La cosa loro, non è nostra
Cuando la semana pasada con la aprobación del referendo me vi el video de El Tiempo y CityTV registrando la alegría del ministro Valencia Cossio y los congresistas, además de la nausea, se me vino a la cabeza de inmediato la escena final de El Padrino (o el penúltimo capítulo del libro—que es idéntico). No porque haya semejanza entre los personajes—ya quisieran los corruptos políticos colombianos tener el estilo de un Corleone—sino por los gestos y el descaro.
En el video se ve al ministro del interior salir a decir ante las cámaras sin el más mínimo de los reparos que “está muy contento al ver como la Cámara de Representantes interpretó el sentimiento mayoritario de los colombianos”, y describir el hecho como “un acto de grandeza en respuesta a una iniciativa popular que lo único que pretende es que sea el propio pueblo colombiano quien decida.” Entonces me parece ver a Michael Corleone ser capaz de soltarle a Kay ese “no” seco, que le desarma a ella el corazón y la razón. Luego nos muestran las imágenes que se grabaron al interior del recinto de los padres de la patria y uno ve a un montón de congresistas abrazando al Ministro y dándole besos. (Hasta por ahí se le alcanza a ver al ministro caído Andrés Felipe Arias arrimársele a recibir un abrazo escueto porque sabe que cada vez se le hará mas difícil explicar que él si tiene pareja y motivo para ir al baile solo que sucede que su pareja va a ir con otro tipo.) Los abrazos de los congresistas se me hacen iguales a los besos que en la mano le dan los caporegimes Clemenza, Rocco y Neri al nuevo Don.
La oposición le haría bien en el papel de Connie tratando a gritos en medio del desespero de convencer a Kay Adams de quién es en verdad su marido. De Kay le podrían hacer todos los colombianos que siguen hipnotizados con la idea de que Uribe es la salvación encarnada presidente.
Me asusta pensar que en el El Padrino, Parte III Connie termina cuidando piadosamente de Michael y que la familia nunca logra escapar a la inercia de la cosa nostra, pero me tranquiliza saber que Kay Adams logra rehacer su vida de manera independiente e incluso “salvar” al menos a uno de sus hijos.
Fabio Valencia Cossio. Fabio Valencia Cossio. Al final del gobierno de Pastrana Fabio Valencia Cossio era un personaje más que incomodo en la política colombiana. Demasiado untado de los usos del congreso y manchado por su activa participación en los diálogos del Caguán, por solo decir lo menos, sigilosamente se fue a Italia. ¿A qué ha llegado Uribe? Y Uribe! Nada más para los que se obstinan les recuerdo que el primer candidato Uribe nos convenció a más de uno con los famosos (ya no tanto) 100 puntos. Permítanme entonces recordarles tan solo unos apartes del documento que aun reposa por ahí (yo, irónicamente, me lo encontré en el ministerio de… educación!)
8. Menos Congreso, menos consulados y embajadas. Menos contralorías, menos vehículos oficiales. A cambio más educación, más salud, más empleo productivo. 9. El 7 de Agosto, a las 5 p.m., si con la ayuda de Dios y el apoyo del pueblo colombiano llego a la Presidencia de Colombia, presentaré el “Referendo contra la Corrupción y la Politiquería”, que incluirá la reducción del Congreso, la eliminación de los auxilios parlamentarios y de sus privilegios en pensiones y salarios. 18. No podemos seguir con un Congreso que cuesta $600.000 millones al año cuando para vivienda social solo hay $150.000 millones. El número de congresistas debe reducirse de 266 a 150. Sin privilegios pensionales, ni salarios exorbitantes. Un congresista español devenga $7 millones, uno colombiano gana el doble. 94. … En lugar de reducir los recursos de educación y salud, disminuyamos los gastos de la Presidencia, el Congreso, cerremos las embajadas y consulados innecesarios.
Y les dejo con el último punto que es el mejor de todos.
100. Aspiro a ser Presidente sin vanidad de poder.
Por eso es que, Presidente, Ministro: La cosa loro, non è nostra!
El Congreso
La Familia
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septiembre 8, 2009 at 12:15 pm
Lo más triste es que la gente en el extranjero se cree el cuento de que Uribe es la salvación. Me encanta tu opinión y la comparto.
septiembre 9, 2009 at 12:35 am
No creas Nadya. Yo he visto de todo en el extranjero. Atreviéndome a hacerle de “encuestador” y concinete de que mi muestra es bastante limitada, te confieso que son más las gratas sorpresas que las non-gratas. Se me ocurre hacer un sesgo desagradable y es que los colombianos que salen de colombia en una condición franca de ventaja económica si parecieran ver en los resultados en materia de seguridad un esplendor que evidencia sus motivaciones de regresar a un espacio en el que puedan “gastar sin miedo.” Pero esta población es minoritaria—solo que influyente y habla duro porque se siente “entitled.” La mayoritaria a la que yo estoy expuesto (y de nuevo confieso que mi muestra es súper restringida), son estudiantes o profesionales que salieron por propio mérito en busca de mejores oportunidades y no necesariamente huyendo de una directa amenaza a su seguridad; estas personas tienden a ser mucho más críticas y abiertas—más entre más tiempo lleven por fuera. Luego estan los que salieron por pura y física necesidad—a quienes les importa más, por obvias razones, salir a flote de su vorágine personal, y todo esto les parece un boñigueadero sobre el que opinan, sí, pero del cual a la larga prefieren no untarse. Yo cifro entonces la esperanza en ese grupo del medio que es el que podría, y debería, ser el de verdadera mayor influencia—por lo menos electoral. Curiosamente, creo yo, es ese grupo el que estando dentro de colombia (es decir, la clase media) a ratos pareciera no lograr sacudirse la neblina del páramo que a diario recorre viciosamente sin lograr salir de la trocha ni ver el Magdalena. A esa fracción de pueblo es, intepreto yo, a la que se refiere también Antonio Caballero en su columna de esta semana. Bueno… gracias por el comentario, luego le seguimos buscando la comba al palo.