Educación… ¿Superior?
Más pronto que tarde se expandirá a todas las universidades del país el nuevo modelo de programas de estudio a cuatro años para las carreras profesionales. Mi entender es que con esta nueva modalidad, las universidades buscan igualarse a nivel internacional y dar una nueva orientación a la educación superior en Colombia. Una que le permita a los nuevos profesionales empezar a ser productivos para el país, más rápido y a una edad más temprana. Pero este modelo no llega acompañado de cambios en otros campos de la educación superior ni de los gremios o la sociedad en general. No sabremos entonces si el objetivo se cumplirá, y los efectos colaterales en la estructura productiva y de empleo no están claros.
Aunque no conozco todos los detalles respecto a como este cambio se ha ido llevando a cabo, en los últimos dos años, varias universidades del país, quizás lideradas, como no lo es extraño, por la Universidad de los Andes, han comenzado a migrar los tradicionales programas de estudio de carreras profesionales de 5 años, a programas de 4 años. Esto pone a la universidades colombianas en sintonía con sus pares internacionales, especialmente con las instituciones estadounidenses, quienes son nuestro punto de comparación más inmediato y cercano. (Hago esta distinción puesto que este cambio no necesariamente nos pone en sintonía con Europa, dado que en el viejo continente el sistema de educación superior no es homogéneo. Concretamente, los modelos de España, Francia, Alemania e Inglaterra, difieren entre si, siendo este último el más cercano al modelo norteamericano y el español al nuestro.) Viene este cambio entonces en buena hora toda vez que la globalización es una realidad (ya casi del pasado) y nuestra estructura social requiere acomodarse no solo económicamente sino también como un todo, lo que por supuesto no deja por fuera la formación de profesionales.
Sin embargo, y aquí solo me referiré al caso estadounidense pues es el que conozco de manera más cercana, tres cosas hay que poner por delante: primero, el acompañamiento de la industria en el proceso educativo; segundo, la madurez de las instituciones (privadas y publicas; educativas y productivas) en la investigación; y tercero, el complemento y las alternativas educativas a diferentes escalas de formación (de oficios, técnica, de pregrado y posgrado—profesional o de investigación).
En el sistema estadounidense no existen los semestres de practica o industria. Por el contrario, y dado que el numero de semanas del calendario académico así lo permite, lo que ocurre es que la iniciativa por involucrar a los estudiantes de pregrado viene de la industria misma y no de las instituciones educativas. La dinámica es más o menos la siguiente: en los veranos (o vacaciones de mitad de año) los estudiantes se vinculan temporalmente a las empresas en un modelo de pasantías profesionales. Un estudiante de pregrado suficientemente inquieto, fácilmente tiene acceso en la industria local o nacional para vincularse laboralmente durante este descanso en el calendario académico, y de aplicar los conceptos aprendidos. Son entonces las empresas quienes corren con la responsabilidad de complementar la educación de los estudiantes de pregrado en aspectos técnico-prácticos que no son cubiertos en los programas cortos de 4 años. A la vez que la industria cumple con este papel, aprovecha esta oportunidad como parte del proceso natural de reclutamiento de personal calificado. Las prácticas como se entienden en Colombia nacieron como una respuesta por parte de las instituciones académicas y no al contrario, como debería serlo. Los programas cortos universitarios, pueden así descargarse de una serie de cursos de carácter aplicado y se concentran más en su verdadera misión, darle a los estudiantes los conceptos teóricos que constituyen el corazón de su formación profesional. Este sistema por supuesto, favorece a los estudiantes que están en los últimos dos años de carrera, las alternativas para los estudiantes en los dos primeros son el tomar cursos de verano o vincularse durante el verano, dentro de la universidad misma, a proyectos de investigación con sus profesores.
Siempre, claro esta, queda la oportunidad de descansar durante las vacaciones de mitad de año. Pero esto último de los cursos intersemestrales y los proyectos de investigación me lleva al segundo de los factores numerados anteriormente, la madurez de nuestras instituciones educativas. De entrada digamos que esta, en Colombia, solo unas pocas la tienen. Puedo enumerar de las que sé con riesgo de dejar algunas otras por fuera, pero en mis dedos caben la Universidad Nacional (sedes Bogotá y quizás Medellín), La Universidad de Antioquia, y la Universidad de Los Andes. Por fuera de este selecto grupo, los niveles de investigación en Colombia son mínimos y además limitados, dada la falta de visión que ha tenido el estado respecto a la asignación y distribución de recursos, y dada la indiferencia del sector privado respecto al acompañamiento a la educación, puesto que ignora el potencial en beneficios que esto le permitiría recaudar. El estado quizás pueda esgrimir la excusa de que otros sectores apremian más (cosa que no comparto), pero la industria en su mayoría se ha dedicado equívocamente a la importación de conocimiento. Los efectos de esto último, ocasionando un completo desligamiento de nuestros recursos y capacidades de la actividad productiva del país. El resultado, solo para citar un caso, es la casi totalmente desindustrializada forma que tenemos de explotar los recursos agrícolas del país. La inmadurez del modelo de educación superior se ve entonces reflejada en la creación de una base profesional que no va en sintonía con las necesidades del país y por lo tanto termina contribuyendo al desazón de sus graduandos y consecuente desempleo, o en el mejor de los casos, si es que a esto se le puede decir mejor, termina generando la devaluación de la actividad profesional. Esto, en cristiano, se traduce en un ingeniero ganando el salario de un tecnólogo, el tecnólogo con el salario de un trabajador de oficios, y el de oficios sumergido en la pobreza. El que tenga una maestría ganará como profesional, y el que tenga un doctorado, emigrará, o con suerte, conseguirá una plaza de profesor en una universidad, se verá reducido a la cátedra y olvidará la investigación para la cual no contó con recursos. Lo que me lleva al último de mis enumerados, el complemento y las alternativas educativas a diferentes escalas de formación.
