Chocoramo mata Pirulí
El pasado 21 de octubre se conocieron las cifras finales del presupuesto general de la nación para el año 2010. El diario El Espectador tituló su nota al respecto [1] de la siguiente manera: “Recursos para seguridad y defensa superarán por primera vez los de educación.” Otros hechos venían acompañando la aprobación del presupuesto. Vale la pena repasarlos.
Aun cuando los presupuestos estatales nunca se cumplen—un defecto del que sufren incluso los países más prósperos del mundo—, estos son generalmente entendidos como una ventana al interior del gobierno que permite observar en qué está fijada la voluntad política. Esto fue lo que le expliqué a mi hermano doctorado en economía cuando le pedí el favor que me ayudara a recolectar la información sobre el gasto público del gobierno. Su ayuda no vino sin hacerme dos comentarios al respecto: uno, que los presupuestos estatales son puros espejismos; y dos, que, según él, la única voluntad política en Colombia es la de robar.
La semana anterior a la aprobación del presupuesto, concretamente el 16 de octubre, ocurrió la “retención” del rector de la Universidad Nacional por parte de un grupo de aproximadamente 300 estudiantes que bloquearon y violentaron el vehículo en el que se trasladaba el rector Moisés Wasserman. Lo que de allí se desató da para mucha tela que cortar (por las posteriores implicaciones y decisiones tomadas), pero por ahora basta resumir que el aprieto terminó con la (ahora tradicional) intervención policiva al mando del Presidente, que se impuso por encima del curso (mesurado) que había tomado el gobierno distrital [2]. ¿Qué era lo que pedían los manifestantes? Más dinero para el presupuesto de la universidad. ¿Cuál fue la respuesta del primer mandatario? Estamos tratando. Y en verdad lo harían—o por lo menos, nos lo harían ver.
No casualmente, ese mismo 16 de octubre El Tiempo publicó un artículo [3] sobre la situación financiera de las universidades públicas y los prospectos de la educación superior citando un informe de la Contraloría en contraste con las cifras del Gobierno. El artículo, irónicamente, cita entre otros rectores al mismo Wasserman (que no sabía que más tarde, unas “personas extrañas, que no parecían estudiantes,” lo iban a “secuestrar” por estar de acuerdo con él). En el artículo los rectores argumentaban sobre el llamado colectivo de las universidades públicas por una mejor partida presupuestal en contraste con las exigencias mismas por las que estas tienen que responder ante la ley por cobertura y calidad.
Cinco días más tarde, durante la aprobación del presupuesto y mientras otros manifestantes más mesurados y acertados se agolpaban en la plaza de Bolívar, el Gobierno en cabeza del Ministro de Hacienda optó por adicionarle al presupuesto una cifra cercana a los 150.000 millones de pesos dirigida a la educación superior. No tardaría mucho en saberse que en verdad eran solo 120.000 millones de pesos, y otros argumentaron que era aún menos que eso. Rafael Pardo fue un paso más allá y dijo que el “Gobierno engañó a las universidades públicas y al Congreso” [4]. Los hechos se desarrollaron acompañados de más protestas, no sólo en Bogotá sino también en otras universidades del país [5,6,7]. Dos días más tarde la Ministra de Educación, entre la espada y la pared, puso la pelota de vuelta en el campo de las universidades a quienes les pidió más claridad en sus cuentas [8,9].
Todo esto vino y se fue, porque en esta semana está todo el país hablando de nuevo sobre la reelección y la “intemporalidad” de la “norma superior” del Ministro Valencia Cossio [10]. Permanece sin embargo el problema de fondo, lo que nos trae de vuelta a la nota de El Espectador que cité al principio, y que el rector de la Universidad de Cundinamarca pone en palabras diáfanas: “no puede haber más plata para guerra que para educación” [11]. Más aun cuando el “Gobierno está gastando más rápido de lo que gana,” como lo reportó Semana [12].
Me acuerdo entonces de la campaña publicitaria de Davivienda que decía: “su dinero puede estar en el lugar equivocado.” El problema es que no solo de hecho está en el lugar equivocado, sino que todo indica que está en las manos equivocadas—y pareciera no haber cómo quitárselos.
Otra memoria que se me cuela me hace recordar que de adolescente uno tenía esta expresión (que es una de esas tantas marcas que la violencia ha dejado en nuestro lenguaje) que decía, por ejemplo, “novio con carro mata novio con bicicleta.” Puede uno entonces, al ver la siguiente gráfica, imaginarse que si la intención del presupuesto se cristaliza, el gasto en seguridad y defensa de nuevo superará al gasto en educación, y entonces podremos decir que, casi literalmente, “plata para la guerra mata plata para la educación.” (¡Qué no hablar de la tendencia histórica de la infraestructura, que me produce vértigo!)
