Expansión en Series
Con todo el asunto de la marcha en contra de las FARC fueron muchas las conversaciones que tuve con amigos y no tan amigos. Entre las que mÁs me absorbieron fue una que tuve con una amiga de firmes creencias. Un hueso duro de roer. Ante la sorpresa de que yo, un puro fruto del establecimiento, fuese de la creencia de que había algo más en Colombia que el mal que por si misma representan las FARC, largos fueron los argumentos sobre las posibles soluciones y alternativas que deberemos enfrentar en el futuro como colombianos. Uno de mis argumentos en los que ella más reparó era el de mi creencia de que tarde que temprano, tendremos que sentarnos de nuevo con las FARC en una mesa de dialogo. Y la mayor razón que yo encontré para explicarle mi posición al respecto fue que las FARC eran solo un término en la expansión en series de la ecuación del conflicto colombiano. (!Qué!)
Me perdonarán si me voy a meter en temas de matemáticas pero es la mejor metáfora que se me ocurrió. En las palabras más simples de las que puedo echar mano les diré que está hasta buen grado de precisión demostrado que cualquier función, por compleja que sea, puede representarse como una expansión en series—de senos, cosenos o Fourier. Cuando de un lado tenemos entonces la función original, del otro tenemos una serie o series de términos en los cuales la función original se puede, por decirlo de alguna manera, desglosar—expandir. Cada uno de los nuevos términos de la serie son acompañados en frente de sus respectivos coeficientes. Esta igualdad, la de la funcion original igual a su expansión en series, conforma una ecuación cuya solución consiste en encontrar todos y cada uno de los coeficientes que definen el peso que cada uno de los términos de la expansión poseen, para representar apropiadamente la función original. Estos coeficiente pueden ser independientes entre si o, por el contrario, depender unos de otros. Lo segundo, haciéndolos mucho más difícil de encontrar o resolver.
Pienso yo entonces que la compleja función de la problemática colombiana bien pudiera expandirse en una elegante serie de Fourier, en la cual múltiples términos de senos y cosenos se conjuguen entre si para acercarnos a la solución futura.
Entre los muchos términos que esa expansión poseería, están los factores económicos, de educación, narcotráfico, pobreza, paramilitares, guerrillas, políticos (asuntos y agentes), ciudadanos, etcétera. Términos, por ejemplo, como el de los paramilitares y el narcotráfico tienen coeficientes que son interdependientes; al igual que narcotráfico y guerrilla, o narcotráfico y política. Mi punto no es recalcar que narcotráfico está metido en todo—aunque así quizás lo sea—sino ejemplificar que la solución de algunos términos indudablemente implicará preocuparnos por los coeficientes que acompañan a otros.
Guerrilla, por ejemplo, es un término cuyo coeficiente es aun desconocido. Sabemos bien que es interdependiente de los coeficientes de los términos de problemas sociales, narcotráfico, historia política, educación, presencia estatal. Pero no tenemos un consenso de cuál sea su peso total en la ecuación. Es decir, no tenemos un consenso sobre si, encontrado el coeficiente que acompaña el término de la guerrilla, la función que compongan los términos ya conocidos, se acerque a la original que describa correctamente la problemática colombiana—y entonces tengamos una solución sino exacta al menos cercana. Algunos piensan que el coeficiente de la guerrilla es de los que más peso tienen en la ecuación, es decir, que solucionado ese estaríamos muy cerca de la solucion completa. Otros, yo entre ellos, admitimos abiertamente que su peso si bien es significativo, no lo es el más significativo.
Más allá de ello, conocer su peso aun no nos soluciona el problema de la interdependencia de su coeficiente con aquellos correspondientes a otros términos. ¿Podemos entonces hallar el coeficiente de la guerrilla sin tener en cuenta el del narcotráfico o el de la presencia del estado o el de lo social? La experiencia del proceso de paz con los paramilitares pareciera indicarnos que no; y que el efecto sería simplemente tener un resultado erróneo sobre su coeficiente. Mas aun, aproximado. ¿Qué tan aproximado? Es cuestión de opinión.
Pero esto último quizás sea algo en lo que el gobierno actual tenga buena parte de razón. Aun cuando se nos hayan colado unos cuantos o unos muchos narcos en el proceso de paz con las autodefensas, la solución aproximada de su coeficiente nos pone más cerca de la solución de lo que estábamos antes. Permite despejar otros términos que no conocíamos bien—parapolítica—y desglosamos aun más los términos del lado de la serie. Resulta entonces que si bien el coeficiente que hoy conocemos para el término paramilitar no es el correcto, y no podría serlo porque necesitaríamos encontrar otra buena cantidad de términos—los que inter-dependen de él—, es de todas formas una aproximación al correcto. Bajo esta tesis, es que tendremos que, pienso yo, tarde que temprano, regresar a la mesa de dialogo con las guerrillas. Esta aserción nos permitiría además dejar para un segundo plano el tema del formato, que muy comúnmente anteponemos al hecho mismo de si negociar o no.
