Que nos lo revoquen a todos
Se estuvo hablando, y en Cali se dieron a la tarea, de recoger firmas para revocar el Congreso de la República. El argumento está en que una vez más, de cuenta de la para-política otros cuantos legisladores han ido a parar, aunque quizás no literalmente, tras las rejas. O porque a otros se les ha abierto investigación—que aunque aquí normalmente camina lenta, que camine ya es mucho (de pronto tanto, que ahí mismo damos a todo investigado por condenado.)
Publica El Tiempo dos editoriales (del 2 y 3 de abril) que llegan a tiempo con esta situación. En la primera se llamó la atención sobre los retos que tiene por delante el presente cuerpo legislativo y, en la segunda, lo inconveniente que resultaría, dados dichos retos, emprender acción alguna que devolviera a sus casas a los restantes no-probados-corruptos o no-investigados-por-ello congresistas. ¿Qué tan diezmada puede estar la capacidad legislativa del congreso dadas las obligadas deserciones de aquellos enredados en asuntos con paramilitares? Argumentaba la editorial que no tanto, ya que tan solo un veinte por ciento de los investigados han sido llevados a caución de sus libertades. Comparto yo con el editorial que no de cuenta de unos pocos, otros muchos deban pagar.
Aunque en Colombia se nos ha enseñado que, por lo general, justos deban pagar por pecadores, no creo yo que semejante doctrina escolar-religiosa, se les deba aplicar a los congresistas. Y no porque no se lo merezcan, a lo mejor si lo merecen y les sirviría de escarmiento a todos (me río yo mismo—aquí no sabemos de escarmiento). No creo yo tampoco, como pareciera ingenuamente hacerlo, o así yo lo leo, el editorial, al creer que el congreso actual sea capaz de aplicarse y aprobar las reformas política y electoral que cursan en el legislativo. Primero porque el pueblo no entiende de umbrales, y segundo, porque, a mi pesar, parece que aquí nos gustaran los partiditos de garaje, y la falta de disciplina política de los partidotes tradicionales. Confundimos tontamente disciplina política con Frente Nacional. Confundimos partidos de garaje con pluralismo. Y, convencido ando, de que si la voluntad no es de todos los colombianos, los del congreso bien nos pueden amañar en distracciones, como que incluso, les revoquemos el mandato. O que formemos comisiones que investiguen a quienes comisionan. Aunque haya quien incluso diga que esas cosas no son legalmente viables (de lo cual yo no se).
Pero la razón por la que yo creo que ello no deba resolverse así—revocando mandatos o comisionando investigaciones—es porque ahí se ocultan dos asuntos a los que les temo más que a la existencia de la infiltración a alto nivel de los grupos paramilitares en el legislativo. Le temo mucho más a los congresistas que aprovechan cuanto fósforo se prenda para salir gritando fuego. A esos que pasan más tiempo en la radio criticando a sus colegas que en sus oficinas impulsando leyes. Le temo mucho más a la creencia generalizada de que apagando fuegos, se salva un barco sin mástil. Si se trata de revocar mandatos, revoquémonos el mandato todos. Empecemos por revocarnos el mandato de ciudadanos nosotros mismos. O por lo menos a aquellos que votaron por esos congresistas aliados de paramilitares en La Costa, Antioquia, y demás. Revoquémonos el mandato de ciudadanos a los que votaron por Luís Pérez para que le pusiera el platillo volador a La Macarena. Revoquémonos el mandato a quienes eligieron a Samper con dineros calientes y a todo el equipo del ocho mil.
Se enloqueció Ricardo Taborda! me van a decir. La verdad es que lo que propongo es absolutamente ridículo, inviable, improcedente. Mi punto, sin embargo, está en que dejemos de buscar blancos para nuestros tiros de escopeta con pólvora mojada. Y comencemos a trabajar todos, como sociedad, por una mejor cultura política. Una cultura de responsabilidad y participación. Por ello entonces que cada vez que tengo oportunidad me escuchen machacar en el cuento de la necesidad de educación. Porque en la ignorancia que nos trae la pobreza y la falta de presencia estatal, en las orillas urbanas o en el campo, está la tierra de abono en la que crece la oportunidad perfecta para la compra del voto y la intimidación del votante. Y esto de la mano, ultimadamente, hace que sea un reflejo del pueblo, el carácter y el talante (nulo) de quienes nos dirigen. Siendo todos culpables, todos debemos pagar y sacrificarnos.
Pero no le descarguemos el bulto a la masa, arrastrémoslo todos. Los mas pudientes también. Empecemos, por ejemplo, a hablar de política y a no endemoniar el tema y los ponentes. Me explico. Estando en más de una reunión social y cuando la conversación a esas arenas nos lleva, nunca falta quien diga: no, no, no, mejor no hablemos de política. Y me pregunto yo, ¿por qué carajos no? Por no hablar de política es que estamos como estamos. Porque la política se nos convirtió en tema tabú. Hoy en día en una reunión social se habla más fácil de sexo que de política. ¡Nuestros abuelos se deben estar revolviendo en sus tumbas!
Y les pongo otro ejemplo. El otro día, en una reunión familiar, una señora ya mayor me pregunto que cuando yo terminara mi doctorado en ingeniería sísmica, ¿qué carajos haría en Colombia? Y yo respondí, de la manera que a mi me resulta más natural, que además de la vida académica y universitaria y de investigación, a mi me interesaba la política y el servicio público. ¡Qué he sabido decir! “Pero Ricardo, usted tan querido, tan buen mozo y tan buen muchacho, para que se va a poner en esas. Luego de todo lo que ha estudiado papito, como se le ocurre irse a meter entre esa gente. Le van a terminar dañando el corazón. Le va a tocar ‘hacer cosas’ que usted ni sabe.” (Y ella ¿tampoco?, pensé yo).
Esto es tan solo otro ejemplo de lo que demuestra que la cosa política tiene hoy día en Colombia un estigma, que si bien es merecido por lo que hemos hecho de nuestro propio ejercicio ciudadano, no nos está llevando por buen camino. Tenemos pues entre todos que elevar el sentido de lo público. De lo que nos concierne a todos. Y no simplemente verlo como lo distante. El asunto de ‘esos’, ‘esos políticos’, ‘esos ladrones’, esos lo uno y esos lo otro. Revoquémosles el mandato. Saquémoslos y traigamos ‘otros’. Y luego los ‘otros’ se nos convertirán en otros ‘esos’ como estos de hoy. Y la cosa se seguirá porque los que necesitamos ir al confesionario ciudadano somos todos como Nación. Nos tenemos que apersonar del asunto y dejar de pensar que para eso les pagamos. “Para eso le pago mijo, para que me atienda.” De nuevo, una cultura en la que hemos relegado la responsabilidad de patria a unos pocos y luego todos muchos nos asombramos de que aquellos no la hayan sabido administrar. Nosotros no hemos sabido elegir. Nosotros todos hemos tomado caminos fáciles. Tenemos que entender que en el ejercicio ciudadano lo que se delega la administración, pero la responsabilidad sigue siendo de todos. Que nos revoquen el mandato a todos entonces!
(Así lograremos debilitar un poco más nuestras instituciones, les daremos la disculpa perfecta para no pasar la ley de reforma política y electoral, nos entretendrán con resultados de comisiones maniatadas, y nos gastaremos el erario público en la logística de otras nuevas elecciones.)
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