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Vínculos citados:
[1] Recursos para seguridad y defensa superarán por primera vez los de educación.
[2] Presidente Uribe llega a la Universidad Nacional.
[3] Presupuesto para la educación superior pública se queda corto.
[4] ‘Gobierno engañó a las universidades públicas y al Congreso’: Rafael Pardo.
[5] Estudiantes marcharon por el presupuesto de las universidades públicas.
[6] Se agudiza protesta en universidades públicas de Medellín.
[7] Falta de presupuesto para universidades públicas ya causa desórdenes en Medellín.
[8] Más claridad en sus cuentas pidió Ministra de Educación a universidades públicas.
[9] Ministra pide claridad a universidades.
[10] Campañas en incertidumbre.
[11] ‘No puede haber más plata para guerra que para educación’: Adolfo Polo Solano.
[12] Gobierno está gastando más rápido de lo que gana.
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Otros artículos de opinión al respecto:
– Financiamiento y política en la U., por: Francisco Cajiao.
– Las discusiones que deberían ser, por: Moisés Wasserman.
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Octubre 29, 2009 at 7:44 pm
Apreciado Ricardo,
Como siempre, encuentro interesante tu artículo, sin embargo me parece que la crítica al gasto en defensa y seguridad que se le hace al gobierno es un poco injustificada. Por un lado porque el gasto en defensa a diferencia del que hace el gobierno de Venezuela en tanques, aviones, helicópteros y fusiles, en Colombia ha sido principalmente en aumentar el número de hombres en las fuerzas militares y policíacas para poder garantizar que cada municipio de Colombia cuente con presencia del estado. Ahora, esto último ha sido vital tal como lo refleja este estudio de Cárdenas, Cadena y Caballero sobre “Análisis del incremento en el gasto de defensa y seguridad: Resultados y sostenibilidad de la estrategia” que recomiendo leer a cualquier persona interesada en entender porque el gasto en seguridad en Colombia es importante.
Esto en ningún momento quiere decir que el gasto en educación no sea importante, por el contrario es muy importante y tal como lo refleja el gráfico que Lo Blanco & Lo Negro ha preparado para la ocasión, el gobierno actual ha sido uno de los principales impulsores de una mayor inversión en educación. Por lo menos en el tema de educación superior, el gobierno actual ha llevado a cabo la mayor campaña de aumento de cupos educativos a nivel superior, impulsando la educación publica principalmente para los sectores menos privilegiados de la sociedad, llevando la educación terciaria a muchos municipios de Colombia que hace menos de una década no soñaban siquiera con terminar el bachillerato.
¿A qué viene todo esto? En ningún momento a una defensa generalizada del gobierno y sus políticas, porque así como ha tenido sus aciertos ha tenido sus fallas, sino más bien a una mirada diferente al problema del gasto en Colombia. El problema de que el gasto en defensa haya sobrepasado al de educación no debería atribuírsele al gobierno de turno (total cualquier gobierno que quiere tan siquiera mantener el terreno ganado en términos de seguridad tendrá que por lo menos mantener el nivel de gasto) sino más bien es culpa de los grupos al margen de la ley (principalmente guerrilla).
Sí el gobierno no tuviera que preocuparse más porque la guerrilla no se tome pueblos enteros, destruyendo entre otras escuelas y hospitales, y por mantener con vida a los jóvenes del país, que por educar y abrir oportunidades a las nuevas generaciones, tal vez podría enfocarse más en aumentar la cobertura y calidad de educación y servicios de salud en todo el territorio colombiano. Pero como ese no es el país que nos toco vivir, sino uno bastante diferente, pues al gobierno de turno (sea el que sea) le va a tocar seguir gastando en defensa mucho más de lo que cualquier colombiano del común desearía. Y es por ese “pequeño” inconveniente de la guerrilla y todos los males que ha generado que el estudio mencionado anteriormente encuentra que Colombia crece anualmente cerca de un 2% menos de lo que podríamos crecer, con todo lo que esto conlleva en términos de bienestar para todos los colombianos.
Así que en mi opinión personal, habría que recriminarle el menor gasto en educación, salud e infraestructura a las FARC y al ELN, que nos han obligado a desviar recursos hacia la defensa, que hubieran sido (bajo otras circunstancias) mejor utilizados en educación, infraestructura, etc., etc., etc.
Un saludo,
Sebastian
Octubre 29, 2009 at 10:52 pm
Estimado Sebas, te respondo en una nota que publico en seguida. Puedes verla aquí.