Recuerdo que cuando me encontraba estudiando ingeniería civil en Medellín, alrededor de 2001 ó 2002, el Politécnico anuncio que iba a eliminar sus programas técnicos y que había solicitado, con éxito, el necesario permiso del Ministerio de Educación para elevar sus programas al nivel de carreras profesionales. Como resultado, los estudiantes de tecnología en construcción pasarían a ser estudiantes de ingeniería civil. La consecuencia a largo plazo? Desconocida. No dudo en ningún momento que la calidad de la educación ofrecida en el Politécnico no fuera digna de elevar su estatus. Pero dudo sí, que el ministerio haya evaluado seriamente el como sustituir el vacío creado en el sistema. La consecuencia de el no haberlo hecho fue entonces que las opciones se redujeron a: estudiar albañilería en el SENA, o ingeniería en la Universidad Nacional, la Medellín, EAFIT o la Escuela de Ingeniería de Antioquia. Se imaginarán entonces el efecto a la vuelta de cinco años que esto tuvo en los salarios profesionales de los ingenieros. Profesionales se volvieron técnicos, y los técnicos? No se. El efecto hacia abajo, ya explicado, el efecto hacia arriba: “Mijo, estudie una especialización, porque hoy ser profesional ya no paga”. ¿Y cómo se combinan en nuestras universidad las especializaciones con las maestrías? ¿Tenemos que hacer una tesis? Ofrezcamos entonces las maestrías profesionales que son sólo de materias, y las maestrías de investigación que si requieren tesis. ¿Y en dónde se hace investigación en Colombia? Solo en unas cuantas universidades. ¿Pero para que hacer una maestría de investigación si la de solo materias me da el mismo título? Y si quiero un mejor salario, lo que le va a importar a la empresa es mi título, ya que como la industria no invierte en investigación en la universidades, desconoce por completo el valor de una maestría con una tesis resultado de investigación. El círculo sin fin ya les queda claro.
Se equivocan las universidades al proponerlo, y se equivoca el Ministerio de Educación al aprobarlo. Los programas a cuatro años no son buenos ni malos, ni mejores ni peores que los de cinco. El punto final siendo que no sólo basta con poner a la par con el mundo la duración de los programas de formación profesional. Hay que poner a la par el sistema completo. Hay que recuperar la formación de tecnólogos en el país para que la brecha entre oficios y profesiones no se agrande. Hay que ofrecer modelos completos que favorezcan a quienes comienzan tanto como a quienes terminan. Hay que darle el valor apropiado a los estudios de posgrado y las herramientas para que, especialmente las maestrías, no se conviertan en una alternativa de remembranza a los programas antiguos de cinco años. Hay que involucrar al sector productivo con la educación e impulsar la financiación de investigación con recursos privados y públicos, y con ello de paso, y más importante aun, crear los instrumentos necesarios para evitar la continuada diáspora de cerebros en Colombia.
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febrero 26, 2009 at 8:22 pm
creo que en antioquia existen muchos pobres que nesesitan o quieren estudiar en la universidad pero lo que pasa es que los presios son demaciado altos para pagarlos hasta en las univercidasdes que sipuestamente son publicas yo en 1 año si dion quiere me dirigo a la universidad de antioquia a estudiar ingieneria civil que es a lo que yo aspiro pero los presios son tam altos que escuche a mis padres que no sabea se ire por que no les da pagar algo tan caro
marzo 7, 2009 at 11:31 pm
Laura, gracias por comentar. Yo no me habia enfocado al asunto del costo, pero por supuesto que este es un factor adicional. Muchas cosas al respecto pero aqui, como comentatio corto, las que mas me preocupan. Primero, el sistema publico deberia ser en verdad: publico. En el caso ideal esto significa: gratuito; como por ejemplo se ha luchado tanto en Mexico por mantener —a todo costo— el caso de la UNAM. En el caso mas limitado esto deberia entenderse como que el costo deberia ser al menos, asumible a la escala de las entradas de una familia, no por estrato, porque eso perpetua el esquema de clases sociales que tantas dificultades nos trae, sino por un esquema efectivo que ranquee el nivel de entradas de un hogar—lo cual atenderia tu situacion primaria que es la de tantos y nos deberia doler a todos. En lo referente a lo que si trataba en el articulo y que se relaciona con el costo es que estos cambios tienden de paso a volver mas exclusivo (que no inclusivo) el estudio y por lo tanto se justifican alternativamente los altos costos. Segundo, y esto si algo a lo que me referia en mi articulo, es la oferta de alternativas validas de estudio con futuros viables laborales. El sistema educativo deberia ofrecer a personas como tu, alternativamente, programas de tecnologias o carreras medias, y el sistema laboral deberia hacer uso de el material humano emergente de estos programas con ofertas salariales que les recompense adecuadamente. Asi en Antioquia o en cualquier otra parte seria igualmente digno ser tecnico que ingeniero, todos dos los tecnicos y los ingenieros podrian tener una vida digna con una escala de ahorro a largo plazo y si, el esfuerzo fuese compensado, luego el tecnico tendria la oportunidad de poder llegar al siguiente nivel, por ejemplo, y hacerse ingeniero. Asi aunque el sistema no fuese totalmente integral, por lo menos habria alternativas de escape que permitiran a una persona con empeño y dedicacion, subir en la escala social. Me quedo sin embargo con el sinsabor de que mis ideas de hoy no puedan ayudar tus problemas de faltas de recursos para hoy y mañana. Algun dia podremos. Para eso es que estamos pensando en espacios como este.