)

You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

AddThis Social Bookmark Button

Un comentario sobre “Respuesta sobre ‘Chocoramo mata Pirulí’”

  1. Johannes Correa comenta:

    Acabo de leer tanto el comentario de Sebastián como la respuesta de Ricardo sobre el tema del gasto en defensa/seguridad vs. educación/salud y me gustaría plantear un par de apreciaciones.

    Estoy de acuerdo con Ricardo en que hay que quitar de la mesa de discusión el factor Guerrilla como atenuante a las exigencias que debemos hacer como ciudadanos al Estado, para que responda por sus fallos y carencias en determinados puntos de su gestión. Y en gran parte, porque ese factor le ha servido a la dirigencia política nacional y regional como justificación para esconder sus problemas de gestión. Por qué no nos preguntamos cuánto le cuesta a Colombia, en terminos de crecimiento económico, la corrupción?

    Dice Sebastian que “Colombia crece anualmente cerca de un 2% menos de lo que podríamos crecer, con todo lo que esto conlleva en términos de bienestar para todos los colombianos.” Asumiendo que la cifra sea cierta, me gustaría recordar que en nuestro país el crecimiento económico no está relacionado directamente con bienestar social, entendido como la propagación de dicho crecimiento en términos de salud, educación, infraestructura, en fin, estrategias que reduden en beneficio de toda la sociedad. Aunque hace poco fueron publicados reportes oficiales que mostraban cómo en los 5 ó 6 años anteriores, los de bonanza económica, en los que la economía colombiana sostuvo un crecimiento positivo y superior al 4% si bien las cifras oficiales de pobreza parecen mostrar mejorías, los indicadores de desigualdad como el Coeficiente de Gini empeoraron, implicando que los beneficios de esos años terminaron concentrandose en pocas manos en vez de ser distribuidos efectivamente. Hechos que se demuestran en situaciones como la denunciada hace pocos días sobre lo ocurrido en el programa Agro Ingreso Seguro.

    En otro aparte de su comentario Sebastián argumenta que “el gobierno actual ha sido uno de los principales impulsores de una mayor inversión en educación. Por lo menos en el tema de educación superior, el gobierno actual ha llevado a cabo la mayor campaña de aumento de cupos educativos a nivel superior, impulsando la educación publica principalmente para los sectores menos privilegiados de la sociedad, llevando la educación terciaria a muchos municipios de Colombia que hace menos de una década no soñaban siquiera con terminar el bachillerato.” Aunque no se puede desconocer que es positivo que haya más jóvenes estudiando gracias a las ampliaciones de cupos, quisiera plantear una pregunta: ¿se mediría usted a dar una clase ante 50-55 estudiantes, en un salón cuya área está pensada para 35-40? Es eso educación con calidad o educación por cantidades? Si yo distribuyo 500 pesos entre 10 personas un día, y luego los mismos 500 entre 50, ¿aumenté el nivel de lo distribuido? Por otro lado me pregunto, ¿quién quiere ser profesor de colegio? Con las reformas que se han dado en los últimos años, hoy un estudiante recien egresado de una facultad de educación sale al mercado laboral a ganarse $1′171.300 y después de mucho estudio y experiencia su tope máximo es $4′203.996. ¿Se le mide? De allí que el gobierno se haya visto en la necesidad de realizar convocatorias para que profesionales de otras áreas ingresen al sector educativo, bajo la peregrina idea de que con un curso de nivelación pedagógica es suficiente. Y aquí no cito fuentes más que los comentarios y experiencias vividas por mi señora madre, que como rectora de una institución educativa de Medellín ha sufrido en carne propia los inconvenientes de incorporar a personas que en su gran mayoría, seamos honestos, encuentran en este sector un escampadero ante la falta de trabajo en sus áreas profesionales.

    Ya para terminar, no sobra recordar que bajo este gobierno se ha presentado también una intensificación del proceso de liquidación/privatización de entidades del sector salud, como la E.S.E Rafael Uribe Uribe en Antioquia, siempre bajo la perspectiva de que no son operativos y que financieramente no hay forma de gestionarlos. Mi pregunta es: ¿hay dinero para subsidiar proyectos agropecuarios no viables o de cultivos extensivos pero que requieren poca mano de obra, como la palma, amen de tener beneficios como que los mismos no deben ser retornados, y estamos en condiciones de ofrecer enormes beneficios tributarios a ciertos grupos empresariales para que conformen las famosas Zonas Francas, pero no hay con qué sostener la red hospitalaria?

    Creo que la discusión tiene tanto de largo como de ancho, pero como dice Ricardo, no podemos mantener a la guerrilla como un argumento justificativo de las deficiencias en las politicas sociales del Estado.

    Fuentes:

    [1] En Colombia hay ocho millones de indigentes.
    [2] Desigualdad y democracia en Colombia.
    [3] Escalafóm docente.
    [4] Decreto 1238 de 2009.

    UN:F [1.8.1_1037]
    Rating: 0.0/5 (0 votes cast)
    UN:F [1.8.1_1037]
    Rating: 0 (from 0 votes)

Publique un comentario