Ganar será perder
Durante los 80′s y los 90′s, Francisco Maturana trato de todas las maneras posibles de convencer a la crítica deportiva y a los aficionados del fútbol, y por ahí mismo a un país entero ávido de momentos de alegría nacional, sobre la idea de que perder es ganar un poco. Ahora, Cesar Gaviria anda empecinado en una labor similar, igualmente difícil pero muy loable en su fin. Tratar de convencer al país de que ganar, como lo estamos haciendo, será perder. En el fondo, los dos le dan en la cabeza al clavo. Maturana intento a costo propio clavar ese clavo sobre roca durante mucho tiempo y cuando menos pensó le quitaron el martillo, se le llevaron los clavos y movieron la piedra de lugar. Para entonces, el país futbolístico ya iba en otra dirección—de la que hoy pareciera si apenas recuperarse. Pueda ser que a Gaviria el país político no se lo quiten de las manos sin darse cuenta y que logre ahondar en la opinión publica la necesidad de fortalecer, ante todo, las instituciones.
Maturana —a quien yo no pretendo defender por sus estrategias futbolísticas, pero a quien si entiendo en su filosofía del trabajo— en ningún momento quería vendernos la idea de que perder fuera bueno. Lo que sí quería vendernos era la idea de que solo se gana en en verdad, cuando se progresa. Convencernos de que el triunfo no es fortuito. Que la victoria es pasajera. Quería que entendiéramos que el progreso es mejor que un instante de alegría fugaz. Es decir, que viéramos mas allá de nuestras narices. Ese progreso sostenido hacia el futuro solo se consigue con el fortalecimiento de las bases y las instituciones. Con el respaldo de un método y el respeto por lo establecido. Con una cultura de disciplina—disciplina ciudadana y política. Eso es lo que deberíamos compartir sin reparos y lo que anda promulgando el ex presidente Cesar Gaviria. Eso es lo que yo le entiendo, entre otras cosas menudas, y es una idea que respaldo porque tiene visión a largo plazo.
La personalizacion de la política que se da dentro del estilo de gobierno del presidente Uribe, con todo y sus logros, esta poniendo en un riesgo mayor al establecimiento colombiano y a sus instituciones. Ganar la guerra, a este costo, será perder.
En otras ocasiones he pensado, y ocasionalmente escrito, que los colombianos tenemos que hacer una reflexión profunda sobre cual es el costo que estamos dispuestos a pagar a cambio de la solución del conflicto armado. Hay costos a corto, mediano, y largo plazo. Los hay unos más baratos y otros más caros. La mayoría son viables y cada cual ofrece resultados distintos. Por desdeño sobre la cosa política, durante muchos años dejamos esa reflexión en manos de otros—en manos de las guerrillas y los gobiernos de turno. Elección tras elección nos hemos embarcado en naves con distintos rumbos o sin rumbo alguno. Uribe, por lo que ha logrado —no él sino su gobierno— y que además todos reconocemos, ha convencido a la mayoría de que la solución puede llegar por medio del ejercicio cumplido de la fuerza legítima del estado—bajo la sombrilla del concepto de seguridad democrática. En Colombia se ha afianzado entonces la tesis de que la guerrilla puede ser derrotada. Pero la cuenta de cobro se nos está saliendo de las manos a todos. Y bajo el espejismo del triunfo vamos a perder lo mas sagrado en el estado: las instituciones.
El crecimiento desmedido de las coaliciones; la posibilidad de una nueva reforma que permita una tercera reelección; el paso en blanco de leyes de importancia como la reforma política; la deslegitimación del otro como opositor con un uso unilateral de retorica en el discurso; y la agrabada polarización del país que está a punto de pasar de los partidos al pueblo, no nos llevan por buen camino. A este paso nos va a ocurrir al contrario que a Maturana: ganar será perder—y mucho.
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