Consecuencias… ¿inocuas?
Siempre he sido un crítico de mis amigos que piensan que todo es un complot, que en todo hay trampa o que en todo hay gato encerrado. Prefiero nunca imaginarme a una persona en ejercicio de poder, cualquiera que este sea, haciendo las maniobras que normalmente solo caben en la mente de esos amigos a quienes critico. Por eso, no creo nunca cuando me pintan a los presidentes elaborando toda clase de estrategias y malabarismos para salirse con la suya, o la de otros. Esta actitud me da cierta paz interior en mi ejercicio ciudadano. Sin embargo, mi paz interior no me hace pendejo. Lo que se ve hoy día en la política, conviene pensarlo dos veces—pero sin fantasear.
Hay hechos que a la luz de hoy son claros y sobre los que no debe haber discusión. La Sra. Yidis Medina Padilla se manifestó en la noche del martes 1 de junio de 2004 en contra del proyecto de reelección. Al día siguiente, antes de pasar a votar en el Congreso, se dio una vuelta por Palacio (de donde la mandaron llamar, o a donde la invitaron), y fruto de lo que haya consultado con la almohada entre la noche del 1 y el 2, lo que haya desayunado ese miércoles, o lo que haya conversado en Palacio, por iniciativa propia o por la invitación, cambió de opinión a la hora del voto—o en el proceso para sufragar el mismo. Hasta ahí, todos tenemos que estar de acuerdo. Esos son lo hechos. Martes 1 no, miércoles 2 si.
Luego de eso viene la carnicería de plaza. Vienen las entrevistas, que sí los vieron en Palacio, que desde la ventanilla del congreso se veían venir caminando más sonrientes, que los supuestos libros a ser publicados, y los puestos otorgados, y unos dineros que cambian de manos, unas llamadas que no se entienden si eran para bueno o para malo, unos halagos, unas insultadas, y un sartal de supuestas y no tan supuestas mentiras y enredos que no se entienden muy bien y que dan vergüenza nacional. Nosotros lo ciudadanos del común (e incluso los ciudadanos no tan comunes) no tenemos la herramientas para desanudar ese enredo, ni nos corresponde. Quienes si tienen esas herramientas y a quienes si les corresponde, se llaman jueces—en este caso jueces de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia.
Y los jueces mandan decir que si. Que la Sra. Medina Padilla cambió de opinión fruto de su visita a Palacio y no de haberlo consultado de nuevo con la almohada o porque el desayuno le haya caído regular. Pero esto no es nuevo. Esto se sabe desde el 2005. Ahora bien, fueron estos ofrecimientos lícitos? Ahí está el enredo. Primero, hace tres años largos, en febrero de 2005, tras cursar la demanda del Representante Navas Talero (“cuánto le enseñaron, cuánto aprendió”, Consultorio Jurídico), la Corte dijo que no. Que todo fue legal. Que aunque Medina Padilla cambió de opinión fruto de lo que se se negoció en Palacio, esto ocurrió dentro de los estatutos que permite la ley. Esto, porque en Colombia, como en muchos otros países, no delinque el congresista que presiona al ejecutivo, o se deja presionar del mismo en una u otra dirección, en beneficio de la región que representa el primero. Por ejemplo, si hecho con cuidado y en beneficio general del pueblo, en Colombia no es delito acordar lo siguiente: el congresista X votará que sí al proyecto de ley Z a cambio de que el ejecutivo se comprometa a destinar los fondos para construir un centro de reposo en El Calvario (municipio del Meta), lugar donde dicho centro, dado el nombre mismo de la localidad, es de conocida necesidad pública.
Pasados cuatro años desde el voto, y tres y unos meses desde el primer fallo, ahora los jueces de la sala penal de la corte, dadas las nuevas versiones que afloraron durante este tiempo, se han pronunciado de manera contraria. Han encontrado que sí, que lo que se negoció en Palacio para que Medina Padilla cambiara de opinión sobre el ‘articulito’ si cruzó el horizonte de la legalidad y que por lo tanto se incurrió en el delito de cohecho—porque se puso de acuerdo con alguien para que, a cambio de algo, ella se pronunciara en forma contraria a su convicción personal, es decir, se vendió. O lo que es equivalente, se demostró que para que el congresista X votara a favor del proyecto Z, la construcción del centro de reposo se le dio al primo del congresista X y el director nombrado fue el tío del congresista X y el primer admitido para su reposo fue el padre del congresista X, y se encontró que en El Calvario todos viven muy bien y el centro aquel ni era necesario porque el nombre de la localidad no indicaba nada acerca de la misma. Por lo tanto, lo negociado no se hizo por el bien de la región de El Calvario, sino para satisfacer los intereses personales del congresista X, por lo que este incurrió en un delito al negociar indebidamente su voto.