Ahora bien, en que condiciones hacerlo si está buena parte del asunto. Por condiciones me refiero a cuántos otros coeficientes sería bueno resolver antes de enfrentar el coeficiente de la guerrilla de nuevo. El gobierno actual es de la consideración de que el coeficiente que acompaña el término de seguridad en la expansión es necesario para poder forzar la solución del coeficiente del término de la guerrilla. Y es un argumento valido. Otros son de la opinión de que los coeficientes que dan peso a los términos de factores sociales, de educación, de presencia del estado, son de mayor peso y relevancia para forzar la solución del coeficiente de la guerrilla. Los valores de todos estos coeficientes están lejos de ser resueltos, especialmente cuando todo parece reflejar el hecho de que el coeficiente que acompaña el término del narcotráfico parece estar presente y ser ingrediente necesario para la solución de todos los demás.
La presencia del narcotráfico no mejora la situación si reconocemos que este término no solo está presente en la ecuación del conflicto colombiano, sino que además es parte de la ecuación del conflicto global. Está entonces, en buena medida, fuera de nuestro alcance resolver su coeficiente.
Yo propongo entonces relajar (no de relajamiento y descanso, sino de flexibilizar y permitir aislar) el coeficiente del narcotráfico y lograr así una solución aproximada a otros de los coeficientes—en especial el de la guerrilla. Esto, en cierta medida y de manera práctica, no es cosa distinta que lo que ya se hizo con los paramilitares (no que yo lo aplauda, pero si que lo comprenda). En carta blanca, este relajamiento del coeficiente se traduce en permitir que se nos cuelen unos cuantos narcos en los procesos de paz, con la esperanza de identificar, registrar, y recuperar otros muchos (campesinos, pobres, muchachos sin futuro y similares), y de paso revelar hechos (masacres, crímenes, violaciones) a los cuales con los medios previos no hubiésemos tenido acceso de conocimiento. ¿Podemos hacer esto mismo con las guerrillas? ¿Cuántos son unos cuantos narcos? La experiencia actual es que resultaron ser más de los que pensábamos. Pero los muchos a su vez resultaron ser muchos más también.
Mi punto siendo que, bajo este escenario, sería entonces contradictorio el argumento de que no negociamos con narcoterroristas cuando es hecho por un gobierno y un legislativo—que no una nación entera—que ya negoció con otros narcoterroristas. Porque, no nos hagamos trampa a nosotros mismos, los paramilitares también eran narcos y también eran terroristas. La diferencia está entonces (no queriendo meterme ahora en el tema de los secuestrados, que ha sido de parte y parte) en que los paramilitares no traían a la mesa el discurso de las gallinas y los marranos que les mataron en La Uribe, sino el de quién les protegería ahora sus cabezas de ganado.
Nos queda entonces preguntarnos a nosotros mismos si estamos dispuestos a darnos la pela y sentarnos de nuevo con los guerrilleros en la mesa o no. Para mi amiga esta más o menos claro que ella no está dispuesta a darse esa pela. Al menos no cuando aun está tan viva en su memoria la obra teatral que nos montaron durante el gobierno de Pastrana. Para otros está claro que es un término en la expansión en series que bien nos caería quitarnos de encima. No porque se nos haga muy rico el asunto o porque nos parezca agradable sentarnos a comer con ellos en la misma mesa compartiendo el mercadito que con tanto trabajo hemos comprado, sino porque nos encantaría simple y llanamente poder quitar ese término de la ecuación. Yo personalmente comparto un poco de ambas y me permito ponerle otro ingrediente. Entre más invirtamos en lo social, educación, y presencia estatal, mejor será nuestra aproximación a la solución de ese coeficiente en particular.
La conveniencia final sería poder darnos cuenta, o al menos tener una verdadera aproximación sobre qué tanto pesa, de verdad, el coeficiente de la guerrilla. Quizá nos demos cuenta que a la larga, los senos y cosenos que aportan la guerrilla son componentes de alta frecuencia y simplemente son agentes de (mucho) ruido en la ecuación. O de pronto, sí sean en verdad de baja frecuencia y por ende aquellos que definen la forma general de la función.
Otra de las conveniencias es simplemente el poder anular esa incógnita—sin importar su peso. En esto, los que le han jugado al proceso con los paramilitares algo de buena razón se han llevado consigo—a la carcel. Bien que mal hoy sabemos cosas que antes no, y a futuro nuestra estructura social no reintegrará ese término en la ecuación, es decir, si mañana nos salen nuevos grupos paramilitares, ya no se llamarán igual y más trabajo les costará entrar en la solución de la serie. Entrarían en la cola de los coeficientes y se sabría que su peso es menor al estimado en un principio. Su solución pasa a ser más parte del coeficiente de orden público que uno individual y pierden plataforma política—si acaso alguna aceptamos que hayan tenido.
Por eso entonces, conviene conversar, por mucho que nos duela, con la guerrilla. Porque aun si nos metieran un buen numero de narco-goles, la sociedad, por mucho que nos cueste tragarnos ese bocado, ganaría en el mediano y largo plazo. La pregunta no debe ser entonces si negociar o no, sino a qué costo. Y decidir si preferimos invertir el valor de ese costo en el hallazgo de ese u otros coeficientes de la serie.
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