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Enlatados al desayuno

Uno de vez en cuando llega al mercado y le han cambiado las cosas de lugar. Cuando yo era niño, en la mayoría de los supermercados, los enlatados estaban todos juntos, sin importar si eran frutas en almibar, verduras, sopas; todo lo que viniera en hojalata estaba clasificado en el mismo corredor. Ahora, en cambio, las sopas todas van en un mismo lugar, las de sobre y las de lata unas junto a las otras están en un solo corredor; y las frutas enlatadas van con las mermeladas embasadas en vidrio en otro corredor aparte. Hoy también se acostumbra que el orden de los corredores vaya con el orden de las comidas. Así que todo lo que esté relacionado con el desayuno va más o menos junto y al principio, y lo que sea de fiesta y parranda, va por el final y aparte. Todo esto sucedió casi sin que yo me diera cuenta, pero siempre con una constante: todos los cambios, mejoras y reacomodos los hicieron de noche y me cambiaron el orden de hacer las cosas para el siguiente mercado. Pero lo sabe quien haya tenido tienda, y quien no también, que los supermercados hacen estos cambios de noche en procura de minimizar el impacto que puedan tener en sus clientes durante el día.

En política, y mejor, en el ejercicio legislativo, sin embargo, los cambios hechos de noche, aun cuando estén dentro de la legalidad, y aun si fuesen por el bienestar común, me incomodan mucho más que los de la distribución de los enlatados en las tiendas de mercado. A pesar de que no es la primera vez, no me acostumbro aun a la idea de que uno se acueste con el país en un estado de orden y se levante con él en otro. Así pues, el miércoles 17 de diciembre, los colombianos amanecimos de nuevo con la posibilidad del referendo por la reelección. Un referendo que hasta la noche del 16 andaba embolatado.

Yo no firmé la iniciativa del referendo, ni votaría por la reelección—sea en 2010 o en 2014. Pero ni lo uno ni lo otro me genera tanto desacuerdo como sí lo hace, y mucho, que la decisión de darle trámite al primero se haya tomado como se tomó: mientras el país dormía.

Muchas veces nos disgusta que nuestros legisladores y dirigentes aparentemente no trabajen tanto como el resto de los colombianos. (Una de esas quejas tontas en las que caemos todos de vez en cuando.) Pero no creo yo que citar a sesiones extraordinarias al filo de la medianoche sea una de las numerosas muestras del presidente de su capacidad de entrega y trabajo a lomo quebrado por el país. Como tampoco creo que legislar entre la media noche y las cinco de la madrugada haya sido propiamente una muestra de los sacrificios en los que ocasionalmente tienen que incurrir los legisladores y los ministros. Ambas cosas, por el contrario, parecen obedecer a otra lógica. A una que no logro asimilar y que encuentro bochornosa, casi vulgar.

Si la editorial de El Tiempo del domingo 14 quería presionar para que el presidente se pronunciase más claramente sobre sus intenciones, hoy pareciera que a pesar de la polémica algún efecto haya tenido — contrario. Y por más empeño que el ministro del interior y de justicia le ponga a tratar de justificar el decreto de llamado a sesiones extras como un noble acto por darle trámite a la intención y firma de los no cinco sino cuatro millones de colombianos que apoyaron la iniciativa, lo que está claro es que el gobierno, bien sea en cabeza del presidente o bajo la escudería de sus ministros (claridad que poco importa a estas alturas), está apostándole aun más seriamente de lo que imaginabamos al trámite del referendo — que no decir de aquellos que ya hoy defienden las múltiples alternativas sobre su legalidad y contenido.

(Todo esto sin abarcar otras cosas de forma y fondo que hacen pensarlo todo dos veces. El cómo, por qué y para qué. El procedimiento y su legalidad. Su constitucionalidad y financiamiento (previo y futuro). Las implicaciones en la agenda legislativa y el ambiente político del próximo año. Etcétera. Si esta es una victoria pírrica como lo dijo el ex presidente Gaviria en entrevista con La W, cuál sería entonces la motivación. Corresponde entonces restarle importancia y no hacerle el juego. Tratar de mantener la mirada en lo realmente importante —en buena parte olvidado en medio de estas coyunturas—, a saber: educación, infraestructura, institucionalidad, justicia, orden social, presencia integral del estado, respeto por la diferencia, opciones de vida para los mas olvidados, y la lista se sigue.)

Lo cierto es que nos han cambiado los enlatados de lugar. A ver qué comemos al desayuno.


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2 comentarios sobre “Enlatados al desayuno”

  1. Maria del Carmen comenta:

    Y lo más preocupante es que sí se llegara a aprobar (aún cuando medio mundo político del país opina que es “un cadaver”), los votantes por Uribe serían muchos. No es solamente lo procedimental sino también el resultado posible lo que hace que los últimos ocho años de Colombia sean tan increíbles, y pareciera que el pueblo anda como perdido entre el humero provocado por la Política de Seguridad “democrática” que no permite discernir lo que se le viene encima, un caudillismo agresivo-pasivo tal vez?

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  2. Juan Carlos Suarez Perez comenta:

    Excelente apoyo para describir lo que nos está pasando: nos están cambiando la distribución del supermercado!. En el supermercado lo hacen para satisfacer al consumidor y esa es la misma posición del gobierno: creer que está satisfaciendo las necesidades del pueblo a punta de arbitrariedades. En el supermercado el cliente se va acostumbrando al nuevo “lay out” de la tienda y termina por aceptarlo como un cambio extraordinario que le facilita la vida, pocas veces usa el buzón de sugerencias para opinar porque además considera que seguramente no será tenido en cuenta. En algún lado lei una frase que nos describe perfectamente: “no somos ciudadanos, somos consumidores”.

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