¿Ocurre cosa similar en el caso de la Sra. Medina Padilla? La corte dice que si. El Gobierno dice que no. A mi a estas altura poco me importa. Lo que si me importa es que cambió de opinión fruto de lo que se conversó en Palacio. Y sobre eso no hay duda. Porque eso se concluye en ambos casos, en el caso con delito y en el caso sin delito. Esto se decanta de los fallos mismos de la corte, el primero resumido en las primeras paginas del segundo y que uno puede leer en El Tiempo.com (aqui). Pero en el caso sin delito no hubo tanto alboroto.
Si al Gobierno hoy le incomoda tanto que se cuestione la reelección ¿por qué no igual incomodidad en el fallo anterior de la corte? Ambos fallos cuestionan el curso de la reforma constitucional que dio origen a la votación por la reelección. Solo que uno encuentra en ello ilegalidad mientras que el otro no. Pero ambos arrojan la misma conclusión, el paso de Medina Padilla por Palacio sirvió para torcerle el brazo al legislativo con propósitos que favorecían al ejecutivo de paso que a la nación, si acaso pudiésemos dar lo segundo por cierto. Para eso no se requiere ser juez ni tener las herramientas que ellos esgrimen. Para llegar a esa conclusión sólo se necesita sentido común.
En el caso del delito, algunos tendrán sí que pagar por ello y en el caso de no delito, entonces no. La pregunta es: ¿Qué tanto nos incomoda esto a los colombianos? Al parecer no tanto. Que el fallo de la semana pasada reciba mas atención que el de hace tres años es fruto de los medios y la algarabía de los actores de esta tragicomedia colombiana. Pero si mucho nos importara, la reelección misma no se hubiera llevado a buen término. El pueblo hubiera castigado al gobierno en las urnas mismas. Cosa que no ocurrió. Dicho esto, no se necesitan entonces unas nuevas elecciones para reafirmar el mandato popular del presidente. El cambio en la constitución, con un tramite retorcido o no, ya se hizo. Si la Corte Constitucional le da trámite a la solicitud de la Corte Suprema, entonces le corresponderá decir si el asunto es o no cosa juzgada, y ello, a lo sumo, nos haría revisar el articulado, pero aun así no se vislumbra escenario alguno que ponga en peligro la culminación del segundo periodo presidencial en curso.
Por lo tanto, ¿para que ir de nuevo a las urnas? Para todos es claro que el Presidente cuenta hoy día con el apoyo de la mayoría de los Colombianos. Esto es así para quienes gusten o no de su mandato. Se resuelve con una encuesta. La pregunta de nuevo es, ¿para qué meternos en el tema de repetir elecciones? ¿por qué tanto alboroto? ¿por qué convertir un asunto legal en un asunto político?
Las respuestas no las tengo, pero si tengo pensamientos sobre las consecuencias, y estas (no excluyentes entre si), según mi observar, van de la siguiente manera:
1. Esto nos permite destapar la olla de la nueva reelección. Permite que el tema se empiece a discutir sin los tapujos con los que se venía discutiendo. No digo que esto haya sido planeado, por aquello de que no soy un complot-maniaco, pero es una consecuencia que se vio de inmediato. En el mejor de los casos, esto permitiría medir en las urnas el poder que tendría un eventual guiño presidencial.
2. Esto le entrega una nueva papa caliente al legislativo. Lo entretiene para empantanarlo más de lo que está. Si el legislativo por lo general trabaja poco a los ojos de los colombianos, ahora, por tener que discutir el tema del referendo en el día a día, y de paso sortear los enfrentamientos entre reeleccionistas y antireeleccionistas, menos trabajará. Dejando de paso reformas que el país si requiere.
3. Esto enfrenta, sumado a las denuncias hechas en contra de los magistrados de la Corte, a los poderes legislativo y judicial. Ahora, en lo que a las tres ramas del poder se refiere, estamos todos contra todos. Aumentando así el caos institucional colombiano.
4. Fruto de las dos anteriores el ejecutivo emergerá como la única rama del estado que trabaja de manera visible. Si bien en el curso de lo que se venga, ministros o ex ministros podrían salir mal librados, la cabeza del ejecutivo, es decir, el presidente, saldrá a flote por encima de todas los demás como aquel que si tiene el poder y lo ejerce. Más aun con el viejo zorro que ahora se sienta en el Ministerio del Interior y de Justicia.
5. Esto aumentará la sensación nacional de que sólo el presidente tiene el timón y conoce el rumbo del país. El aire mesiánico aumentará. Aquellos a favor estarán en éxtasis y aquellos en contra tendrá que buscar una alternativa diferente al choque de personalidades, en el cual Uribe a todas cuentas siempre ha salido triunfador.
Pero a la larga, no pasará nada. Al menos nada distinto de lo que ya viene ocurriendo: el debilitamiento de las instituciones como costo colateral del triunfo personal (¿y colectivo?). Ganar para qué entonces.
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Julio 1, 2008 at 10:55 am
Como me puedo suscribir al blog para que me avise a mi correo electrónico cuando publiquen un articulo nuevo? Como puedo “recomendar” el blog?